DOI: https://doi.org/10.71112/5sknsg92
1857 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 3, 2026, julio-septiembre
En este sentido, el diálogo de saberes es uno de los principales puntos de conexión
entre las categorías que valoramos. En las tres comunidades, los saberes van pasando por
relaciones intergeneracionales, así como por prácticas comunitarias. En el pueblo Rrom están
en relación con la transmisión familiar de las costumbres, los oficios y las tradiciones; en el
Mokaná con los saberes sobre las prácticas agrícolas, medicinales o espirituales, y en la
comunidad afrodescendiente con la liturgia, la gastronomía, la lengua, y la memoria cultural.
Por ello, por tanto, el diálogo de saberes no puede entenderse solo como una estrategia
pedagógica, sino como una condición para la justicia cognitiva, ya que favorece el encuentro
entre los saberes escolares, científicos, comunitarios y ancestrales sin haber impuesto una
jerarquía previa y absoluta entre ellos.
La tercera categoría, la visibilización y la valoración de los saberes ancestrales, permite
profundizar dicha interpretación. Los resultados muestran que el reconocimiento
epistemológico, la legitimación cultural, la visibilización social y la integración curricular son
procesos necesarios para superar una inclusión simbólica. En el caso de Mokaná, se destaca
la inclusión de la lengua ancestral, la Ley de Origen, los saberes tradicionales, así como las
formas de organización, justicia y territorialidad; en el caso de la comunidad palenquera, la
lengua, la memoria histórica y los saberes que se transmiten de un modo oral; y en el caso del
pueblo Rrom, su historia, lengua, tradiciones y formas de organización comunitaria.
Esta muestra evidencia la diferencia entre inclusión y transformación curricular. La
primera puede limitarse a la incorporación de celebraciones, manifestaciones culturales o
contenidos al azar, en tanto que la transformación, implica reconocer que las comunidades
poseen saberes, relatos, lenguas, prácticas y formas de comprender el mundo que pueden
estar presentes y participar en la construcción curricular. Por eso, el liderazgo educativo
decolonial debe facilitar la legitimación epistemológica y la participación comunitaria, evitando
que la interculturalidad se traduzca en una mera incorporación de elementos culturales.