Forma Descripción generada automáticamente
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Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias
Volumen 3, Número 2, 2026, abril-junio
DOI: https://doi.org/10.71112/pc6wk283
MIOQUINAS Y ENTRENAMIENTO DE LA FUERZA COMO ESTRATEGIA FÍSICA Y
TERAPÉUTICA PARA LOS PROCESOS DE RECUPERACIÓN NEURO-
MUSCULOESQUELÉTICOS EN POST OPERATORIO DE LIGAMENTO CRUZADO
ANTERIOR
MYOKINES AND STRENGTH TRAINING AS A PHYSICAL AND THERAPEUTIC
STRATEGY FOR NEURO-MUSCULOSKELETAL RECOVERY PROCESSES IN
POST-OPERATIVE ANTERIOR CRUCIATE LIGAMENT SURGERY
Tony Alexander García Carballo
Venezuela
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Mioquinas y entrenamiento de la fuerza como estrategia física y terapéutica para
los procesos de recuperación neuro-musculoesqueléticos en post operatorio de
ligamento cruzado anterior
Myokines and strength training as a physical and therapeutic strategy for neuro-
musculoskeletal recovery processes in post-operative anterior cruciate ligament
surgery
Tony Alexander García Carballo
a
,*
ftonygarciaven@gmail.com
https://orcid.org/0009-0003-3180-1310
Venezuela
*Autor de correspondencia: ftonygarciaven@gmail.com,
a
Investigador independiente,
Venezuela.
RESUMEN
El artículo analiza el papel de las mioquinas y del entrenamiento de la fuerza como estrategias
físicas y terapéuticas en los procesos de recuperación neuro-musculoesquelética posteriores a
la reconstrucción del ligamento cruzado anterior. Se aborda la lesión del LCA desde sus bases
anatómicas, biomecánicas y neurofisiológicas, destacando las alteraciones de fuerza,
propiocepción, control motor e inhibición muscular que suelen presentarse tras la cirugía.
Asimismo, se explica la importancia del proceso de ligamentizacion, la recuperación del injerto
y la necesidad de protocolos de rehabilitación progresivos, individualizados y supervisados. El
texto enfatiza que la contracción muscular vigorosa favorece la liberación de mioquinas,
moléculas con efectos antiinflamatorios, metabólicos, regenerativos y neuro protectores. En
conjunto, se sostiene que el entrenamiento de fuerza, especialmente con una adecuada
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combinación de contracciones y ejercicios funcionales, puede optimizar la recuperación, reducir
la atrofia muscular y favorecer el retorno seguro a la actividad física.
Palabras clave: Mioquina; entrenamiento de la fuerza; ligamento cruzado anterior; neuro
músculo esquelético
ABSTRACT
This article analyzes the role of myokines and strength training as physical and therapeutic
strategies in neuro-musculoskeletal recovery after anterior cruciate ligament reconstruction. The
review addresses ACL injury from anatomical, biomechanical, and neurophysiological
perspectives, emphasizing the strength deficits, proprioceptive alterations, motor control
impairments, and arthrogenic muscle inhibition commonly observed after surgery. It also
discusses graft healing, ligamentization, and the need for progressive, individualized, and
professionally supervised rehabilitation protocols. The article highlights that vigorous muscle
contraction promotes the release of myokines, bioactive molecules with anti-inflammatory,
metabolic, regenerative, angiogenic, and neuroprotective effects. These mechanisms may
contribute to tissue repair, muscle hypertrophy, neuromuscular adaptation, and functional
recovery. Overall, the manuscript supports the relevance of strength training, particularly
through an appropriate combination of contraction modes and functional exercises, as a key
component for reducing quadriceps atrophy, improving knee stability, optimizing rehabilitation
outcomes, and facilitating a safer return to physical activity and sport.
Keywords: Myokines; strength training; anterior cruciate ligament; neuromusculoskeletal
Recibido: 20 mayo 2026 | Aceptado: 9 junio 2026 | Publicado: 10 junio 2026
DOI: https://doi.org/10.71112/pc6wk283
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INTRODUCCIÓN
La lesión en el ligamento cruzado anterior (LCA) es una de las lesiones más comunes
de ligamentos de la rodilla evaluadas por los profesionales de la medicina deportiva. Se
estiman aproximadamente 250.000 desgarros de LCA y se realizan 100.000 reconstrucciones
anualmente en los Estados Unidos (Griffin, et al., 2006).
La incidencia de lesiones del LCA varía según la región y los grupos de población. En
Venezuela, no hay estadísticas específicas ampliamente reportadas sobre la frecuencia exacta
de estas lesiones ni el número de cirugías realizadas anualmente. Sin embargo, a nivel global
las lesiones del LCA son comunes entre los atletas que participan en deportes de alta demanda
física, como fútbol, baloncesto, gimnasia, y otras disciplinas; con tasas de incidencia que
oscilan entre 30 y 78 casos por 100,000 personas al año, dependiendo de la actividad y la
población estudiada.
La literatura de forma general destaca que las lesiones del LCA suelen ocurrir por
movimientos de desaceleración, cambios de dirección bruscos o caídas incorrectas. Su
tratamiento incluye cirugía reconstructiva en muchos casos, especialmente en pacientes
jóvenes o deportistas que desean retornar a la actividad de alto rendimiento. En los Estados
Unidos, por ejemplo, las lesiones son más comunes en personas jóvenes y activas,
especialmente en niñas que participan en deportes como el fútbol o el baloncesto, donde se
requiere saltar, pivotar y cambiar de dirección (Boden, et al., 2000).
La lesión del LCA está asociada con posibles complicaciones a largo plazo, incluyendo
inestabilidad crónica de la rodilla, desgarros del menisco, lesión en el cartílago y desarrollo de
osteoartritis (OA). Aproximadamente el 50% de los pacientes lesionados por el LCA tendrán
evidencia de OA asociada con dolor y deterioro funcional dentro de los 10-20 años posteriores
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a la lesión original, independientemente del tratamiento quirúrgico o conservador (Zebis, et al.,
2009). Además, después de la reconstrucción del LCA, menos del 50% de los pacientes
volverán a los deportes dentro de 1 año, menos del 65 % volverán dentro de 2 años, el 24%
cambiará de deporte y el 11% dejará de hacer deporte (Gobbi & Francisco, 2006; Hewett, et al.,
2013).
El LCA es una estructura colágena que se origina en la pared medial del cóndilo
femoral lateral y se cruza antero mediamente a su inserción en el aspecto anterior de la
superficie articular tibial, específicamente en el medio del área intercondilar (Acevedo, et al.,
2014). Este contribuye significativamente a la estabilización y cinemática de la articulación
femorotibial. El origen femoral es ovalado y se encuentra en el aspecto posterior del cóndilo
femoral lateral. Por lo tanto, es difícil visualizar el origen femoral artroscópicamente. Esta podría
ser una de las razones del mal posicionamiento anterior del túnel óseo femoral durante la
reconstrucción del ligamento cruzado anterior.
La posición del origen femoral está detrás del centro de rotación de la articulación de
la rodilla, por lo tanto, se tensa cuando esta se extiende. La inserción tibial es ovalada y su
centro está casi en la mitad de la meseta tibial. Los puntos de referencia definidos para la
colocación del túnel tibial en la reconstrucción del ligamento cruzado anterior son la distancia
entre el punto de inserción central en el piso intercondilar, el ligamento cruzado posterior (7-8
mm) y el cuerno anterior del menisco lateral. Las fibras anteromediales están tensas durante un
mayor rango de movimiento que las fibras posterolaterales. La parte principal del ligamento
cruzado anterior consiste en tejido conectivo denso positivo para colágeno tipo I. Las fibrillas
longitudinales de colágeno tipo I se dividen en pequeños haces por finas fibrillas positivas al
colágeno de tipo III. En el tercio distal, la composición del tejido varía de la forma estructural
típica de un ligamento. En esta región, la estructura del tejido se asemeja al fibrocartílago. Las
células de forma ovalada rodeadas por una matriz extracelular metacromática se encuentran
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entre las fibrillas de colágeno longitudinales. El origen femoral y la inserción tibial tienen la
estructura de una entesis apofisaria condral. Cerca de la región de anclaje en el fémur y la tibia,
debe haber varios mecanorreceptores, que podrían tener una función importante para la
cinemática de la articulación de la rodilla (Petersen & Tillmann, 2002).
Las fuerzas transmitidas a través del LCA varían con la posición de la articulación de
la rodilla. Se ha demostrado que las fuerzas del LCA son más altas en los últimos 30° de
extensión e hiperextensión y bajo varias condiciones pasivas como la traslación tibial anterior,
la rotación interna y el estrés valgo, así como que las fuerzas transmitidas a través de cada haz
individual eran mayores a 60° y 90° (grados) de flexión para el haz AM, y a extensión completa
para el haz PL. El suministro de sangre al LCA es proporcionado principalmente por la arteria
genicular media, una rama de la arteria poplítea (Acevedo, et al., 2014). El ligamento está
cubierto por un pliegue sinovial donde las ramas terminales del medio y la arteria geniculada
inferior forman una red periligamentosa.
Desde la vaina sinovial, los vasos sanguíneos penetran en el ligamento en dirección
horizontal y anastomosa con una red intraligamentosa orientada longitudinalmente. La
distribución de los vasos sanguíneos dentro del ligamento cruzado anterior no es homogénea
ya que detectan tres áreas avasculares dentro de la estructura ligamentaria; ambas entesis
fibrocartilaginosas del ligamento cruzado anterior carecen de vasos sanguíneos. Una tercera
zona avascular se encuentra en la zona distal del fibrocartílago adyacente al techo de la fosa
intercondilar (Petersen & Tillmann, 2002). La inervación proviene del nervio articular posterior,
una rama del nervio tibial en la fosa poplítea, que suministra mecanorreceptores y
nociceptores, que pueden desempeñar un papel importante en la propiocepción de la rodilla
(Acevedo, et al., 2014).
Se trata de una estructura intraarticular pero extracapsular con una capacidad de
curación limitada (el LCA está dentro de la cápsula articular, pero no está en contacto con el
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líquido sinovial, por lo que se clasifica como intraarticular pero extracapsular en términos
anatómicos y funcionales). Principalmente funciona como un estabilizador estático de la rodilla
al resistir la hiperextensión, la traslación tibial anterior y los movimientos rotatorios. En segundo
lugar, resiste los movimientos de varo y valgo en todos los grados de flexión. Consta de dos
haces funcionales: el anteromedial (AM) y el posterolateral (PL) basados en sus sitios de
inserción tibial. El ligamento cruzado anterior consiste en múltiples haces de fibra pequeños.
Desde un punto de vista funcional, se pueden diferenciar los haces de fibra anteromedial y
posterolateral (Acevedo, et al., 2014). Además, el LCA también juega un papel con respecto a
la estabilización contra cargas rotatorias (Amis & Dawkins, 1991; Petersen & Zantop, 2006). El
cajón tibial anterior normalmente va acompañado de una rotación tibial acoplada. En la rodilla
con deficiencia de LCA, el eje de rotación se desplaza medialmente, y la rotación interna tibial
causa una traslación tibial anterior acoplada que magnifica la subluxación de la meseta tibial
(Gabriel, et al., 2004).
RESULTADOS
Reparación vs reconstrucción del ligamento cruzado anterior
Feagin y Curl fueron los primeros en presentar los resultados de la reparación abierta
en 1972 y notaron buenos resultados en el seguimiento a corto plazo de los pacientes con
lesión del LCA (Feagin, et al., 1972). Sin embargo, unos años más tarde, en 1976, notaron un
deterioro de los resultados en el seguimiento a mitad de plazo en su cohorte (Nixon, 1980).
Del mismo modo, varios otros cirujanos e investigadores notaron hallazgos
satisfactorios a corto plazo (Cabitza, et al., 1978; Marcacci, et al., 1985; Marshall, et al., 1982;
Nixon, 1980; Sherman & Bonamo, 1988; Warren, 1983), pero decepcionantes a mediano plazo.
Con estos resultados decepcionantes y los resultados prometedores de la reconstrucción del
LCA, se iniciaron varios estudios prospectivos (aleatorizados) en la década de 1980
comparando la reparación abierta del LCA con la reconstrucción abierta del LCA (Engebretsen,
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et al., 1989; Jonsson, et al., 1990; Kaplan, et al., 1990; Odensten, et al., 1984; Sherman, et al.,
1991).
Estos estudios prospectivos observaron resultados más confiables con la
reconstrucción del LCA en comparación con la reparación del LCA, lo que finalmente llevó a un
abandono de la reparación abierta del LCA y al estándar de oro actual de la reconstrucción del
LCA para todos los pacientes (Van der List & DiFelice, 2017a).
Al revisar críticamente la literatura histórica, y teniendo en cuenta estos hallazgos, se
puede observar que los resultados de la reparación abierta de los desgarros proximales del
LCA fueron realmente mejores. Una revisión sistemática reciente de todos los estudios
históricos sobre la reparación abierta señaló que los resultados en los desgarros proximales del
LCA mostraron entre un 83 y un 90 % de estabilidad clínica, un 80 % de retorno a los deportes,
un 79 % de puntuación de Lysholm de bueno a excelente y un 86 % de satisfacción en 539
pacientes en 11 estudios (Van der List & DiFelice, 2017). Estos datos indican que la reparación
del LCA puede haber sido abandonada prematuramente para todos los tipos de desgarros y tal
vez pueda ser una buena opción de tratamiento para pacientes con desgarros proximales.
Además, se puede esperar que los resultados de la reparación del LCA mejoren cuando se
beneficien del desarrollo moderno, como la artroscopia (en lugar de la reparación abierta) y la
rehabilitación moderna (en lugar de inmovilización).
