Forma Descripción generada automáticamente
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Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias
Volumen 3, Número 2, 2026, abril-junio
DOI: https://doi.org/10.71112/c39dnv85
LOS LÍMITES EPISTEMOLÓGICOS DEL DESIGN THINKING: INNOVACIÓN, MITO Y
RACIONALIZACIÓN CONTEMPONEA
THE EPISTEMOLOGICAL LIMITS OF DESIGN THINKING: INNOVATION, MYTH
AND CONTEMPORARY RATIONALIZATION
Javier Alfonso Mendoza Betin
Colombia
DOI: https://doi.org/10.71112/c39dnv85
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Los límites epistemológicos del design thinking: innovación, mito y
racionalización contemponea
The epistemological limits of design thinking: innovation, myth and
contemporary rationalization
Dr. Javier Alfonso Mendoza Betin
a
,*
j.mendozabetin@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-8355-8581
*Autor de correspondencia: j.mendozabetin@gmail.com,
a
UNINI Mexico, Colombia.
RESUMEN
El presente ensayo analiza críticamente el Design Thinking desde perspectivas
epistemológicas, ontológicas, dialécticas y complejas, interpretándolo no solo como
metodología de innovación, también como un mito contemporáneo socialmente construido y
legitimado institucionalmente. A partir de un enfoque cualitativo crítico-hermenéutico y
transdisciplinario, se realiza un análisis documental de literatura filosófica y científica indexada
en Scopus, Web of Science y otras bases de alto impacto publicadas principalmente entre 2018
y 2025. El estudio confronta posturas pragmáticas que defienden la eficacia del Design
Thinking con perspectivas críticas que cuestionan su universalización, debilidad epistemológica
y función como narrativa organizacional moderna. Los resultados evidencian que, aunque el
Design Thinking facilita creatividad, innovación y adaptabilidad organizacional, su expansión
global responde también a dinámicas de legitimación simbólica, poder institucional y discursos
contemporáneos de innovación. Se concluye que el Design Thinking constituye
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simultáneamente una herramienta operativa y un mythos organizacional contemporáneo
parcialmente desvinculado del logos filosófico clásico.
Palabras clave: design thinking; epistemología crítica; mythos y logos; innovación
organizacional; mito racionalizado contemporáneo.
ABSTRACT
This essay critically analyzes Design Thinking from epistemological, ontological, dialectical, and
complex perspectives, interpreting it not only as an innovation methodology but also as a
socially constructed and institutionally legitimized contemporary myth. Through a qualitative
critical-hermeneutic and transdisciplinary approach, a documentary analysis of philosophical
and scientific literature indexed in Scopus, Web of Science, and other high-impact databases
published mainly between 2018 and 2025 is conducted. The study confronts pragmatic
positions that defend the effectiveness of Design Thinking with critical perspectives that
question its universalization, epistemological fragility, and function as a modern organizational
narrative. The findings reveal that, although Design Thinking promotes creativity, innovation,
and organizational adaptability, its global expansion also responds to dynamics of symbolic
legitimization, institutional power, and contemporary innovation discourses. It is concluded that
Design Thinking simultaneously constitutes an operational tool and a contemporary
organizational mythos partially detached from classical philosophical logos.
Keywords: design thinking; critical epistemology; mythos and logos; organizational innovation;
contemporary rationalized myth.
Recibido: 26 mayo 2026 | Aceptado: 9 junio 2026 | Publicado: 10 junio 2026
DOI: https://doi.org/10.71112/c39dnv85
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INTRODUCCIÓN
Durante las últimas décadas, el Design Thinking se ha consolidado como uno de los
enfoques más influyentes en innovación, gestión organizacional, emprendimiento y
transformación institucional. Su expansión global ha sido impulsada por universidades,
consultoras, empresas y organismos públicos que lo presentan como una metodología capaz
de resolver problemas complejos mediante creatividad, empaa y trabajo colaborativo. Sin
embargo, detrás de esta legitimación surge una pregunta epistemológica central: ¿el Design
Thinking constituye realmente una construcción sustentada desde el logos científico o funciona
como un mito racionalizado contemporáneo?
