DOI: https://doi.org/10.71112/f8j6jp93
1165 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 3, 2026, julio-septiembre
Más aún, la evidencia de desempeño del ciclo completo respalda esta lectura. Durante
las 20 semanas del dispositivo en que las seis sesiones digitales estuvieron insertas, el
promedio del grupo general avanzó 26,5 puntos porcentuales entre la medición inicial y la final,
el del subgrupo neurodivergente avanzó 36,6, la participación de ese subgrupo pasó del 17 %
al 60 % y las burlas registradas en la guía de observación descendieron de 4,0 a 0,3 por
sesión. Esos avances corresponden al dispositivo completo y no pueden atribuirse en exclusiva
a la mediación tecnológica, una cautela que la sección 11 desarrolla. Lo que sí autorizan a
afirmar es que la línea operó dentro de una trayectoria de aprendizaje documentada y que los
cinco fallos de conectividad del ciclo, el total de la sesión 9 y los cuatro parciales posteriores,
no la interrumpieron en ningún punto.
La abuela también sabe matemáticas
El tercer hallazgo abrió la línea hacia la ecología de saberes. Una estudiante de
biografía campesina, al trabajar la sistematización de datos en la hoja de cálculo, declaró que
su abuela también sabe matemáticas, y explicó que el cuaderno donde la abuela registraba sus
cosechas hacía lo mismo que la pantalla. El cuaderno de cuentas y la hoja de cálculo son,
ambos, tecnologías de registro, y el currículo tradicional solo reconocía una de las dos. La
observación de la estudiante materializa el gesto que Santos (2010) nombra ecología de
saberes y que la justicia curricular reclama para la escuela (Connell, 1997), pues el saber
doméstico entró al aula con estatuto de conocimiento y no como anécdota pintoresca.
El hallazgo excede, con todo, el plano simbólico. Si se examina con los criterios de la
tecnología apropiada que gobernaron la selección del repertorio, el cuaderno de la abuela los
cumple todos, funciona sin conexión, no cuesta, se sostiene con los recursos del territorio y
cualquiera de la casa puede aprender a usarlo (Pacey, 1990). La estudiante ejecutó entonces,
sin proponérselo, la operación epistemológica que el marco teórico había anticipado, la de
reconocer que la frontera entre tecnología legítima e ilegítima es una convención curricular y no