La razón detrás de los mejores resultados de la reparación del LCA, en comparacion
de los desgarros proximales y en los desgarros de la sustancia media es que hay una mejor
vascularidad en el extremo proximal del ligamento (Toy, et al., 1995). La causa de la búsqueda
continua de la reparación como tratamiento de las lesiones del LCA también se puede explicar
por las posibles ventajas de la reparación sobre la reconstrucción. Con la reparación del LCA,
el tejido nativo se puede preservar junto con la propiocepción, que puede proporcionar a los
pacientes una sensación más normal de la rodilla en comparación con la reconstrucción del
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LCA (Behrend, et al., 2017; Vermeijden, et al., 2020). Además, la reparación del LCA es una
cirugía menos invasiva en comparación con la reconstrucción del LCA, ya que no es necesario
perforar túneles (o solo pequeños) y no es necesario extraer tejidos de injerto, lo que lleva a
una menor morbilidad quirúrgica (Adachi, et al., 2002; Gao, et al., 2016; Murray, 2009; Murray,
et al., 2020), retorno más rápido del rango de movimiento y menos complicaciones (Van der
List & DiFelice, 2017; Van der List, et al., 2021). Sin embargo, las discrepancias acerca de si se
debe reparar o restaurar aun requieren estudios más amplios, pues existen diferencias de
criterios entre los cirujanos de rodilla.
Mecanismos de lesión de referencia
Un mecanismo sin contacto de lesión del LCA ocurre en entre el 70% y el 80% de los
casos. Estas lesiones ocurren con mayor frecuencia al aterrizar desde un salto, mientras corta
o con una desaceleración repentina (Boden, et al., 2000). Uno de los mecanismos más
comúnmente descritos en las niñas implica aterrizar con una cadera y rodilla extendidas, la
rodilla está en el valgo, rotación interna de la tibia y un pie pronado, en la llamada "posición de
no retorno". Además, Hewett y Myer propusieron el mecanismo de las lesiones del LCA sin
contacto en las niñas, que también incluye un control deficiente del tronco, el movimiento lateral
del tronco con el cuerpo desplazado sobre la pierna que soporta peso asociado con el
momento de abducción de la rodilla alta y el colapso medial de la rodilla como componentes
esenciales.
Por otro lado, se ha descrito un mecanismo diferente sin contacto en esquiadores
alpinos que implica rotación tibial interna con una rodilla completamente extendida o una rodilla
flexionada más allá de 90°. Mientras tanto, las lesiones de contacto (traumáticas) se asocian
con frecuencia con un estrés de valgo forzoso y lesión concomitante en el menisco medial y el
ligamento colateral medial (Acevedo, et al., 2014; Boden, et al., 2000).
Factores de lesión del LCA
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La base fundamental para la investigación sobre la prevención de traumatismos de
rodilla es que las lesiones no son eventos aleatorios; en cambio, ocurren en patrones que
reflejan las causas subyacentes. Comprender las causas subyacentes, o los factores de riesgo
de una de las lesiones de rodilla más graves relacionadas con el deporte, es importante para el
desarrollo de estrategias de intervención y para identificar a aquellos con mayor riesgo de
lesión. Los factores de riesgo para la lesión del LCA se han clasificado en internos o externos a
un individuo. Los factores de riesgo externos incluyen el tipo de competencia, el calzado y la
superficie, y las condiciones ambientales. Los factores de riesgo internos incluyen riesgos
anatómicos, hormonales y neuromusculares.
Factores de riesgo externos
Competencia versus práctica en un deporte o actividad. Se sabe muy poco sobre el
efecto del tipo de competencia en el riesgo de que un atleta sufra una lesión del LCA.
Myklebust en un estudio, informó que los atletas tienen un mayor riesgo de sufrir una lesión del
LCA durante un partido que durante la práctica. Este hallazgo introduce la hipótesis de que el
nivel de competencia, la forma en que un atleta compite, o una combinación de ambos
aumenta el riesgo de un atleta de sufrir una lesión del LCA (Burnham & Wright, 2017). Otro
factor importante que ayuda a entender mejor la posibilidad de lesión del LCA, recae
precisamente en la fuerza máxima, la cual es la capacidad del sistema neuromuscular para
generar la mayor cantidad de fuerza posible durante una contracción voluntaria máxima, siendo
un componente esencial de la funcionalidad muscular. Es utilizada en actividades que
requieren altos niveles de esfuerzo en un solo intento, como levantar pesos máximos, empujar
objetos pesados o desplegar habilidades físicas específicas con alto margen de intensidad
(García T., 2024). Es importante destacar que una persona no entrenada, en condiciones
involuntarias o hipnóticas, puede incrementar el nivel de fuerza hasta un 35%, pero menos de
10% en deportistas entrenados (Zatsiorski, 1995). Encontramos entonces que la diferencia
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entre la fuerza máxima de competencia o CFMAX y la fuerza máxima de entrenamiento o
TFMAX es de aproximadamente un 12,5% mayor en las actividades competitivas, lo que
concuerda a su vez, con la posibilidad de tener un mayor riesgo de lesión que en las prácticas
deportivas, ya que los niveles de producción de fuerza son considerablemente mayores (García
T., 2024).
Calzado y superficie de juego. Aunque aumentar el coeficiente de fricción entre el
zapato deportivo y la superficie de juego puede mejorar la tracción y el rendimiento deportivo,
también tiene el potencial de aumentar el riesgo de lesiones en el LCA. Algunos autores
encontraron que el riesgo de sufrir una lesión del LCA es mayor en los atletas de fútbol que
tienen botas con un mayor número de tacos y una resistencia torsional más alta asociada en la
interfaz pie-tierra. De igual modo, se ha informado que el riesgo de sufrir una lesión del LCA es
mayor en las atletas de balonmano de equipo que compiten en suelos artificiales que tienen
una mayor resistencia a la torsión en la interfaz pie-suelo que en aquellos que compiten en
pisos de madera (Burnham & Wright, 2017).
Equipo de protección. El refuerzo funcional parece proteger la rodilla deficiente en el
LCA de los esquiadores alpinos de lesiones repetidas; sin embargo, el efecto de estas
abrazaderas en un injerto de LCA no es concluyente y requiere más estudio. El Dr. Kocher,
estudió a los esquiadores profesionales con rodillas deficientes en el LCA y encontró un mayor
riesgo de lesión en la rodilla en aquellos que no llevaban un refuerzo funcional que en aquellos
que sí usaban un aparato ortopédico (cociente de riesgo 6,4) (Burnham & Wright, 2017).
Condiciones meteorológicas. Para los deportes que se practican en césped natural o
artificial, la interfaz mecánica entre el pie y la superficie de juego depende en gran medida de
las condiciones meteorológicas. Sin embargo, se sabe muy poco sobre el efecto de estas
variables en el riesgo de un atleta de sufrir una lesión del LCA. Orchard et al. (citado por
Burnham & Wright, 2017) informaron que las lesiones del LCA no por contacto sufridas durante
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el fútbol australiano eran más comunes durante los períodos de baja lluvia y alta evaporación.
Este trabajo introduce la hipótesis de que las condiciones meteorológicas tienen un efecto
directo en la interfaz mecánica (o tracción) entre el zapato y la superficie de juego, y esto a su
vez tiene un efecto directo en la probabilidad de que un atleta sufra una lesión del LCA. Poco
se sabe sobre el efecto de la edad, el atletismo, el nivel de habilidad, las características
psicológicas y la lesión previa en la rodilla como factores de riesgo para la lesión del LCA. Por
ejemplo, casi todo lo que se sabe sobre la tasa de incidencia de lesiones del LCA en deportes
específicos proviene de estudios realizados en atletas precolegiales (escuelas secundarias) y
universitarios. Hay muy pocos datos sobre la incidencia de interrupciones del LCA en sujetos
que son más jóvenes o mayores que este grupo de edad estrecho y, en consecuencia, no se
entiende bien el efecto de la edad en la probabilidad de sufrir un desgarro del LCA (Burnham &
Wright, 2017).
Factores de riesgo interno
Factores de riesgo anatómicos. La postura anormal y la alineación de las
extremidades inferiores (por ejemplo, cadera, rodilla y tobillo) pueden predisponer a un
individuo a una lesión del LCA al contribuir a aumentar los valores de tensión del LCA. Por lo
tanto, se debe considerar la alineación de toda la extremidad inferior al evaluar los factores de
riesgo de lesión. Desafortunadamente, muy pocos estudios han abordado la alineación de toda
la extremidad inferior y han determinado cómo se relaciona con el riesgo de lesión del LCA. La
mayor parte de lo que se sabe proviene de investigaciones de medidas anatómicas específicas
(Griffin, et al., 2006).
Tamaño de la muesca y geometría del LCA. Las dimensiones de la muesca
intercondilar han sido la característica anatómica más discutida en la literatura publicada en
relación con las lesiones agudas del LCA. Las diferencias geométricas en el tamaño y la forma
del LCA no han sido adecuadamente caracterizadas. En general, los estudios sobre la
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geometría de la LCA y las dimensiones de la muesca son difíciles de interpretar debido a la
falta de métodos estandarizados para obtener los datos. A pesar del número de métodos para
medir la muesca, la medida del ancho de la muesca de las rodillas bilaterales con lesión del
LCA es más pequeña que la de las rodillas unilaterales con lesión del LCA, y los anchos de la
muesca de las rodillas bilaterales y unilaterales con lesión del LCA son más pequeños que los
anchos de muesca de los controles normales. Esto implica una fuerte asociación entre el ancho
de la muesca y la lesión del LCA (Griffin, et al., 2006).
Factores de riesgo hormonal. Estos factores se relacionan fundamentalmente con:
• Estructura y propiedades mecánicas del LCA: Los estudios indican que las mujeres
tienen LCA más pequeños que pueden tener una menor rigidez lineal de tracción. Se
caracterizan por menos alargamiento en el fallo y menor absorción de energía y carga que los
hombres (Chandrashekar, et al., 2005; Chandrashekar, et al., 2006). Estas diferencias no se
explican completamente por las características dimensionales. A nivel s macroscópico, las
mujeres también tienen una mayor laxitud articular tibio femoral (es decir, laxitud anterior de la
rodilla/recurvato genético) y resistencia articular inferior a la traducción y rotación (Granata, et
al., 2002; Wojtys, et al., 2002). Estas diferencias no se limitan al plano sagital, sino que también
se reflejan en el movimiento frontal y transversal del plano. Se han realizado estudios sobre el
potencial de las hormonas sexuales para afectar la estructura, el metabolismo y las
propiedades mecánicas del LCA (Liu, et al., 1996).
• Lesión del LCA y el ciclo menstrual: Parece haber un consenso que emerge de la
literatura de que la probabilidad de incurrir en una lesión del LCA no permanece constante
durante el ciclo menstrual, con un riesgo significativamente mayor durante la fase preovulatoria
que durante la fase postovulatoria (Renstrom, et al., 2008). El trabajo inicial de Wojtys (1998)
utilizó datos de historia menstrual autoinformados para caracterizar el estado menstrual de un
sujeto en el momento de la lesión y demostró una prevalencia significativamente mayor de
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lesiones del LCA sin contacto entre las mujeres atletas durante la fase preovulatoria del ciclo
menstrual. En un estudio posterior realizado por el mismo grupo, se utilizaron niveles urinarios
de estrógeno, progesterona y metabolitos de la hormona luteinizante para caracterizar el
estado menstrual de un sujeto en el momento de la lesión. Esto confirmó que ocurrieron
significativamente más lesiones del LCA durante los días 9-14 de un ciclo de 28 días con
menos lesiones de lo esperado durante la fase postovulatoria (definida como el día 15 hasta el
final del ciclo (Wojtys, et al., 2002). También se encontró que las atletas femeninas tenían un
mayor riesgo de sufrir una lesión del LCA durante la fase preovulatoria de su ciclo menstrual en
comparación con la fase postovulatoria (Arendt, 2007). Slauterbeck, también informa de un
número desproporcionadamente mayor de lesiones del LCA durante la fase preovulatoria del
ciclo menstrual, con menos lesiones a medida que avanzaba el ciclo. Una comparación entre
investigaciones reveló una sorprendente similitud. En el estudio de esquiadores alpinos
recreativos, el 74% de las mujeres con lesiones del LCA estaban en la fase preovulatoria de su
ciclo menstrual y el 26% estaban en la fase postovulatoria. Del mismo modo, Wojtys encontro
que el 72,5% de las mujeres que no usaban anticonceptivos orales experimentaron lesiones del
LCA durante la fase preovulatoria de su ciclo menstrual en comparación con el 27,5% durante
la fase postovulatoria (Wojtys, et al., 2002).
Por el contrario, Myklebust (2003) estudió a las jugadoras competitivas de balonmano
del equipo europeo durante 3 años y encontraron un mayor riesgo de lesión del LCA durante la
semana anterior o justo después del inicio de la menstruación. El efecto estabilizador de los
anticonceptivos orales en el perfil hormonal femenino y nuestra comprensión de su impacto
final (tanto agudo como crónico) en el comportamiento, la lesión o el rendimiento de los tejidos
blandos aún no se han definido. Es importante considerar que el tipo y la dosis varían
ampliamente entre los anticonceptivos orales, y se deben tener en cuenta tanto los niveles
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endógenos como los exógenos. No hay evidencia concluyente de que los anticonceptivos
orales tengan un efecto protector específicamente contra la lesión del LCA.
También se ha encontrado en diferentes estudios que las mujeres tenían una relación
de fuerza entre los isquiotibiales y los cuádriceps más baja que los hombres, lo que podría ser
también una incidencia a riesgo de dicha lesión (Hewett, et al., 1996). Huston y Wojyts (1997)
señalaron que las atletas femeninas tardaron más que los hombres en generar el máximo
esfuerzo miotendinoso de los isquiotibiales durante las pruebas isocinéticas, pero no está claro
si esto contribuye a la mayor tasa de lesiones del LCA entre las mujeres. También señalaron
que los hombres tienen momentos de flexión alrededor de la rodilla que son tres veces
mayores que los de las mujeres durante el salto (Hewett, et al., 1996). Además, las lesiones del
LCA se redujeron disminuyendo el brazo del momento de aducción/abducción y mejorando la
relación entre los isquiotibiales y los cuádriceps mediante un programa de entrenamiento de
salto (Hewett, et al., 1982).