El presente ensayo analiza críticamente el Design Thinking desde marcos dialécticos,
complejos y críticos, articulando filosofía del mito, epistemología, ontología y teoría
organizacional. A diferencia de otros estudios centrados en su utilidad práctica, este trabajo
propone una lectura filosófica que interpreta el Design Thinking simultáneamente como
metodología operativa, paradigma organizacional emergente y narrativa simbólica
naturalizadora.
El principal aporte original del ensayo consiste en sostener que el Design Thinking
facilita creatividad e innovación en determinados contextos, pero su universalidad ha estado
impulsada s por dinámicas de justificación institucional, discursos gerenciales y estructuras
de poder académico-corporativas que por una fundamentación epistemológica sólida y
universal desde el logos crítico. Desde esta perspectiva, el Design Thinking representa uno de
los mitos sistematizados más representativos de la sociedad contemporánea de la innovación.
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Figura 1
Modelo epistemológico y crítico del Design Thinking como mythos organizacional moderno.
Nota: La figura sintetiza las tensiones epistemológicas, ontológicas, éticas y
organizacionales que estructuran el análisis crítico del Design Thinking. El modelo integra
perspectivas pragmáticas y críticas provenientes de la filosofía del mito, epistemoloa crítica,
pensamiento complejo y teoría organizacional, interpretando el Design Thinking
simultáneamente como metodología operativa de innovación y como mythos organizacional
contemporáneo legitimado institucionalmente. Elaboración propia con base en Barthes (1957),
Blumenberg (1979), Kuhn (1962), Morin (1990), Brown (2008), Martin (2009), Pettersen y
Moldenæs (2022), Lee (2021), Micheli et al. (2019) y Verganti et al. (2021).
METODOLOGÍA
En el entorno de expansión de las metodologías de innovación, el Design Thinking se
ha consolidado como una de las más influyentes en innovación, educación, gestión y
transformación organizacional. Su rápida expansión ha trascendido el ámbito del diseño para
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incorporarse en el sector real, posicionándose como una herramienta capaz de resolver
problemas complejos mediante innovación y trabajo colaborativo. No obstante, más allá de su
aparente eficacia instrumental, el crecimiento del Design Thinking ha despertado importantes
debates filosóficos, epistemológicos, ontológicos, éticos y políticos relacionados con las formas
contemporáneas de la producción científica.
En este escenario, el trabajo tiene como propósito analizar críticamente el Design
Thinking desde marcos dialécticos, complejos y críticos, interpretándolo simultáneamente como
metodología pctica de innovación, enfoque contemporáneo de gestión y discurso aceptado
formalizado. La investigación parte de la premisa de que el Design Thinking no constituye
únicamente un conjunto de herramientas metodogicas orientadas a la resolución de
problemas, sino también una construcción discursiva y simbólica reconocida por universidades,
consultoras, empresas multinacionales, organismos públicos y comunidades académicas que lo
presentan como solución universal para la innovación organizacional y social.
Pregunta de investigación, objetivo general y metodología
El ensayo parte de la siguiente pregunta de investigación: ¿hasta qué punto el Design
Thinking constituye una metodología sustentada epistemológicamente desde el logos científico
o representa un mito racionalizado contemponeo legitimado institucionalmente dentro de la
sociedad de la innovación? A partir de este interrogante, el objetivo general consiste en analizar
críticamente el Design Thinking desde marcos dialécticos, complejos, ontológicos y
epistemológicos, con el fin de comprender sus relaciones con los procesos contemporáneos de
validación y generación de conocimiento científico.
Metodológicamente, el trabajo se desarrolla desde un enfoque cualitativo de carácter
crítico-hermenéutico y transdisciplinario, articulando elementos de filosofía del mito,
epistemología crítica, ontoloa, pensamiento complejo, teoría organizacional y estudios
contemporáneos sobre innovación. El método empleado corresponde al análisis documental y
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hermenéutico de literatura científica y filosófica especializada, orientado a interpretar las
tensiones existentes entre mythos, logos, racionalidad metodológica e institucionalidad
alrededor del Design Thinking.