Varios estudios han investigado la laxitud articular como un posible factor relacionado
con la mayor incidencia de lesiones del LCA en mujeres. Haycock y Gillette (1975) sugirieron
que la mayor tasa de lesiones del LCA en las mujeres puede deberse a su mayor flexibilidad y
laxitud ligamentosa. Se ha demostrado que las mujeres son significativamente más flexibles y
tienen una mayor laxitud articular en comparación con los hombres (Arnold, et al., 1999; Huston
y Wojyts, 1997). Aunque algunos autores han documentado una relación entre la laxitud
articular y la lesión del LCA (Nicholas, 1970), otros no han podido demostrar esta relación
(Weesner, et al., 1986). También se ha prestado mucha atención al ángulo más alto del
cuádriceps (ángulo Q) en las mujeres como una causa potencial de mayores tasas de ruptura
del LCA. El ángulo Q suele ser de 10 grados en los hombres y de 15 grados en las mujeres. Un
ángulo Q más grande en las mujeres puede predisponer la rodilla a mayores tensiones
biomecánicas, aumentando así potencialmente la probabilidad de una ruptura del LCA (Huston
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2670 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
& Wojyts, 1997). Sin embargo, al igual que con otras “teorías”, no hay evidencia concluyente
disponible para apoyar esta hipótesis. Los niveles hormonales deben considerarse como otro
posible factor contribuyente. Las mujeres poseen un ciclo hormonal único, durante el cual los
niveles hormonales cambian drásticamente durante un período de 28 días. La fase folicular (día
1-9) se caracteriza por niveles bajos de estrógeno y progesterona. Un aumento a mitad de ciclo
en el estrógeno precede a la ovulación (día 10-14). En la etapa final, la fase lútea (día 15-28),
los niveles de progesterona y relaxina aumentan. Se sabe que el estrógeno y la relaxina
afectan al tejido alejado del sistema reproductivo. Estas hormonas pueden afectar el
crecimiento y desarrollo de los huesos, el sculo y el tejido conectivo (Liu, et al., 1997). Liu et
al. (1996) informaron de la presencia de receptores de estrógeno y progesterona en el LCA. Del
mismo modo, Harris et al. (2000) también encontraron receptores de relaxina en el LCA. Estos
estudios sugieren que las variaciones en los niveles hormonales pueden tener un efecto directo
en la predisposición a la ruptura del LCA.
Se sabe que el estrógeno afecta la función muscular, por ejemplo, se ha observado
que disminuye la síntesis de colágeno en el tejido periodontal de rata (Dyer, et al., 1980).
Cuando se administra estrógeno a ratas oforectomizadas, el resultado es una reducción de la
fuerza a la falla ligamentaria (Slauterbeck, et al., 1997). Liu et al. (1996) investigaron los efectos
del 17-beta-estradiol en la proliferación de fibroblastos del LCA de conejo y la síntesis de
colágeno in vitro, señalando una disminución de la proliferación de fibroblastos y la síntesis de
colágeno con una mayor exposición al estradiol. Concluyeron que las fluctuaciones
acumulativas o repentinas en la concentración de estrógeno, como se ve en el ciclo menstrual,
pueden inducir cambios en los fibroblastos del LCA, lo que resulta en cambios estructurales y
de composición que podrían debilitar el LCA haciéndolos más susceptibles a las lesiones.
La relaxina es una hormona similar a la insulina cuya función principal es causar
remodelación del colágeno sobre todo en mujeres embarazadas. Estos cambios resultan en el
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2671 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
alargamiento del ligamento intrapúbico, el ablandamiento del canal de parto, la inhibición de la
contracción uterina y la estimulación de la glándula mamaria. Se ha planteado que la relaxina
afecta a los tejidos conectivos fuera del sistema reproductivo. En mujeres no embarazadas, la
relaxina es producida por el cuerpo lúteo, con un aumento ximo de 6-9 días después de la
oleada lútea. Los efectos precisos de la relaxina en la fisiología de los tejidos blandos no están
claros en la actualidad. Se ha propuesto que la relaxina tenga un papel en la degradación del
colágeno, así como en la inhibición de la síntesis de colágeno tanto en mujeres embarazadas
como en mujeres no embarazadas (Unemori, et al., 1993). Varios autores han señalado que los
niveles de relaxina sérica pueden tener efectos acumulativos en los tejidos blandos como el
LCA, causando un aumento de la laxitud articular (Calguneri, et al., 1982).
La laxitud articular observada durante el embarazo está presente en articulaciones
distintas de la pelvis. Calguneri et al. (1982) sugirió que la exposición prolongada a la relaxina,
como se ve en el embarazo, puede tener efectos acumulativos en los ligamentos que causan
una mayor laxitud con la exposición prolongada. Es concebible que la relaxina pueda causar
una mayor laxitud de la rodilla en ciertas mujeres con concentraciones séricas más altas y,
posteriormente, podría ponerlas en mayor riesgo de ruptura del LCA. El LCA femenino contiene
receptores para estrógeno, progesterona, relaxina y testosterona, y junto con la complejidad del
ciclo hormonal, los autores también señalaron que los análisis hormonales de un solo punto de
tiempo no eran representativos. Además, dos estudios encontraron que, en los hombres, sus
niveles naturalmente más altos de testosterona tienen un efecto protector sobre el LCA, al
regular a la baja la actividad colagenolítica (Freeman, et al., 2014; Henmi, et al., 2001). Stijak et
al. (2015) han demostrado que una mayor concentración de testosterona podría actuar de
forma protectora para las lesiones del LCA en mujeres. Curiosamente, Lovering y Romani
(2005) demostraron la presencia de receptores andrógenos en el LCA femenino. De hecho, la
testosterona, que juega un papel en la remodelación del tejido conectivo, está influenciada por
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2672 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
la presencia de otras hormonas. Un aumento en los niveles de globulina de unión a hormonas
sexuales (SHBG) se asocia con una disminución de los niveles de testosterona. Sin embargo,
el estrógeno y la testosterona tienen una relación antagónica. Las tasas más altas de
testosterona libre se han correlacionado con un aumento en la rigidez del LCA durante la fase
ovulatoria (Lovering & Romani, 2005). También se ha observado un aumento en la fatiga
mental durante la fase lútea (Nillni, et al., 2011), lo que podría contribuir a ciertas lesiones, en
particular el LCA, según varios estudios (Orio, et al., 2013).
Estudios biomecánicos
Estudios recientes han demostrado constantemente que las fuerzas predominantes
que afectan la tensión en el LCA son las fuerzas de cizallamiento anterior aplicadas a la tibia
(ya sea desde fuentes externas, o a través de mecanismos internos). Las contribuciones
importantes a los valores de tensión del LCA provienen de las fuerzas aplicadas en los planos
coronales y transversales de la rodilla. Los datos biomecánicos han venido de estudios
cadavéricos de rodillas, disnómetros colocados in vivo en el momento de la cirugía y de
modelos analíticos.
Los estudios cadavéricos muestran que las fuerzas de corte dirigidas hacia el anterior
crean la mayor tensión en el LCA con algún aumento adicional de los momentos de rotación
interna del valgo (Arms, et al., 1984; Markolf, et al., 1978). El torque del valgo por sí solo crea
una tensión del LCA solo después de una lesión significativa en el ligamento colateral medial.
Curiosamente, la lesión completa del ligamento colateral medial era necesaria antes de una
lesión significativa en el LCA debido a los pares de valgo aplicados de forma aislada
(Mazzocca, et al., 2003). Con la rodilla casi completamente extendida, la contracción del
músculo cuádriceps, y la fuerza resultante desarrollada en el tendón rotuliano, produce una
fuerza de cizallado dirigida hacia anterior en el aspecto proximal de la tibia que tensa el LCA.
Los valores de la tensión del LCA son proporcionales a la magnitud de la fuerza en el tendón
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2673 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
rotuliano y al ángulo de flexión de la rodilla. El tendón rotuliano forma un ángulo con la tibia y su
orientación geométrica es capaz de producir una tensión del LCA cuando la rodilla está cerca
de la extensión. Una carga impulsiva aplicada al tendón rotuliano con la rodilla en ligera flexión
tiene el potencial de crear una lesión en el LCA (DeMorat, et al., 2004). La aplicación de la
fuerza del tendón rotuliano por sí sola podría causar suficiente tensión del LCA para alterarlo
significativamente y aumentar la laxitud anterior de la rodilla (Withrow, et al., 2006). Los
ejercicios que incluyen la contracción del cuádriceps en aislamiento con la rodilla casi la
extendida producen altos valores de tensión del LCA, mientras que las contracciones de los
músculos de los isquiotibiales en combinación con la contracción de los músculos del
cuádriceps dominante reducen los valores de tensión del LCA en comparación con la
contracción del grupo muscular del cuádriceps en aislamiento (Renstrom, et al., 2008).
Análisis cinemático
El análisis cinemático de los estudiantes universitarios atléticos reveló varias
diferencias en el movimiento durante la carrera, el corte de paso lateral y el corte cruzado. Las
mujeres aterrizaron con menos flexión de rodilla y mantuvieron una rodilla más recta durante
toda la fase de postura. Además de la flexión, las mujeres mostraron más valgo durante toda la
fase de postura. Cabe señalar que la flexión ocurre en la propia rodilla, mientras que el valgo
visto en el plano coronal no podría haber venido completamente de la rotación de la tibia
alrededor de un fémur estacionario en el plano coronal, sino que incluye la rotación interna y
externa de la cadera combinada con la flexión de la rodilla. El disparo muscular se evaluó
mediante electromiografía (EMG). El EMG del cuádriceps fue más alto en las mujeres, con
niveles de activación casi el doble de los niveles máximos de EMG en el músculo bajo
condiciones de carga máxima en un dinamómetro. La actividad de los isquiotibiales era menor
en las mujeres y los valores de EMG eran solo aproximadamente la mitad del nivel de un
máximo medido por un dinamómetro. Las lesiones del LCA parecen ocurrir con aterrizajes
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2674 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
duros e incómodos en la rodilla cuando se coloca cerca de la extensión. La rodilla femenina
está en mayor extensión y tiene una activación más alta del cuádriceps en el contacto inicial
con el suelo. La rodilla más recta y la activación del cuádriceps superior pueden combinarse
para producir más tensión en el LCA (Malinzak, et al., 2001).
Proceso de curación del injerto después de la reconstrucción del ligamento cruzado
anterior
La curación del túnel del injerto del tendón al hueso seguida de la remodelación de la
sustancia media del injerto (colectivamente llamada "curación del injerto") son dos procesos de
curación clave que ocurren después de la Reconstrucción del ligamento cruzado anterior
(RLCA). En este momento se desencadena una respuesta inflamatoria y las células
inflamatorias son reclutadas en el sitio de la lesión, limpian los desechos celulares y producen
citocinas inflamatorias, que atraen a las células estromales mesenquimales (CEM)
(anteriormente llamadas células madre mesenquimales) a la región del túnel óseo y a la
sustancia media del injerto intraarticular. A continuación, se produce necrosis celular en el
injerto implantado y luego se lleva a cabo la revascularización y la repoblación del injerto
tendinoso con CEM. Las CEM diferencian terminalmente, produciendo factores de crecimiento
y matriz extracelular (MEC) para incorporar el injerto tendinoso al túnel óseo. Por otro lado, con
la ayuda de las células inflamatorias y los CEM, la sustancia media del injerto se remodela de
un tendón a un ligamento en un proceso llamado ligamentación (Scheffler et al., 2008 citado
por Yao, et al., 2021).
Sanación del túnel del injerto óseo del tendón
La curación del túnel del injerto del tendón al hueso es el eslabón débil en la etapa
inicial de la reconstruccion de ligamento cruzado anterior (RLCA) por la regeneración de un
sitio de inserción normal con la formación de un tejido de transición único llamado "entesis"
(Petersen & Laprell, 2000), caracterizada por un cambio gradual en la estructura, la
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2675 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
composición y el comportamiento mecánico. Es fundamental para la transferencia eficiente de
carga y la prevención de la acumulación de estrés en la interfaz. La inflamación excesiva en la
interfaz del túnel injerto-hueso induce la formación de una interfaz de tejido cicatricial fibroso en
lugar de un sitio de inserción normal (Song et al., 2017). La resistencia mecánica lograda por
esta interfaz de cicatriz está lejos de ser satisfactoria. Dependiendo de cómo se unan las fibras
de colágeno al hueso, hay dos tipos de entesis en la unión hueso-tendón: inserciones directas
e indirectas.
La inserción directa (también llamada entesis fibrocartilaginosa) se compone de cuatro
zonas en orden de transición gradual: tendón, fibrocartílago no calcificado, fibrocartílago
calcificado y hueso. La inserción indirecta no tiene interfaz de fibrocartílago. El
tendón/ligamento pasa oblicuamente a lo largo de la superficie ósea y se inserta en un ángulo
agudo en el periosteo y está conectado por las fibras de Sharpey sobre un área más amplia de
tendón y hueso (Petersen & Laprell, 2000). Las inserciones directas e indirectas confieren
diferentes propiedades de fuerza de anclaje en la interfaz tendón-hueso. Aunque tanto las
inserciones directas como las indirectas se han descrito en la literatura como un mejor
resultado de curación después de RLCA, se ha aceptado más ampliamente que el tipo de
inserción es indirecto. Los resultados han demostrado que los condrocitos en la interfaz del
túnel tendón-hueso solo funcionaban como un intermedio en la osificación endocondral y fueron
reemplazados por el hueso con el tiempo durante la curación (Liu, et al., 1997b). La curación
del túnel del tendón al hueso es lenta, y el sitio de inserción directa del LCA nativo no se
regenera. Por lo tanto, el resultado de la curación del injerto después de RLCA sigue siendo
insatisfactorio.
Remodelación de sustancias intermedias de injerto y del injerto
A medida que el proceso avanza, el eslabón débil de la curación del injerto se
desplaza gradualmente desde la interfaz del túnel del injerto del tendón hasta la sustancia
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2676 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
media del injerto. El injerto de tendón sufre "ligamentizacion", en la que la composición y
organización de la Matriz Extra-Celular (MEC) se adaptan a las funciones de un LCA activo.
Los fibroblastos de los ligamentos tienen un mayor contenido de ADN y son metabólicamente
más activos en comparación con los fibroblastos tendinosos. Además, la MEC del ligamento
contiene más colágeno tipo III y glicosoaminoglicanos, pero un poco menos de colágeno total
en comparación con los tendones. Debido a la dirección de la carga mecánica, las fibras de
colágeno del ligamento están alineadas de forma menos ordenada en comparación con el
tendón. Asimismo, las fibrillas de colágeno en el ligamento son más pequeñas, pero tienen
enlaces cruzados más reducibles en comparación con las fibrillas en el tendón (Amiel et al.,
1983).
El proceso de ligamentación, por lo tanto, requiere que el injerto de tendón se
remodele metabólica, composicional y estructuralmente para adaptarse a la función de un
ligamento. Sin embargo, el proceso no tiene éxito, ya que la degeneración del injerto debido a
una mala angiogénesis y la degradación de la MEC se observaron tanto clínicamente como en
estudios en animales (Lui, et al., 2014; Marumo, et al., 2005; Yung, et al., 2020).
Los procesos de maduración de las regiones intraarticulares e intraóseas de los LCA
reconstruidos difieren en relación con los procesos biológicos en las primeras etapas después
de la RLCA (Falconiero, et al., 1998; Lu, et al., 2019; Scheffler, et al., 2008; Weiler, et al.,
2002). Específicamente la región intraarticular de un LCA reconstruido sufre revascularización
del fluido sinovial, y la región intraósea del LCA reconstruido se somete a revascularización
desde el hueso sinovial adyacente.
En una revisión reciente, estos procesos se completaron de 3 a 6 meses después de
la operación, sin diferencia significativa en la tasa de progresión (Falconiero, et al., 1998; Lu, et
al., 2019; Scheffler, et al., 2008; Weiler, et al., 2002). Los valores de la región intraósea de los
LCA reconstruidos permanecieron sin cambios de 6 a 12 meses después de la operación y
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2677 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
fueron significativamente más bajos que los de la región intraarticular, especialmente a los 6
meses postoperatorios. Esto puede indicar que la maduración histológica del LCA reconstruido
es más rápida en la región intraósea que en la región intraarticular. En la región intraósea se
forma una interfaz fibrosa en contacto continuo con el túnel óseo y se protege contra el estrés
durante 6 meses después del postoperatorio. Este blindaje contra el estrés puede proporcionar
una ventaja en la maduración histológica (Lu, et al., 2019; Weiler, et al., 2002).
Histológicamente, el LCA reconstruido sufre cambios estructurales hasta 2 años después de la
operación, y los cambios estructurales se detienen en una etapa de microestructura que es
estrictamente diferente de la del LCA normal (Zaffagnini, et al., 2007). En resumen, el LCA
reconstruido a los 6 a 9 meses después de la operación continúa experimentando cambios
rápidos de tejido durante la fase de remodelación, y la estructura tisular es inestable. Después
de ese tiempo, la velocidad de los cambios histológicos disminuye y la estructura tisular se
vuelve relativamente estable (Yoshimizu, et al., 2022).
Consecuencias del proceso operatorio de LCA a nivel neuromuscular
Se suele encontrar constantemente déficits de fuerza de cuádriceps e isquiotibiales en
el grupo lesionado del LCA tanto a corto como a largo plazo. Aumentar la fuerza muscular es
un enfoque principal de las pautas de rehabilitación; sin embargo, las discapacidades son
evidentes a pesar de estos esfuerzos (Adams, et al., 2012; Myer, et al., 2006). También se ha
concluido en diversos estudios que los déficits de activación voluntaria del cuádriceps son
evidentes a corto plazo y no se recuperan a largo plazo, proporcionando un potencial
mecanismo neural subyacente de la debilidad del músculo del cuádriceps. Se supone que esta
disfunción neuronal, a menudo descrita como inhibición muscular artrogénica (IMA/AMI), es un
mecanismo protector para evitar más daños en las articulaciones después de lesiones en la
rodilla (Hopkins & Ingersoll, 2000). Sin embargo, puede ser problemático si no se restaura a
través de la rehabilitación, que parece ser el caso de la mayoría de los participantes medidos
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2678 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
en los estudios post operatorios de LCA. No se ha podido controlar los efectos de la
rehabilitación recibida después de la lesión y, por lo tanto, no es posible comentar si la
persistencia de la AMI está mediada por la idoneidad de un enfoque de rehabilitación
particularmente deficiente (García T., 2024).
Una revisión reciente de su alcance sugirió el uso de la crioterapia y el ejercicio en el
manejo de la AMI, aunque en parte esto esta basado en la AMI inducida experimentalmente en
rodillas sanas (Sonnery-Cottet, et al., 2019). También se demostró que después de la RLCA,
un programa de rehabilitación de 2 semanas que incluye la aplicación de crioterapia y el
ejercicio físico juntos mejoran la AMI más que la crioterapia o el ejercicio solo (Hart, et al.,
2014). Actualmente, el tratamiento del ejercicio mas crioterapia se acepta como práctica común
(Adams, et al., 2012; Myer, et al., 2006), pero un metaanálisis de 14 estudios mostró una falta
de resolución del déficit de activación a largo plazo. Esto sugiere que los enfoques de
rehabilitación emprendidos por los participantes reclutados en los estudios incluidos fueron
insuficientes para resolver estos déficits, la adherencia no fue óptima o faltaba la
implementación de estrategias mejor de rehabilitación (Tayfur, et al., 2021).
La fuerza muscular del cuádriceps y los déficits de activación voluntaria fueron
evidentes en el momento en que el regreso al deporte ocurre comúnmente (es decir, de 6 a 12
meses después de la lesión/cirugía). Las pautas actuales de rehabilitación y regreso al deporte
recomiendan un umbral de índice de simetría de las extremidades del 85-90% como criterio
para la recuperación de la fuerza (Adams, et al., 2012; Filbay & Grindem, 2019; Lynch, et al.,
2015; Myer, et al., 2006). Sin embargo, la presencia de alteraciones neuromusculares en la
extremidad contralateral puede causar una sobreestimación de la función de la extremidad
lesionada (Hiemstra, et al., 2007; Moher, et al., 2009). Referente a la comprensión de la
naturaleza de los cambios relevantes del sistema nervioso central y periférico, incluidas las vías
corticales y espinal-reflexivas, la evidencia indica que estos cambian con el tiempo. No existen
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2679 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
evidencias concluyentes respecto a cambios en la excitabilidad cortical o en la excitabilidad del
reflejo espinal a corto plazo. La inflamación y el dolor a corto plazo pueden estar presentes
después de una lesión o cirugía de rodilla, lo que no afecta la excitabilidad cortical, pero
disminuye la excitabilidad del reflejo espinal (Hopkins, et al., 2001) (Bodkin, et al., 2019).
A largo plazo, hay fuertes evidencias de disminución de la excitabilidad cortical y
aumento de la excitabilidad del reflejo espinal, lo que sugiere que la neuro modulación de la
activación del cuádriceps se adapta y cambia con el tiempo después de la lesión/cirugía. La
disminución de la excitabilidad cortical significa que los pacientes lesionados de rodilla
necesitan más estimulación para producir suficiente excitación en la corteza motora primaria
para generar activación muscular. Si bien la importancia clínica de estos cambios en las vías
corticoespinales y reflejos espinales no se comprende completamente, recientemente se ha
demostrado que las adaptaciones corticoespinales se correlacionan con la fuerza muscular y la
satisfacción de la función de rodilla reportada por el paciente después de RLCA. Es posible que
la disminución de la excitabilidad cortical sea una adaptación protectora a largo plazo de la
corteza motora, mientras que un mecanismo de reflejo compensatorio mantiene la función
muscular requerida cuando es necesario, es decir, como un mecanismo preparatorio para
evitar un colapso repentino de la articulación de la rodilla en pacientes lesionados de la misma
(Groppa, et al., 2012). Se ha sugerido que la biorretroalimentación electromiográfica, la
estimulación magnética transcraneal o la estimulación nerviosa eléctrica transcutánea pueden
ser beneficiosas para cambiar las vías neuronales para mejorar la función muscular (Alkjaer, et
al., 2015). Se ha demostrado que tanto las alteraciones neuronales como el tamaño muscular
pueden predecir hasta el 60% de la variación en la fuerza muscular después de la lesión
(Williams, et al., 2005). La atrofia muscular también puede explicar los déficits de fuerza más
que el fallo de activación (Thomas, et al., 2016). El tamaño muscular puede haber jugado un
papel importante en los déficits de fuerza encontrados en las revisiones sistemáticas; por lo
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2680 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
tanto, los estudios futuros deben considerar medir el tamaño muscular en poblaciones con
lesiones de rodilla junto con otros resultados neuromusculares (Tayfur, et al., 2021).
Alteraciones propioceptivas post RLCA (¿Reconstrucción de LCA?)
Es bien sabido que todo proceso quirúrgico tiene como como resultado una posible
alteración propioceptiva a nivel de la articulación comprometida, debido a lo invasiva que pueda
ser la operación. Es allí donde los protocolos fisioterapéuticos y de rehabilitación deben jugar
un papel sumamente importante para el restablecimiento de esta capacidad endógena por la
importancia kinestésica que confiere.
Dentro de los diferentes estudios, se ha demostrado que la estabilidad postural y el
control motor se ve muy afectada en condiciones donde los ojos se encuentran cerrados en
relación con los ojos abiertos. Los individuos reconstruidos del ligamento cruzado anterior
tienen una mayor inestabilidad postural durante la condición doble cognitiva (ojos cerrados) que
puede indicar que permanecen déficits de procesamiento neuronal únicos después de la RLCA
(Miko, et al., 2021) y que deben ser tratados y abarcados dentro de los primeros meses del
reaprendizaje motor o la adquisición secundaria de las habilidades (García T., 2024).
¿Cuáles son las razones de la debilidad de los cuádriceps después del RLCA?
Determinar las razones de la debilidad del cuádriceps después de la RLCA es esencial
para diseñar estrategias óptimas en la recuperación funcional del paciente. Por lo general, hay
una consideración limitada de la noción de que, si no se supera la inhibición muscular, no se
podrá restaurar de manera óptima la masa muscular y la fuerza. Se supone que la inhibición
muscular artrogénica (AMI) está presente después de la reconstrucción del LCA y contribuye al
déficit de fuerza muscular flexo-extensor de rodilla post-trauma siempre presente (Hurley, et al.,
1992; Snyder-Mackler, et al., 1995; Zult, et al., 2018).
Se cree que la pérdida de mecanorreceptores del LCA interrumpe el reflejo
ligamentoso-muscular entre el LCA y el cuádriceps, lo que lleva a la incapacidad de reclutar
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2681 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
activamente unidades motoras de alto umbral durante las contracciones voluntarias del
cuádriceps. Además, el dolor y la hinchazón resultan en inhibición neuromuscular a través del
proceso de AMI, atrofia muscular resultante y debilidad (Palmieri-Smith, et al., 2008; Stokes, et
al., 1985). La AMI típicamente limita la capacidad de alcanzar los niveles de intensidad
deseados y la activación neuromuscular, y a menudo está presente bilateralmente después de
la RLCA unilateral, y en algunos casos, puede ser equivalente a la extremidad lesionada
(Shelbourne & Nitz, 1990). La fuerza muscular está influenciada tanto por factores neuronales
como morfológicos. La pérdida de función y la inhibición neuronal significativa pueden resultar
en una marcada atrofia muscular que contribuye a la pérdida de fuerza y función. La resolución
de la masa muscular y la activación neuronal son aspectos clave de la rehabilitación del LCA y
las estrategias para restaurarlas son fundamentales. Se ha demostrado, por ejemplo, que el
ejercicio excéntrico aumenta el número de sarcómeros en una serie y disminuye los niveles de
miostatina. La miostatina es una proteína que inhibe el crecimiento muscular, y recientemente
se ha encontrado que está elevada en el cuádriceps humano después de la reconstrucción del
LCA (Lepley, et al., 2015).
Ejercicio físico como clave prioritaria para combatir la hipotrofia de cuádriceps y las
alteraciones mio-corticales en reconstrucción de LCA.
Necesidad de intervención temprana y validación científica
A pesar de los avances en técnicas quirúrgicas y protocolos de rehabilitación, la
recuperación post-RLCA sigue siendo prolongada, particularmente en el desarrollo de fuerza de
isquiotibiales y del vasto interno del cuadriceps, dejando una brecha crítica en el tratamiento de
desequilibrios musculares que dificultan la recuperación funcional (Muhamad Hendri et al.,
2025). Esta brecha existe porque los protocolos actuales de rehabilitación en fase temprana se
centran principalmente en el manejo del dolor, la hinchazón y la fuerza del cuádriceps (general
y no analitica), descuidando frecuentemente el papel crítico de los isquiotibiales en la
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2682 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
estabilización de la rodilla (Muhamad Hendri et al., 2025). Aunque guías clínicas institucionales
como Holm (2015) han sugerido la introducción de contracciones isométricas incluso desde el
día 1 post-operatorio, la validación prospectiva controlada de esta práctica temprana proviene
de Ricupito et al. (2025), quienes demostraron que comenzar con ejercicios isométricos de
isquiotibiales desde la tercera semana después de cirugía de LCA resulta ser una estrategia
segura y bien tolerada. En el estudio prospectivo de Ricupito et al. (2025), durante el programa
completo de isometría los pacientes no presentaron complicaciones importantes ni hematomas
ni signos de lesión en los isquiotibiales y el dolor reportado fue bajo, con un nivel promedio de 2
a 3 puntos sobre 10, demostrando que la activación muscular temprana mediante isometría es
fundamental para contrarrestar la inhibición neural y la atrofia muscular que caracterizan estas
primeras semanas, permitiendo al sculo activarse y trabajar sin que la articulación se
desplace, estimulando los isquiotibiales sin estresar la zona del injerto que aún está
cicatrizando.