Desde estas perspectivas, autores como Barthes (1957), Blumenberg (1979), Kuhn
(1962), Morin (1990), Pettersen y Moldenæs (2022), Verganti et al. (2021), Micheli et al. (2019)
y Lee (2021) permiten problematizar las tensiones existentes entre racionalidad técnica,
validación institucional, producción simbólica y relaciones de dominación alrededor del Design
Thinking. De igual manera, investigaciones recientes en educación, salud, sostenibilidad e
innovación organizacional evidencian tanto sus aportes prácticos como sus limitaciones
epistemológicas y contextuales (McLaughlin et al., 2019; Baldassarre et al., 2024; Alvarado,
2025; Fitriyah et al., 2025).
En términos metodológicos, el corpus literario utilizado fue seleccionado bajo criterios de
pertinencia temática, impacto académico, actualidad y diversidad epistemológica. Se
priorizaron artículos científicos, revisiones sistemáticas y obras filosóficas clásicas y
contemporáneas indexadas en bases de datos de alto impacto como Scopus, Web of Science,
Springer, Wiley, Frontiers, Elsevier y revistas especializadas en innovación, gestión, filosofía y
educación. Igualmente, se incorporaron textos fundacionales de filosoa y epistemología que
permiten comprender las relaciones entre mythos, logos, paradigma, complejidad y acreditación
del conocimiento. El criterio temporal se concent principalmente en investigaciones
publicadas entre 2018 y 2025 sobre Design Thinking, complementadas con autores clásicos
indispensables para el desarrollo teórico y crítico del ensayo.
A partir de esta selección, el desarrollo del trabajo se estructura en tres grandes ejes
analíticos interrelacionados. En primer lugar, se realiza una evaluación dialógica,
multidimensional y reflexiva del Design Thinking como discurso representativo estandarizado,
explorando las tensiones entre pragmatismo organizacional y crítica epistemológica.
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Posteriormente, se profundiza en las dimensiones éticas, sociales, políticas y
transdisciplinarias asociadas a su expansión global, enfatizando las relaciones entre
conocimiento, poder y aceptación corporativa. Finalmente, el ensayo propone una lectura
integradora que articula ciencia, filosofía y sociedad para comprender el Design Thinking como
metodología de innovación, además como fenómeno cultural y epistemológico característico de
la sociedad contemporánea del conocimiento.
El principal aporte original de este ensayo radica en trasladar el análisis del Design
Thinking desde una discusión predominantemente metodológica y organizacional hacia una
problematización filosófica, epistemológica y crítica sustentada en las relaciones entre mythos,
logos, validación social y reconfiguración racional actual. A diferencia de gran parte de la
literatura existente centrada en creatividad, innovación, prototipado y resolución de
problemas este trabajo propone interpretar el Design Thinking como un fenómeno
simultáneamente metodológico, simbólico y político, cuya universalidad responde no solo a
resultados operativos verificables, también a dinámicas contemporáneas de poder, validación
académica y construcción discursiva.
Asimismo, el ensayo incorpora de manera articulada marcos dialécticos, pensamiento
complejo, epistemología crítica y filosofía del mito para cuestionar las bases ontológicas y
epistemológicas del Design Thinking, aspecto escasamente desarrollado en los estudios
tradicionales sobre innovación organizacional. Desde esta mirada, el trabajo introduce una
lectura rigurosa que sostiene que el Design Thinking facilita creatividad e innovación aplicada,
pero carece parcialmente de logos filosófico profundo, debido a que privilegia acción,
prototipado y solucionismo metodológico sobre reflexión valorativa, complejidad estructural y
fundamentación epistemológica robusta.
En consecuencia, el ensayo propone comprender el Design Thinking sin perjuicio de ser
una herramienta de innovación, como uno de los mitos estructurados más representativos de la
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sociedad moderna del conocimiento, respaldado mediante el sector real y discursos globales
de transformación organizacional. Esta aproximación busca ampliar el debate académico sobre
innovación, incorporando dimensiones filosóficas, éticas, políticas y transdisciplinarias
usualmente subordinadas dentro de la literatura tradicional del Design Thinking.