Integración con otras contracciones y progresión estructurada
La validez científica de la intervención isométrica temprana de Ricupito et al. (2025) se
fortalece al demostrar que la contracción isométrica funciona como un puente seguro y eficaz
entre la inmovilización inicial y el trabajo con pesas o cargas dinámicas que se introduce más
adelante en la rehabilitación, demostrando que a las seis semanas de tratamiento isométrico la
pierna operada recuperaba aproximadamente entre el 65% y el 70% de la fuerza de la pierna
sana, y casi el 95% de su resistencia (Ricupito et al., 2025). Esta progresión estructurada que
propone Ricupito se alinea con lo que Larson et al. (2021) establecen: que contracciones
musculares concéntricas, excéntricas e isométricas deben ser incluidas de forma integrada en
programas comprehensivos de rehabilitación después de la reconstruccion del LCA, siendo el
entrenamiento isométrico una herramienta multiusos con beneficios específicos en diferentes
fases de recuperación. Los ejercicios isométricos permiten mayor producción de fuerza
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2683 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
comparado con contracciones concéntricas y pueden implementarse tanto con ejercicios
multiarticulares (leg press isométrico, isometric mid-thigh pull) como monoarticulares (leg
extensions, leg curls), permitiendo que las mejoras de fuerza sean mayores en los ángulos
articulares específicos donde se ejecuta el ejercicio (Larson et al., 2021). Además, la isometría
en estado alargado (lengthened state isometrics) demuestra ser más efectiva para hipertrofia
muscular y ganancias de fuerza a través del rango completo de movimiento, lo cual es crítico
para retorno al deporte (Larson et al., 2021). De manera complementaria, Muhamad Hendri et
al. (2025) plantean que el ejercicio de resistencia de las extremidades superiores en
contracción voluntaria submáxima facilita las ganancias de fuerza entre las extremidades,
mejora los abdominales centrales y la activación de los isquiotibiales, y reduce los
desequilibrios de las rodillas, apoyando recuperación acelerada y reduciendo riesgo de re-
lesión.
Rendimiento, evaluación y valor clínico
Medir la fuerza isométrica mediante pruebas de contracción xima voluntaria
demostró ser una herramienta altamente predictiva del rendimiento funcional futuro en
pacientes post-ACLR: Giampetruzzi et al. (2023) encontraron que la medición de fuerza
isométrica del cuádriceps a los 3 meses post-cirugía explica por sí sola alrededor del 37% de
los resultados de fuerza dinámica obtenidos a los 6 meses, convirtiéndola en un indicador
temprano y confiable de cómo va a recuperarse el paciente, significativamente superior a otras
pruebas funcionales como el Y-Balance Test o el step-down anterior. Esta capacidad predictiva
de la isometría se complementa con su aplicabilidad en evaluación y desarrollo de fuerza
explosiva, donde Larson et al. (2021) documentan que la velocidad de desarrollo de fuerza
(RFD o rate of force development) es típicamente evaluada mediante tareas isométricas
cuantificando la tasa de cambio en fuerza durante partes específicas de un movimiento, en
función al tiempo (por ejemplo, pendiente de la curva fuerza-tiempo entre 0-250 milisegundos).
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2684 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
Para desarrollo de fuerza explosiva en fases s avanzadas, Larson et al. (2021) incluyen
"ballistic isometrics" entre modalidades de entrenamiento recomendadas, instruyendo al
paciente a "explotar" o completar repeticiones tan rápido y fuerte como sea posible, con
ejercicios de fase específica incluyendo el isometric mid-thigh pull o también conocidos por sus
iniciales IMTP (Tirón isométrico a medio muslo). Esta evidencia integrada y validada por
Ricupito et al. (2025) sugiere que la isometría funciona como intervención fundamental que
puede ser adaptada progresivamente desde evaluación y desarrollo temprano de capacidades
de fuerza (demostradamente seguro desde semana 3 post-operatoria), mediante integración
estratégica con otras contracciones musculares, hacia entrenamiento de explosividad y RFD en
fases más avanzadas de rehabilitación post-reconstruccion del ligamento cruzado anterior.
Mecanismo neuromuscular - inhibición muscular y activación (nivel micro)
La contracción isométrica es mantener una posición fija sin movimiento articular dentro
de un ángulo o rango de movimiento comprometido y permite activar específicamente los
grupos musculares afectados (cuádriceps e isquiotibiales) por la inhibición muscular artrogénica
de forma aislada, facilitando el reclutamiento motor sin generar compresión o tensión dinámica
en la articulación aún en fase de cicatrización. Moiroux-Sahraoui et al. (2024) demuestran que
la combinación de biofeedback electromiográfico con contracciones isométricas resulta
particularmente efectiva para superar este déficit de activación neural, permitiendo al paciente
tomar conciencia del reclutamiento muscular y optimizar la contracción desde las fases más
tempranas. Esta activación neural temprana mediante isometría es fundamental para
contrarrestar la inhibición neural y la atrofia muscular (Muhamad Hendri et al., 2025),
estableciendo la base neuromuscular necesaria para recuperación funcional subsecuente.
Protocolos y aplicación técnica - timing, variables y modalidades (nivel intermedio)
La aplicación práctica de la intervención isométrica sigue un protocolo estructurado,
respaldado por evidencia prospectiva de Ricupito et al. (2025), que recomienda la introducción
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2685 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
de ejercicios isométricos desde la tercera semana post-operatoria con la siguiente estructura:
curl isométrico sentado a 60° y 90° de flexión de rodilla combinado con puente glúteos, en
series de 5 repeticiones, con duración de sostén de 45 segundos, intervalos de descanso de 30
segundos entre series, realizado 2 veces por semana (Ricupito et al., 2025). Este protocolo se
complementa con aplicaciones multiarticulares según Larson et al. (2021), quienes
recomiendan ejercicios isométricos multiarticulares como leg press isométrico e isometric mid-
thigh pull, además de ejercicios monoarticulares como leg extensions e leg curls, permitiendo
mejorar la fuerza en los ángulos articulares específicos donde se ejecuta el ejercicio (Larson et
al., 2021). En fases más tempranas, Moiroux-Sahraoui et al. (2024) documentan que
contracciones isométricas de cuádriceps pueden iniciarse desde la primera semana post-
operatoria con protocolos más conservadores: 3 series de 10 repeticiones diarias durante la
primera semana de post-operatorio, complementadas con electroestimulación neuromuscular
(NMES) aplicada 2-5 veces por semana durante las primeras 3-6 semanas post-operatorias
cuando se dispone de esta modalidad (Moiroux-Sahraoui et al., 2024).
Progresión hacia contracciones excéntricas como clave para resolver la hipotrofia de
cuádriceps y las alteraciones mio-corticales después de la intervención isométrica inicial en
reconstrucción de LCA.
Aunque la intervención isométrica temprana establece la base neuromuscular
fundamental para prevenir la atrofia inicial y permitir la activación muscular en las primeras
fases de recuperación, la progresión hacia contracciones más complejas resulta esencial para
lograr la recuperación funcional completa del cuádriceps post reconstruccion de LCA. La
evaluación de la fuerza isométrica demuestra ser predictiva del rendimiento futuro, pero su
valor reside primordialmente en su rol como escalón inicial hacia modalidades de
entrenamiento más demandantes. Así, después de establecer esta base neuromuscular segura
mediante isometría, emerge la pregunta clínica fundamental sobre cuál es el siguiente tipo de
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2686 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
contracción más eficiente para progresar la recuperación de fuerza: ¿contracciones excéntricas
o concéntricas? La literatura sugiere que la progresión estructurada desde isometría hacia
contracciones excéntricas e isocinéticas constituye el enfoque más efectivo para resolver los
déficits de fuerza residuales y la hipotrofia muscular que persisten incluso después de la
intervención isométrica inicial.
¿Cuál es el tipo de contracción más eficiente? Está claro que el ejercicio excéntrico es
el factor impulsor detrás de las mejoras en la fuerza del cuádriceps, dado que los pacientes
expuestos a este tipo de estímulo recuperaron la fuerza del cuádriceps mejor que solo con el
estándar de atención después de la reconstrucción de la LCA. Además, los pacientes que
recibieron tratamientos excéntricos en los diferentes estudios pudieron restaurar la fuerza del
cuádriceps a los niveles previos a la intervención (o mejores) y no mostraron ninguna diferencia
de fuerza en comparación con los adultos sanos.
En conjunto, estos resultados sugieren que los excéntricos son un enfoque terapéutico
eficaz para combatir los déficits de fuerza de los cuádriceps postoperatorios. Es importante
destacar que este hallazgo está de acuerdo con investigaciones previas realizadas en
poblaciones reconstruidas de LCA en las que se descubrió que los ejercicios excéntricos eran
un método superior de entrenamiento de fuerza en comparación con los concéntricos (Gerber,
et al., 2007; Gerber, et al., 2009), y pueden durar hasta un año después de la cirugía. Desde
una perspectiva clínica, este es un hallazgo significativo, ya que la debilidad del cuádriceps es
un factor que contribuye a la degeneración articular (Tourville, et al., 2014), reduciendo la
función de la rodilla (Lewek, et al., 2002) y la calidad de vida (Logerstedt, et al., 2013) después
de la reconstrucción del LCA. Es bien sabido que los pacientes con RLCA experimentaron
atrofia significativa del cuádriceps dentro de las primeras 30 semanas después de la cirugía
(Dutaillis, et al., 2021).
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2687 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
Con el ejercicio de rehabilitación excentrico implementado después de que se
restableciera la estabilidad de la rodilla (generalmente 3 meses después de la cirugía), se
registro una recuperacion del tamaño muscular y solo se notaron déficits moderados de lado a
lado a partir de las 52 semanas (Dutaillis, et al., 2021. Sin embargo, algunos pacientes con
RLCA no respondieron a la rehabilitación física y retuvieron la atrofia muscular del cuádriceps.
Los hallazgos sugieren que la hipertrofia muscular alterada inducida por el ejercicio puede
atribuirse a una respuesta alterada positiva de la miocinas o mioquinas, lo que conlleva una
mayor mejora en el programa de rehabilitación para facilitar la recuperación de la masa y la
fuerza del cuádriceps, asegurando una respuesta normal de la miocina al ejercicio físico
(Czuppon, et al., 2014).
Algunos pacientes con RLCA no se recuperaron satisfactoriamente después de la
cirugía y la rehabilitación. La atrofia persistente del cuádriceps se relacionó con déficits de
fuerza significativos, que pueden explicar en parte las malas funciones de la rodilla y el regreso
fallido a la actividad (Mousavi, et al., 2004). La recuperación funcional y el regreso al juego
después del procedimiento quirúrgico del LCA, no solo se ve afectado por la atrofia del
cuádriceps, sino también por otros factores como la estabilidad de la rodilla, el control
neuromuscular y la preparación psicológica (Tim-Yun Ong, et al., 2022). Las causas de la
atrofia persistente del cuádriceps siguen siendo especulativas. Es posible que algunos
pacientes con RLCA no respondieran idealmente a la rehabilitación, lo que llevó al desarrollo
de atrofia muscular persistente. Normalmente, la expresión de las miocinas se desencadena
para mediar en las respuestas adaptativas al ejercicio, incluida la hipertrofia muscular. Sin
embargo, se han demostrado expresiones alteradas de miocinas en varios trastornos y
procesos de la pérdida de peso muscular, como la diabetes, el cáncer y el envejecimiento
(Piccirillo, 2019).
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2688 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
En consistencia con informes anteriores el nivel de expresión de FABP3 (Fatty Acid-
Binding Protein 3, también conocida como proteína de unión a ácidos grasos del corazón), se
reguló al alza por el entrenamiento físico (Lammers, et al., 2012). Por el contrario, los niveles
séricos de BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro) y SPARC (Secreted Protein Acidic
and Rich in Cysteine, también conocida como osteonectina) no se alteraron en gran medida por
el estímulo del ejercicio en esta cohorte de pacientes. FABP3 mejoró el metabolismo de los
ácidos grasos y SPARC está implicado en la curación de heridas y la reparación de tejidos
(Kim, et al., 2017), mientras que se demostró que BDNF regula la miogénesis y la regeneración
muscular (Colombo, et al., 2013; Maderova, et al., 2019). Se evidenció entonces que la
extensión de la atrofia muscular se correlacionó con la liberación alterada inducida por el
ejercicio de BDNF, demostrando que la expresión de BDNF aumenta en respuesta a la
contracción muscular (Bogaerts, et al., 2007).
La expresión de BDNF se regula al alza durante la activación y proliferación de las
células satélite (Mousavi, et al., 2004). Como el BNDF mostró un cambio negativo en el grupo
de atrofia, podría explicar la respuesta fallida al ejercicio rehabilitativo para la hipertrofia
muscular. No obstante, se desconoce si la respuesta desregulada fue una causa o
consecuencia de la atrofia muscular (Tim-Yun Ong, et al., 2022).
Otros posibles factores que influyen en la respuesta a las miocinas serían el
cumplimiento del ejercicio de rehabilitación después de la operación, la dieta y la genética. Sin
embargo, la revisión de los estudios presentados, demuestran una relación entre el grado de
atrofia muscular y los niveles previos a la lesión de las actividades deportivas, como lo
muestran las puntuaciones de Tegner. El grupo no atrofiado estaba compuesto por atletas
profesionales (Tegner puntuó 9), mientras que el grupo atrofia practicaba principalmente
deportes recreativos (Tegner puntuó 7). Es probable que los atletas profesionales tengan un
mayor cumplimiento con el ejercicio de rehabilitación después del RLCA, lo que resulta en una
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mejor recuperación de la masa y la función muscular. Con las alteraciones observadas en las
respuestas de la miocina, es posible especular que el historial de entrenamiento también puede
modular la regulación de la expresión de miocinas inducida por el ejercicio a través de las
células satélite. Los hallazgos presentados confirman la importancia de investigar los
mecanismos subyacentes que expliquen respuestas variadas a la hipertrofia muscular inducida
por el ejercicio y las formas en las que se pueda incidir de manera indirecta sobre la intensidad
del ejercicio sin comprometer específicamente la rodilla post operada en las primeras fases.
Incluso, esto puede cambiar potencialmente el enfoque actual para la rehabilitación después de
la RLCA, ya que la expresión desregulada de miocinas observada específicamente en el grupo
de atrofia puede hacer que los ejercicios de rehabilitación sean inútiles. Se podrían desarrollar
diferentes intervenciones de rehabilitación que sean capaces de estimular la producción de
mioquinas hipertróficas musculares o inhibir las atrofias musculares en los pacientes. La atrofia
persistente del músculo del cuádriceps después de la reconstrucción del ligamento cruzado
anterior está asociada con alteraciones en la producción de miocinas inducida por el ejercicio,
lo que puede explicar la respuesta fallida al ejercicio de rehabilitación para la hipertrofia
muscular (Tim-Yun Ong, et al., 2022).
Mioquinas o miocinas musculares
Pedersen et al. (2013) definen las mioquinas como moléculas producidas, expresadas
o liberadas por las fibras musculares esqueléticas y que ejercen efectos autocrinos, paracrinos
o endocrinos; es decir, que ejercen su acción sobre la misma célula, en células vecinas, o se
liberan al torrente sanguíneo. Debido a que son generadas alrededor del proceso de
contracción muscular el entrenamiento con cargas tiene una gran importancia para entender su
función. En general, las mioquinas funcionan de manera similar a las hormonas, ejerciendo
efectos endocrinos específicos sobre la grasa visceral y otros depósitos de grasa ectópica y
mediando los efectos antinflamatorios. También trabajan a nivel local en el músculo a través de
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mecanismos paracrinos, ejerciendo sus efectos sobre las vías de señalización implicadas en la
oxidación de grasas (Carreras & Ballestero, 2022). El músculo, además de sus funciones en el
sistema locomotor, es catalogado también como una “glándula secretora” (Pedersen &
Febbraio, 2008). Las mioquinas se encargan de estimular los procesos metabólicos de forma
local y global; entonces, no resulta muy complejo entender o suponer, que por ejemplo las
acciones vigorosas auspiciadas por grupos musculares del tren superior o la pierna sana en
cuestión podrían brindar beneficios a una recuperación funcional y neurofisiológica del LCA de
manera indirecta. Sobre todo, en los primeros días y semanas de recuperación las mioquinas
son secretadas al torrente sanguíneo promoviendo un enfoque de trabajo y rehabilitación
distinto a lo que se suele entender sobre los posts operatorios de LCA (García T., 2024).
Localmente, las hormonas musculares actúan sobre las fibras que captan más
glucosa, oxidan la grasa interna y en general, provocan hipertrofia muscular, hacen madurar las
células satélite o mioblastos y reparan su red vascular. A nivel global, aumentan la lipolisis del
tejido adiposo, liberan glucosa del hígado, activan cortisol en las glándulas suprarrenales,
actúan sobre el tubo digestivo para activar la secreción de insulina, estimulan el crecimiento y
la reparación de los vasos sanguíneos, el tejido y la creación de hueso nuevo (Mármol &
Jacomet, 2017).
En la actualidad se han identificado más de 300-500 mioquinas distintas (Piccirillo,
2019), las cuales pueden actuar a nivel local o viajar por el torrente sanguíneo y desencadenar
respuestas metabólicas aisladas. La actividad contráctil (moderada a vigorosa) es el elemento
regulador esencial para la expresión y secreción de la mayoría de las mioquinas actualmente
descritas (Schnyder & Handschin, 2015). Esta secreción puede influenciar en el metabolismo
de otros órganos y tejidos. Otro efecto que cabe destacar de muchas mioquinas es el
antiinflamatorio. Gracias a ello, cabe la posibilidad de que la actividad antiinflamatoria inducida
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por el ejercicio pueda ejercer efectos beneficiosos en la salud de pacientes que presenten
enfermedades crónicas (Pedersen and Febbraio, 2008).
En resumen, un incremento en los niveles circulantes de IL-6 (un tipo de mioquina)
mejora la oxidación de las grasas, la captación de la glucosa inducida por la insulina y posee
efectos antiinflamatorios. Los artículos han destacado el papel de las miocinas, moléculas
bioactivas secretadas por los músculos esqueléticos durante el ejercicio, en el manejo de la
inflamación y la ayuda a la reparación de los tejidos. Por ejemplo, la investigación indica que
las mioquinas como la IL-6, la irisina y el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF)
modulan las respuestas inmunitarias y reducen los marcadores inflamatorios. Estas moléculas
promueven efectos antiinflamatorios al mejorar la diferenciación y la actividad de las células
inmunitarias, lo que puede facilitar la recuperación y reparación en tejidos dañados, incluidos
ligamentos como el LCA (Lu, et al., 2024). En la tabla 1 se sintetizan algunos de los principales
beneficios de las mioquinas.
Tabla 1
Beneficios de las mioquinas
Mioquina
Beneficio
IL-6
Tratamiento de la obesidad, control de la ingesta y
efecto antinflamatorio. Promueve la angiogénesis en los
músculos y otros tejidos. IL-6 actúa como un mediador
en la regeneración y reparación del tejido
Irisina
Tratamiento para la obesidad, diabetes, neurogénesis,
efecto protector contra el cáncer y el Alzheimer.
Osteogénesis, estimula la formación de hueso, la masa
ósea y la angiogénesis (mejora el flujo sanguíneo y la
perfusión en tejidos isquémicos).
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Apelina
Regula la digestión, hipotensión y es un neuro
protector.
Musclina
Mejora la capacidad aeróbica y la biogénesis
mitocondrial.
Decorina
Aumenta el crecimiento musculoesquelético
FGF-21
Mejora la actividad mitocondrial
IGF-1 (factor de
crecimiento similar a la
insulina
Estimula la angiogénesis y crecimiento óseo, actúa
como un factor anabólico que promueve la
regeneración muscular y la formación de hueso. Ayuda
a reducir la inflamación.
Factor neurotrófico
derivado del cerebro BDNF
Importante para la neuroplasticidad, neurocognicion y
neuroproteccion. Mejora la memoria visoespacial.
Nota. Fuente: Zumárraga, 2019, adaptado por García 2024.
¿Cadenas cinéticas abiertas o cerradas?
Existe muy poca certeza de que los ejercicios de CCA (cadena cinética abierta) sean
superiores a los ejercicios CCC (cadena cinética cerrada) para mejorar la fuerza del cuádriceps
3-4 meses después de la lesión; ya sea como parte de la rehabilitación conservadora o
posterior a la cirugía. Los resultados son aún inconsistentes entre los ejercicios de CCA y CCC
en relación con las medidas de resultado tratadas con la función de rodilla en protocolos de
RLCA (post operatorios de LCA). Sin embargo, los ejercicios de CCC mostraron una
superioridad significativa en la función de la rodilla a las 6 semanas posteriores al RLCA. Por
otro lado, el ejercicio CCA parece ser superior o igualmente efectivo que el ejercicio CCC para
mejorar la laxitud de la rodilla, presentando así su importancia en ser incluido en un protocolo
de rehabilitación desde la fase inicial, pero estos hallazgos deben interpretarse con precaución.
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2693 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
Las preocupaciones sobre la tensión del injerto con el ejercicio de CCA requieren una
implementación cautelosa a partir de 4 semanas después del RLCA. Finalmente, es escasa la
evidencia que sugiere una disminución significativa del dolor en el RLCA a favor de los
ejercicios tempranos de CCA en comparación con los ejercicios tardíos de CCC (Pamboris, et
al., 2024). Un estudio prospectivo y aleatorio de los ejercicios de cadena cinética abierta y
cerrada durante la rehabilitación acelerada después de la reconstrucción del ligamento cruzado
anterior busco determinar si los ejercicios de cadena cinética cerrada son seguros y si ofrecen
alguna ventaja sobre la rehabilitación convencional. El grupo de cadenas cinéticas cerradas
utilizó una longitud de tubos elásticos, el Sport Cord, para realizar ejercicios de soporte de peso
y el grupo de cadenas cinética abierta utilizó equipos de fisioterapia convencionales. Los
resultados se informaron con un seguimiento mínimo de 1 año (promediados a 19 meses). La
evaluación pre y postoperatoria incluyó la escala de puntuación de la función de rodilla de
Lysholm, la escala de clasificación de actividad de Tegner y las mediciones del artrómetro KT-
1000. En general, la estabilidad demostro restablecerse en s del 90% de las rodillas. El
dolor patelofemoral preoperatorio se redujo significativamente, el 95 % de los pacientes tenían
un rango completo de movimiento. El grupo de cadena cinética cerrada tenía diferencias de
lado a lado del artrómetro KT-1000 media más bajas, menos dolor patelofemoral, y
generalmente los pacientes estaban más satisfechos con el resultado final y, con mayor
espectativa de que volverían a las actividades diarias normales y los deportes antes de lo
esperado. Este trabajo concluyó que los ejercicios de cadena cinética cerrada son seguros y
efectivos y ofrecen algunas ventajas importantes sobre los ejercicios de cadena cinética
abierta. Como resultado de este estudio, se propone el protocolo de cadena cinética cerrada
exclusivamente después de la reconstrucción del ligamento cruzado anterior (Bynum, et al.,
1995).Asimismo, se sugiere en otro artículo el uso temprano del ejercicio de cadenas cinéticas
abiertas tanto para el cuádriceps como para el tendón de la corva, además del ejercicio
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convencional de cadenas cinéticas cerradas, esto resulta en una mejor corrección de los
déficits de fuerza de los cuádriceps y los isquiotibiales sin aumentar la laxitud del injerto (Forelli,
et al., 2023).
El entrenamiento de resistencia debe emplear todos los modos de contracción,
utilizando tanto los ejercicios de CCA como de CCC, comenzando con tareas de fuerza
aisladas y terminar progresando al entrenamiento de fuerza funcional y ejercicios de tipo
agilidad para prepararse para la práctica deportiva. Restaurar el equilibrio entre los músculos
del cuádriceps y resolver posibles problemas de seguimiento, a través de la terapia manual, el
entrenamiento de biorretroalimentación y flexibilidad son consideraciones adicionales
importantes. Por último, pensar más allá de la rodilla y corregir la disfunción del núcleo
(entiendase como zona media) y la cadera puede ser importante para garantizar un programa
óptimo de fortalecimiento de la extensión de la rodilla. Optimizar el uso de técnicas de inhibición
(por ejemplo, ICE, masaje) y técnicas de activación (ejercicios de preactivación, estimulación
eléctrica, TENS) puede apoyar resultados de entrenamiento más optimizados (Buckthorpe, et
al., 2019).
Piensa más allá de la rodilla, utiliza todas las herramientas tempranas posible, pues
por lo general, los programas de fase temprana e intermedia se centran exclusivamente en
resolver la mecánica de la rodilla. Se está aceptando que la debilidad de los músculos centrales
y de la cadera son factores de riesgo de lesiones de las extremidades inferiores (Davis, 2012;
Powers, 2010) y en particular en las lesiones del LCA (Khayambashi, et al., 2016; Zakulak, et
al., 2007). Una revisión sistemática reveló déficits en la fuerza muscular de la cadera después
de la RLCA (Petersen, et al., 2014). Más allá de la prevención de lesiones, la disfunción
proximal está asociada con biomecánica de movimiento de alto riesgo como los cambios de
dirección (Davis A., 2010: Powers, 2010). Actualmente existen evidencias de que los pacientes
con dolor de rodilla anterior tienen déficits en la abducción de cadera, extensión de cadera y
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fuerza de rotación externa (Prins & van der Wurff, 2009). El un dato resaltante a considerar, es
que el fortalecimiento de los músculos de la cadera es efectivo para reducir la intensidad del
dolor y mejorar las capacidades funcionales en pacientes y debe formar parte del programa de
rehabilitación de RLCA centrado en resolver los déficits de fuerza extensora de rodilla.
De igual modo, la estimulación eléctrica neuromuscular (EENM) durante la
rehabilitación postoperatoria del RLCA ha demostrado la capacidad de aumentar eficazmente
la fuerza del cuádriceps y reducir los déficits de fuerza (Kim, et al., 2010; Logerstedt, et al.,
2010). Para maximizar la fuerza del cuádriceps después de la RLCA, LA EENM busca facilitar
el reclutamiento del músculo artrogénico inhibido (IMA) que resulta en una activación de mayor
proporción de fibras musculares de tipo IIA, retrasando la atrofia muscular (Palmieri-Smith, et
al., 2008). Cuando se aplica con alta intensidad durante el período de recuperación, la EENM
ha demostrado tener éxito en la lucha contra la atrofia muscular temprana y la preservación de
la fuerza (Wright, et al., 2008).
Un ensayo clínico aleatorio de Snyder et al. (1995) encontró que 4 semanas de
ejercicio activo combinadas con EENM de alta intensidad dieron como resultado una fuerza del
cuádriceps de casi el 70% en relación con la extremidad no lesionada a los 2 meses
postoperatorios. Esto contrasta con los pacientes en el grupo de solo ejercicio activo
convencional que demostraron una fuerza de cuádriceps del 51% en relación con la extremidad
no lesionada. Sin embargo, la intensidad de la aplicación del electrodo durante el EENM puede
ser intolerable para los pacientes, especialmente en ciertos ángulos de flexión de la rodilla, por
lo que los métodos modificados de NMES se han centrado en la reducción de la intensidad del
electrodo, lo que permite a los pacientes dictar la intensidad máxima tolerable y han producido
resultados favorables (Fitzgerald, et al., 2003).
Un ensayo de control aleatorio de 2019 de Wright et al. mostró que la estimulación
eléctrica ayudó a aumentar la circunferencia del cuádriceps y a combatir la atrofia s que el
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2696 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
ejercicio convencional solo. Fitzgerald et al. (2003) realizaron otro ensayo de control aleatorio
entre un entrenamiento de EENM y un grupo de entrenamiento sin EENM durante la
recuperación de RLCA y encontraron que el grupo EENM demostró una mayor fuerza de
cuádriceps y niveles más altos de función de rodilla autoinformada a las 12 semanas después
de la operación, además de avanzar al entrenamiento de agilidad más rápido a las 16 semanas
después de la operación.
Además, un ensayo de control aleatorio de 2019 de Kaya et al. que estudió la
recuperación de RLCA en dos grupos, uno usando ejercicios de control neuromuscular de las
extremidades inferiores y el otro usando terapia estándar, y encontró que la fuerza de las
extremidades inferiores se recuperó más rápidamente en el grupo de ejercicios de control
neuromuscular, pero que no había diferencia en la propiocepción.
Los estudios futuros deberían continuar evaluando los efectos de los programas de
rehabilitación de EENM RLCA para diferentes períodos de tiempo, tipos de injertos y atletas de
todos los niveles de actividad. La educación cruzada de la pierna contralateral durante la
rehabilitación de la RLCA puede ser útil para aliviar los deterioros bilaterales debido a
desviaciones del sistema sensomotor y musculoesquelético producto a lesiones y cirugías. Un
ensayo de control aleatorio de 2018 por Zult et al. con un grupo de educación cruzada y un
grupo de rehabilitación RLCA estándar no encontró ninguna diferencia significativa en las
medidas funcionales o en la velocidad de recuperación de RLCA entre los grupos. Sin
embargo, otro ensayo de control aleatorio en 2019 por Harput et al. mostró que los niveles de
fuerza de cuádriceps concéntrico y excéntrico se recuperaron más rápidamente cuando los
pacientes utilizaron la educación cruzada, especialmente en la fase de rehabilitación temprana
de RLCA.