Análisis dialéctico, complejo y crítico del Design Thinking como mito racionalizado
contemporáneo.
El análisis del Design Thinking trasciende una discusión exclusivamente metodológica y
requiere una comprensión filosófica, epistemológica y organizacional más amplia. Desde esta
perspectiva, la aplicación de marcos hermenéuticos, holísticos y cuestionadores permite
interpretar el femeno no solamente como una herramienta de innovación, también como una
construcción figurativa, corporativa y argumentativa que articula conocimiento, legitimidad y
poder.
Desde el enfoque dialéctico, el Design Thinking puede comprenderse mediante la
relación tesis-antesis-síntesis. La tesis está representada por las posturas pragmáticas y
gerenciales que defienden el Design Thinking como una metodología efectiva para resolver
problemas organizacionales, promover creatividad y fortalecer procesos de innovación (Brown,
2008; Martin, 2009; Liedtka, 2018). Bajo esta lógica, la metodología se legitima a partir de
resultados verificables, prototipado, aprendizaje organizacional y transformación institucional.
Estudios emricos recientes han mostrado impactos positivos en resiliencia organizacional,
creatividad, trabajo colaborativo y sostenibilidad (Mendoza-Betin, 2021; Mayer & Schwemmle,
2024; Schlott, 2024).
Sin embargo, la antítesis nace desde perspectivas críticas que cuestionan la
universalización del Design Thinking. Pettersen y Moldenæs (2022) sostienen que esta
metodología opera como una master idea o mito racional actualizado, debido a que promete
soluciones organizacionales aplicables a cualquier contexto institucional. De forma
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complementaria, Lee (2021) critica el paradigma del making y advierte que muchas
aproximaciones al Design Thinking reducen la complejidad organizacional a ejercicios
superficiales de creatividad y prototipado. Micheli et al. (2019) también señalan que existe
dispersión conceptual y debilidad epistemológica en torno al concepto, mientras que Verganti et
al. (2021) afirman que el Design Thinking requiere una evolución crítica que evite convertirse en
una receta universalista de innovación.
Confrontación epistemológica entre las perspectivas pragmáticas y críticas del Design
Thinking
Las tensiones epistemológicas alrededor del Design Thinking emergen con mayor
claridad al confrontar las posturas prácticas que defienden su utilidad metodológica con las
perspectivas disidentes que cuestionan sus fundamentos filosóficos y su generalización actual.
Desde el enfoque empírico, Brown (2008) sostiene que el Design Thinking constituye una
metodología capaz de transformar compañías a través de innovación. Para este autor, el
principal valor del enfoque radica en su capacidad para resolver desafíos multidimensionales a
través de procesos iterativos centrados en las necesidades humanas. En una línea similar,
Liedtka (2018) argumenta que el Design Thinking funciona porque reduce incertidumbre,
fortalece aprendizaje organizacional y facilita innovación mediante prototipos y validación
continua.
De manera complementaria, Martin (2009) interpreta el Design Thinking como una
ventaja competitiva organizacional capaz de integrar pensamiento analítico y intuitivo dentro de
los procesos de gestión. Buchanan (1992), por su parte, considera que el Design Thinking
resulta especialmente pertinente frente a los wicked problems o problemas complejos
modernos, debido a que posibilita articular múltiples disciplinas y perspectivas para abordar
escenarios ambiguos e inciertos. Bajo estas posturas, el Design Thinking aparece validado
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principalmente desde su eficacia práctica, adaptabilidad organizacional y capacidad de
innovación aplicada.
Sin embargo, las perspectivas críticas cuestionan precisamente que dicha validación
empírica sea suficiente para otorgarle una fundamentación epistemológica sólida y universal.