No olvides la otra pierna, trabaja la educación cruzada
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Uno de los primeros estudios de educación cruzada fue en 1984, cuando Emily Brown
presiono un botón de goma al máximo 10 veces durante 13 días solo con su mano derecha.
Luego del último día se volvió a evaluar la fuerza en régimen de máxima contracción voluntaria
pero en su mano contraria y sorprendentemente, la fuerza de la mano izquierda aumento un
43% (García T, 2024).
Siguiendo la misma línea de ideas, una lesión del LCA se ha sugerido recientemente
como una lesión de una sola pierna, pero un problema de pierna doble (Trulsson, 2018). Los
déficits en la fuerza de la extensión de la rodilla, el control neuromuscular y la propiocepción,
que prevalecen en la extremidad lesionada, también están presentes en la extremidad
contralateral no lesionada (Chung, et al., 2015; Zult, et al., 2017).Como se ha discutido, este
nivel de fuerza inferior al óptimo en la extremidad contralateral puede resultar en una
sobreestimación de la fuerza extensora de rodilla del paciente cuando se examina el índice de
simetría de la extremidad de la manera convencional (lesionado frente a no lesionado)
(Wellsandt, et al., 2017). Es recomendable que la rehabilitación se dirija a ambas extremidades.
Además, se ha sugerido que el entrenamiento de educación cruzada, que es el
aumento de la fuerza muscular en el lado no entrenado, produce grandes beneficios en el
músculo o segmento contralateral a la extremidad trabajada (Carrol, et al., 2006). Esto resulta
beneficioso e ideal para acelerar la recuperación de la fuerza de las extremidades lesionadas
después de la RLCA a través del mantenimiento de las demandas corticales, algo poco tomado
en cuenta en los procesos de rehabilitación.
Incorporación del entrenamiento de restricción del flujo sanguíneo en pacientes
selectivos
La restricción del flujo sanguíneo es otra modalidad que se utiliza durante la
rehabilitación para acelerar la recuperación. Dos revisiones sistemáticas recientes concluyeron
que hay evidencia de que la terapia de restricción del flujo sanguíneo promueve la hipertrofia
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2698 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
muscular, aumenta la fuerza y disminuye las puntuaciones de dolor reportadas por los
pacientes, pero ambas sugirieron que se necesita más investigación antes de recomendar
clínicamente (Charles, et al., 2020; Lu, et al., 2020).
La restricción del flujo sanguíneo, además de la rehabilitación tradicional, ayuda a
revertir la atrofia muscular, disminuir el tiempo de recuperación y también previene la pérdida
ósea (Lambert, et al., 2019). En el paciente de carga comprometida (después de la cirugía) o
en aquellos pacientes que experimentan inhibición posterior del cuádriceps y no pueden lograr
la carga y la activación requeridas para lograr el estímulo necesario para la adaptación, el
entrenamiento de restricción del flujo sanguíneo (BFR) puede ser una terapia efectiva. El
entrenamiento de resistencia de baja intensidad con BFR puede resultar en una mayor fuerza e
hipertrofia muscular en comparación con el entrenamiento de resistencia con la misma
intensidad bajo flujo normal (Takarada, et al., 2002), y comparable a las ganancias con el
entrenamiento de resistencia de intensidad moderada a alta (Giles, et al., 2017). Bajo el
acondicionamiento isquémico, las fibras de contracción rápida se reclutan incluso bajo actividad
de baja intensidad, ya que las unidades motoras tipo I se fatigan rápidamente, lo que permite el
reclutamiento de unidades de tipo II antes.
El entrenamiento BFR también puede servir como un estímulo efectivo durante una
fase de descarga para los pacientes porque resulta en una adaptación positiva del
entrenamiento, aunque causa poco o ningún daño muscular (Takarada, et al., 2000) y, por lo
tanto, se puede usar con moderación durante todo el ciclo de rehabilitación. El análisis de
subgrupos reveló que en aquellos con dolor en la extensión de rodilla resistida hubo beneficios
considerables en la mejora de la función, pero es similar al entrenamiento de resistencia a
cargas moderadas a altas (70% 1RM) en aquellos sin dolor en la extensión de rodilla resistida
(Giles, et al., 2017). La terapia BFR a cargas bajas puede ser una herramienta útil para
desarrollar la fuerza muscular en pacientes que no pueden realizar ejercicio de alta resistencia
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2699 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
o pacientes que tienen debilidad de extremidades persistente a pesar de la tradicional terapia, o
puede utilizarse con moderación como parte de un programa de entrenamiento de fuerza
periodizado (Buckthorpe, et al., 2019).
Carga óptima para preservar la fuerza del cuádriceps
La carga óptima puede definirse como la carga aplicada a las estructuras que
maximizan la adaptación fisiológica (Glasgow, et al., 2015). Además, en el período posterior a
la lesión, también puede considerarse como la carga que "minimiza la adaptación" (por
ejemplo, pérdida de fuerza muscular y atrofia debido a limitaciones funcionales). Lograr una
carga óptima es un reto, por lo que es esencial que en los primeros períodos después de la
cirugía, el programa de rehabilitación incorpore una carga óptima progresiva para prevenir la
atrofia muscular, la pérdida de fuerza y, posteriormente, facilitar la recuperación funcional.
El uso de la estimulación eléctrica puede apoyar la preservación de la fuerza, al
proporcionar un estímulo para activar las unidades motoras, que pueden inhibirse debido a la
IMA/AMI. El uso de la estimulación eléctrica y las contracciones isométricas voluntarias pueden
apoyar la masa muscular y la preservación de la fuerza en la fase inicial (Hauger, et al., 2018).
Particularmente durante las primeras fases de la rehabilitación, se debe garantizar que el
estímulo de entrenamiento aplicado no sea excesivo y cause sobrecarga de tejido. La medición
del dolor mediante el uso de la escala analógica visual debe tomarse regularmente y
registrarse. La hinchazón se puede medir con la circunferencia de las extremidades
diariamente, pues de hecho se ha demostrado que la medición de la circunferencia de la rodilla
en la rótula tiene una fuerte fiabilidad y una buena sensibilidad al cambio y monitoreo
(Jakobsen, et al., 2010). Dentro de la rodilla, se demostró que el cambio mayor a un centímetro
es clínicamente significativo (Buckthorpe, et al., 2019).
Estrategias para maximizar y acelerar la recuperación de la fuerza después de la
RLCA
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2700 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
Resulta imprescindible que el fisioterapeuta maneje las bases del entrenamiento físico
para incorporar un programa de entrenamiento de fuerza periodizado. Después de la resolución
satisfactoria del dolor, la hinchazón y la IMA/AMI, es importante incorporar un programa de
entrenamiento de fuerza periodizado para restaurar completamente la función neuromuscular
de los flexo-extensores de rodilla, así como de otros músculos.
La restauración de la función del cuádriceps requiere la aplicación de los principios de
fuerza y acondicionamiento aplicados al atleta lesionado (Reiman & Lorenz, 2011). Es
importante no dejar a un lado a los isquiotibiales que siempre son tomados como secundarios,
a pesar de ser ellos quienes frenan las fuerzas de desplazamiento anterior de la tibia. Entender
cómo funcionan las fuerzas y adaptarlas al programa terapéutico es lo que se consideraría un
reacondicionamiento muscular óptimo.
Las estrategias clave después del RLCA son restaurar la masa muscular, la fuerza, la
fuerza explosiva, la potencia y la coordinación (por ejemplo, la capacidad de usar esta fuerza
en movimientos específicos del deporte). Un desafío significativo para los especialistas en
rehabilitación es diseñar programas de entrenamiento óptimos que faciliten las adaptaciones
neuronales y musculotendinosas, teniendo en cuenta las limitaciones de curación biológica y la
seguridad (Lorenz, et al., 2010; Lorenz & Morrison, 2015).
Para restaurar completamente el rendimiento neuromuscular después de RLCA, es
importante incorporar un programa de entrenamiento neuromuscular periodizado, respetando
los tiempos de curación de los tejidos y la recuperación funcional individualizada de los
pacientes. La periodización se puede definir como la manipulación planificada de las variables
de entrenamiento (carga, conjuntos y repetición) con el fin de maximizar las adaptaciones de
entrenamiento y prevenir el sobreentrenamiento (Lorenz, et al., 2010). Es escasa la evidencia
sobre el mejor enfoque de periodización después del RLCA, pero es la opinión de algunos
expertos que el uso de la periodización en la rehabilitación es superior a los enfoques no
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periodizados y el uso de enfoques no lineales, respetando las fases de rehabilitación (Reiman
& Lorenz, 2011).
Al diseñar el programa, es importante comprendermo las variables de
entrenamiento pueden manipular el resultado de este. Esto implica comprender cómo los
cambios en la carga/intensidad, el volumen y las configuraciones de conjunto pueden influir en
las adaptaciones de fuerza (y su mecanismo asociado) después de RLCA, colocado junto con
el proceso de recuperación funcional (Buckthorpe, et al., 2019).
En este orden de ideas, surge una interrogante para investigaciones futuras la cual es
¿el personal de rehabilitación realmente se prepara para la planificación, periodización,
programación, prescripción y dosificación del ejercicio en función de los tiempos adaptativos de
los tejidos y aprovechando las diferentes ventajas que ofrece el entrenamiento de la fuerza?
Abordajes que involucren la combinación terapéutica con sus diferentes herramientas más la
carga progresiva, demuestran resultados superiores en los protocolos de rehabilitación (García,
T. 2024).
Las consideraciones importantes en términos de entrenamiento de resistencia son: 1)
la tensión mecánica en el músculo; 2) el estrés metabólico inducido a través del entrenamiento
y 3) el alcance del daño muscular. La tensión mecánica se refiere a la carga del músculo y se
propone alterar las estructuras musculares esqueléticas, comprometiendo la integridad de las
fibras musculares individuales, llevando a respuestas celulares a través de la estimulación de la
vía mTOR (es una de las principales rutas de señalización intracelular que regula el crecimiento
celular, la síntesis de proteínas, la proliferación, el metabolismo, y la supervivencia de las
células) (Hornberger, et al., 2006). El estrés metabólico local implica la acumulación de
subproductos metabólicos como los iones de hidrógeno y el lactato sanguíneo de la glucólisis
rápida (Godfrey, et al., 2003; Tesch, et al., 1986), que luego estimulan el catabolismo; mientras
que se propone que el daño muscular conduzca a respuestas hipertróficas secundarias como
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respuesta a la ruptura de la homeostasis, la posterior inflamación y la regulación ascendente de
la síntesis muscular para reparar el tejido. La manipulación de diversas variables de
entrenamiento de resistencia puede influir en la fuerza y el tamaño muscular e incluye el
volumen del entrenamiento, la carga de la intensidad del ejercicio, la frecuencia del
entrenamiento, el entrenamiento hasta el fracaso, la variación del ejercicio, el tipo de
contracción y la recuperación entre esfuerzos. Tener en cuenta estos factores es importante al
diseñar un programa de entrenamiento de resistencia óptimo para pacientes con RLCA
(Buckthorpe, et al., 2019).
En general, parece que el entrenamiento de resistencia de alto volumen es necesario
para lograr una mayor fuerza y tamaño muscular. Schoenfeld et al. (2016) concluyeron que el
entrenamiento de resistencia de alto volumen produce mayores ganancias en masa muscular
que el entrenamiento de bajo volumen. Se cree que el primero puede mejorar las ganancias de
masa muscular debido al estrés metabólico prolongado (Goto, et al., 2005). Sin embargo, existe
un límite entre un alto volumen de entrenamiento y un volumen exagerado que puede conducir
a un exceso que conlleve estrés articular o sobrecarga de tejidos.
En este sentido, Amirthalingam et al. (2017) no encontraron diferencias significativas
en la hipertrofia muscular al entrenar con 5 series de 10 repeticiones frente a 10 series de 10
repeticiones durante seis semanas de entrenamiento. Como tal, se cree que el volumen y la
adaptación muscular no están relacionados linealmente, sino que siguen una forma de "U"
invertida con un volumen de entrenamiento óptimo para provocar hipertrofia muscular y fuerza
(Schoenfeld, 2016). Este valor exacto no se conoce y puede estar relacionado con el individuo,
el historial de entrenamiento, el reclutamiento, las estrategias de recuperación, así como el
estilo de vida fuera de la clínica (por ejemplo, prácticas de recuperación suficientes, sueño,
nutrición y descanso, etc.) y las posibles consecuencias biológicas no resueltas de la lesión
(por ejemplo, dolor, hinchazón y AMI) (Buckthorpe, et al., 2019).
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Se cree que la tensión o carga mecánica, típicamente presentada como un porcentaje
de la carga máxima que se puede levantar, es importante para maximizar la hipertrofia
muscular y la fuerza. Esto se debe a que el aumento de la carga resulta en una mayor tensión
mecánica en el músculo, que es un estímulo importante. El Colegio Americano de Medicina
Deportiva (ACSM) recomienda cargas de 60-70% 1RM para el desarrollo hipertrofia muscular y
70-85% para la fuerza (American College of Sports Medicine, 2002); aunque es importante
resaltar que el trabajo de fuerza / hipertrofia va mucho mas alla de un foque lineal como el que
se presenta en esta revision y dichos valores propuestos sirven de guia a profesionales con
conocimiento basico o moderado de entrenamiento de fuerza. Tradicionalmente se pensaba
que eran necesarias cargas muy altas para lograr la activación de todas las unidades motoras
tipo II basadas en el principio de tamaño de Henneman (1957) y lograr hipertrofia muscular
completa (dirigida a todas las unidades motoras). No obstante, se sugiere que un
entrenamiento más bajo de carga también recluta fibras musculares de contracción rápida,
siempre que el conjunto de trabajo continúe cerca de la fatiga muscular (Burd, et al., 2010). Al
parecer no hay diferencia o, como mucho, una pequeña tendencia hacia la hipertrofia muscular
mayor con un entrenamiento de resistencia a la carga más alta en comparación con el
entrenamiento de baja carga en términos de hipertrofia muscular (Buckthorpe, et al., 2019).
La intensidad del conjunto de entrenamiento, sin embargo, puede tener efectos
marcados en otras variables, como la fuerza excéntrica máxima y la tasa de desarrollo de la
fuerza (RFD). Por ejemplo, se ha demostrado que el entrenamiento de resistencia convencional
utilizando cargas máximas del 70% mejora la fuerza muscular máxima y la hipertrofia muscular
(American College of Sports Medicine, 2002; Tillin, et al., 2011), pero resulta en una reducción
en la RFD relativa (escalada a la fuerza voluntaria máxima) y no se producen cambios en la
RFD (Mangine, et al., 2016; Tillin, et al., 2011). La importancia de la RFD en el programa de
rehabilitación se ha discutido recientemente (Buckthorpe & Roi, 2017) y es evidente que
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después de la restauración completa de la fuerza muscular post RLCA todavía hay déficits
significativos del 30% en RFD (Mangine, et al., 2016). La RFD solo se restauró después de un
período posterior de entrenamiento de potencia 12 meses post cirugía. Recientemente,
Mangine et al. (2016) mostraron que el entrenamiento de resistencia de intensidad moderada
con cargas al 70% 1RM durante ocho semanas no resultó en ningún cambio en RFD, mientras
que el entrenamiento de fuerza con cargas altas (90% máximo) provo grandes aumentos en
RFD (+70%). Cada intensidad de entrenamiento puede provocar adaptaciones subyacentes
específicas y evocar diferentes alteraciones en las variables mecánicas (fuerza, potencia,
RFD). Evidentemente, el entrenamiento de fuerza de alta carga (>85-90% 1RM) solo se puede
implementar después de una recuperación satisfactoria del rango de movimiento, dolor e
hinchazón, AMI y suficiente masa muscular para tolerar estas altas fuerzas (Houglum, 2010).
Se recomienda utilizar un programa de entrenamiento de resistencia periodizado a lo
largo del ciclo de rehabilitación del LCA, comenzando con una recuperación postoperatoria
óptima, antes del entrenamiento de resistencia de cargas de volumen moderado a alto hasta
vencer la incapacidad de promover las ganancias de fuerza iniciales y la hipertrofia de todas las
unidades motoras (logradas en gran medida a través de estímulos de estrés metabólicos). En
este momento la articulación está más comprometida con la carga y probablemente no puede
tolerar altas fuerzas. Posteriormente debe haber un período de entrenamiento de resistencia de
intensidad moderada a alta (70-80% 1RM) con volumen moderado a alto (5-8 series), con el
objetivo de restaurar completamente el tamaño muscular y maximizar la fuerza. En las etapas
finales se utiliza fuerza de muy alta intensidad durante el entrenamiento (90%, / -4RM) y
volúmenes más bajos que en las primeras fases de rehabilitación para apuntar a la activación
voluntaria máxima, la fuerza muscular máxima excéntrica y restaurar la potencia y la fuerza
explosiva (Buckthorpe & Roi, 2017). En la figura 1 se muestra un ejemplo de esquema general
de un programa de entrenamiento como el que se describe.
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En relación con esto, es importante respetar la curación del tejido, la respuesta
articular y las adaptaciones individuales, y producir un estímulo mínimo en el período de
recuperación postoperatoria para preservar la masa muscular, pero no sobrecargar la
articulación. Es necesario comprender la naturaleza de utilizar la movilización inmediata de la
rodilla y el entrenamiento de fuerza/neuromuscular lo antes posible posterior a la cirugía. El
movimiento pasivo continuo y el refuerzo funcional deben evitarse (Andrade, et al., 2020).
Figura 1
Esquema general de un programa de entrenamiento de resistencia periodizado después de la
cirugía reconstructiva del LCA
Nota. Fuente: Buckthorpe M, La Rosa G, Villa FD (2019).
Una representación gráfica de un esquema general de un programa de entrenamiento
de resistencia periodizado después de la cirugía reconstructiva del ligamento cruzado anterior
(las líneas de tiempo son para un paciente que regresa al deporte alrededor de los 6 meses). El
programa comienza con baja intensidad y volumen, para preservar la masa muscular y la
fuerza tanto como sea posible en el período postoperatorio. Tiene un aumento gradual de la
intensidad y el volumen para promover la hipertrofia muscular, la resistencia muscular y la
recuperación de la fuerza a cargas bajas a moderadas, cuando el atleta todavía está
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2706 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
comprometido con la carga. Progresa a entrenamiento de fuerza de intensidad moderada a alta
con volumen de moderado a alto en la tercera etapa antes de una intensidad muy alta y
volúmenes más bajos en la etapa final antes de volver al deporte.
Los seres humanos poseen una farmacia biológica incorporada llamada músculos.
Producir mioquinas como factor neuromodulador y bioquímico para la optimización del post
operatorio del LCA a través de la dosificación de la fuerza, es nuestro mejor aporte desde la
dinámica rehabilitadora y optimizativa (García, 2024).
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Hablar sobre el ligamento cruzado anterior, sus mecanismos lesivos y sus procesos
quirúrgicos resulta controversial dentro de la comunidad científica y específicamente de las
ciencias de la salud. Al tratarse de una lesión tan complicada en un medio de sujeción pasivo
tan importante como lo es el LCA, el proceso educativo sobre el mismo requiere de una
revisión exhaustiva para determinar las mejores formas o herramientas de abordaje. Es que
precisamente es posible considerar como una problemática no solo la propia lesión, sino lo que
ocurre en la rodilla y a nivel cortical posterior al daño o remplazo de esta estructura
ligamentosa. Se han presentado diversos estudios sobre los efectos que ocurren aun posterior
a los 2 años del procedimiento quirúrgico y las estadísticas confirman que la rodilla nunca
vuelve a ser completamente igual que antes desde el punto de vista neuro-propioceptivo. Esto
resulta coherente ya que propiamente el ligamento cruzado anterior tiene una inervación que le
permite enviar información mecánica, propioceptiva y nociceptiva sobre la rodilla. Una gran
cantidad artículos comentan que en el proceso de ligamentizacion el injerto del LCA se
convierte desde un punto de vista funcional en ligamento, pero carece hasta cierto aspecto de
las características exactas del cruzado anterior.
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A eso debemos sumarle el hecho de que los protocolos fisioterapéuticos son variados
y en el caso de los abordajes estudiados han resultado ser inclusive ineficientes para atender
las verdaderas demandas de rehabilitación; pues más allá de ganar la fuerza o trofismo del
cuádriceps, se debe entender que existen otras musculaturas implicadas igual de importantes
para atender, como son los isquiotibiales (muy poco se documenta de ellos y su importancia en
la prevención y recuperación del LCA).
Asimismo, los procesos de recuperación han resultado ser muy conservadores en la
mayoría de los casos, enfocándose más en resolver la inflamación y el dolor con terapia
manual y agentes físicos, anexando cinesiterapia pasiva y la mayoría de las veces dolorosa
para buscar resolver una de las problemáticas agudas de la rodilla, la cual es recuperar los
grados de flexión necesaria. Debe entenderse que tanto los agentes físicos como la terapia
manual son un poderoso recurso, pero debe combinarse con ejercicio físico. Muchos médicos e
inclusive terapeutas recomiendan comenzar los ejercicios de fuerza posterior a 4 u 8 semanas
de la operación, sin entender que la clave desde el punto de vista neurofisiológico recae en
hacer un buen proceso preoperatorio donde se busque más allá del trofismo, la mejora de la
fuerza y el reclutamiento desde un punto de vista neural. Es importante igualmente combatir la
inhibición muscular artrogénica, así como las alteraciones espinales y corticales que van a
ocurrir en el proceso de ligamentizacion, que puede tardar hasta más de 24 meses y que aun
demuestra cambios relevantes más allá de este tiempo. Desde un punto de vista funcional, el
ejercicio físico y la especificidad juegan un papel fundamental en el proceso de recuperación de
cualquier lesión, mucho más sobre la del ligamento cruzado anterior ya que la rodilla es la
articulación de naturaleza estable primordial del tren inferior.
Existen abordajes que podrían permitir una evolución satisfactoria dentro de las
primeras semanas de trabajo, en las fases de necrosis (0 a 3 semanas) y proliferación (4 a 12
semanas), que es justamente donde se busca ser excesivamente conservadores, respecto a
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las fases de remodelación (3 a 6 meses) y maduración (1 a 2 años). El entrenamiento de la
fuerza podría ser altamente beneficioso en las etapas agudas o tempranas posterior a la
operación, ya que puede ser utilizado de manera indirecta a través de la educación cruzada
(entrenar el segmento sano lo más pronto posible post cirugía), el entrenamiento de la fuerza
sobre el core y el tren superior; así como el entrenamiento oclusivo (BFR) para producir
mioquinas que ayuden a regular los procesos inflamatorios y neurocognitivos (como el BDNF)
mitigando las alteraciones y recuperando al organismo de la forma más rápida en función de
los tejidos comprometidos. Entender que el músculo es considerado actualmente como el
órgano endocrino más grande del cuerpo precisamente por los beneficios que nos permite la
contracción muscular, es la clave para estimular de manera temprana los mecanismos
autógenos de recuperación. Como se comentó anteriormente, el ser humano posee una gran
farmacia biológica dentro de su organismo, y los músculos son precisamente aquellos que
liberan centenares de mediadores (hasta la fecha +500 estudiados) que pueden ayudar a
combatir todas las complicaciones y dificultades que ocurren en los procedimientos quirúrgicos.
Ahora bien, ¿qué ejercicios debemos utilizar para atender las necesidades en cada
etapa? La literatura apunta a ejercicios de cadena cinética cerrada seguidos de los ejercicios
de cadena cinética abierta. Una de las ventajas que proponen las cadenas cinéticas cerradas
se encuentra precisamente en la mejora de la coordinación intermuscular entre articulaciones y
grupos musculares, que en etapas tempranas juegan un papel mucho más importante que solo
recuperar el trofismo del cuádriceps, a través de ejercicios orientados a la cadena cinética
abierta. Ahora bien, los ejercicios isométricos pueden servir como una progresión y
posteriormente como un puente entre los trabajos más globales (cadenas cinéticas cerradas) o
específicos (cadenas cinéticas abiertas), dirigidos hacia una o un conjunto de articulaciones del
segmento o miembro inferior comprometido.
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Termina siendo un arte entonces, combinar las mejores estrategias posibles en el
escenario post quirúrgico. La National Strength and Conditioning Association (Asociación
Nacional de Fuerza y Acondicionamiento) establece que dentro del acondicionamiento físico
primero se deberían hacer los ejercicios multiarticulares y posteriormente los monoarticulares.
Lógicamente, en una rodilla que no tenga los rangos completos de movimiento, es una
prioridad restablecer al menos el flexo/extensión funcional (0 de extensión y 90 o 100 grados de
flexión), para poder iniciar ejercicios de CCC propiamente en el segmento de forma libre (sin
carga en las primeras semanas). Una vez los rangos funcionales y la deambulación sean
óptimas, se recomiendan los trabajos de orientación espacial para trabajar las alteraciones
propioceptivas presentes; donde cerrar los ojos y desplazarse, hacer apoyos unipodales con
ojos abiertos y cerrados, hacer movimientos multiplanares de concientización preferiblemente
descalzo puede aportar grandes beneficios.
La revisión de los materiales presentados en este trabajo arroja resultados no
concluyentes sobre cuál es el mejor protocolo de trabajo en el proceso post operatorio del
ligamento cruzado anterior. Sin embargo, se sugiere seguir una línea fisiológica coherente con
los beneficios que se estudian y aportan en cada referente estudiado, entendiendo los factores
de riesgo y trabajando desde la prevención en ellos; mejorando la fuerza en la pierna
comprometida de forma indirecta en etapas tempranas a la operación de LCA y directa en
etapas s avanzadas, para contrarrestar las alteraciones corticales presentes y producir el
mejor recurso no farmacológico en el cuerpo llamado mioquinas. Estas resultan muy útiles para
combatir las concentraciones de miostatina en el cuádriceps afectado, así como para brindarle
los mejores mediadores angiogénicos, osteogénicos e inflamatorios a la rodilla.
Finalmente, desde el punto de vista funcional, el tejido usado como injerto presenta
colágeno tipo I (80-90% del contenido total de colágeno) y el recambio de colágeno tarda entre
unos 300 a 500 días (Stecco & Schleip, 2016). Esto se debe tener en cuenta al aplicar las
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cargas específicas de la disciplina deportiva o de la biomecánica propia del LCA dentro de los
procesos de rehabilitación, entendiendo que sobre todo en la fase de remodelación las
direcciones de las fibras colágenas van el sentido de las cargas aplicadas. Lo planteado
conlleva a dos conclusiones principales: 1) que no existe un protocolo único que pueda ser
aplicado a todas las personas, ya que la individualidad biológica, la especificidad de las tareas
y la especialización del deporte, requerirá mecanismos de abordajes ajustados a las
necesidades particulares de las personas, 2) que el fisioterapeuta deberá entender y estudiar
además de los abordajes terapéuticos, la periodización, programación, prescripción y
dosificación del ejercicio, basándose en los tiempos de curación del tejido.
Declaración de conflicto de interés
El autor declara no tener ningún conflicto de interés relacionado con esta investigación.
Declaración de contribución a la autoría
Tony Alexander García Carballo: conceptualización, curación de datos, análisis formal,
adquisición de fondos, investigación, metodología, administración del proyecto, recursos,
software, supervisión, validación, visualización, redacción del borrador original, revisión y
edición de la redacción.
Declaración de uso de inteligencia artificial
El autor declara que utilizó la inteligencia artificial como apoyo para el perfeccionamiento
de la redacción del resumen este artículo, y también que esta herramienta no sustituye de
ninguna manera la tarea o proceso intelectual. Después de rigurosas revisiones con diferentes
herramientas en la que se comprobó que no existe plagio como constan en las evidencias, el
autor manifiesta y reconoce que este trabajo fue producto de un trabajo intelectual propio, que
no ha sido escrito ni publicado en ninguna plataforma electrónica o de IA.
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2711 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
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