Pettersen y Moldenæs (2022) argumentan que el Design Thinking opera como una master idea
del presente, es decir, como un discurso organizacional ampliamente aceptado que favorece
soluciones universales sin importar donde se implementen. Desde esta óptica, su expansión
mundial no se explica exclusivamente por evidencia empírica robusta, sino también por
dinámicas de poder académico, corporativo e institucional que favorecen su difusión como
discurso dominante de innovación.
De manera similar, Lee (2021) critica el uso de Design Thinking porque reduce la
complejidad estructural de los problemas sociales y organizacionales a ejercicios
metodológicos simplificados basados en creatividad, prototipado y solución rápida de desafíos.
Según esta postura, el enfoque privilegia la acción inmediata sobre la reflexión ontológica y
epistemológica profunda, generando una lógica de solucionismo donde la innovación se
convierte en valor absoluto desvinculado de análisis históricos, políticos o estructurales.
Desde la filosofía del mito, Barthes (1957) permite comprender que el Design Thinking
puede funcionar como una narrativa socialmente aceptada que naturaliza determinados
discursos organizacionales hasta convertirlos en aparentes verdades universales. En este
sentido, conceptos como creatividad, innovación, trabajo en equipo y empatía son presentados
frecuentemente como soluciones inherentemente positivas, invisibilizando las relaciones de
poder, mercado y respaldo institucional que acompañan su expansión. Complementariamente,
Blumenberg (1979) sostiene que la modernidad no elimina el mito, por el contrario, produce
nuevos mitos codificados capaces de otorgar sentido y legitimidad a las sociedades modernas.
Bajo esta interpretación, el Design Thinking podría entenderse como uno de los grandes
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mythos organizacionales actuales: normalizado, técnicamente sofisticado y reconocido
institucionalmente, pero sustentado parcialmente en promesas universalizantes difíciles de
demostrar plenamente desde el logos científico clásico.
La confrontación entonces entre ambas perspectivas revela que el debate sobre el
Design Thinking no se limita a determinar si la metodología funciona o no, facilita también
comprender desde qué criterios epistemológicos se legitima su validez. Mientras los enfoques
pragmáticos privilegian utilidad, adaptabilidad e innovación aplicada, las perspectivas críticas
advierten que la eficacia instrumental no necesariamente equivale a solidez epistemológica. En
consecuencia, el Design Thinking aparece situado en una tensión permanente entre
racionalidad metodológica y legitimación simbólica, entre logos operativo y mythos
contemporáneo.
Problematización ontológica del Design Thinking
s allá de las discusiones metodológicas y epistemológicas, el Design Thinking
también plantea importantes interrogantes ontológicos relacionados con la concepción de
realidad, ser humano y organización que subyacen a sus fundamentos. En términos
ontológicos, toda metodología presupone implícitamente una determinada manera de
comprender el mundo, los problemas y las posibilidades de transformación de la realidad. En el
caso del Design Thinking, gran parte de su estructura conceptual parece sustentarse en la idea
de que los femenos organizacionales, sociales e incluso humanos pueden abordarse como
problemas susceptibles de intervención, rediseño y solución mediante inventiva, validación
experimental e innovación.
Desde esta mirada, nace una primera tensión ontológica: la tendencia del Design
Thinking a interpretar la realidad como un conjunto de problemas gestionables y transformables
a través de procesos metodológicos relativamente estandarizados. Buchanan (1992) defiende
esta aproximación al sostener que el diseño de pensamiento constituye una herramienta
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pertinente para abordar los wicked problems modernos. Sin embargo, Lee (2021) advierte que
esta lógica puede reducir la complejidad estructural de los fenómenos humanos a dinámicas
simplificadas de intervención y solución rápida, privilegiando acción y funcionalidad sobre
comprensión profunda de las condiciones conductuales y coyunturales que producen dichos
problemas.
Ontológicamente, el Design Thinking también parece sustentarse en una visión del ser
humano como agente creativo, adaptable y permanentemente innovador. Aunque esta
perspectiva fortalece la colaboración y la creatividad organizacional, simultáneamente corre el
riesgo de romantizar la innovación como condición natural y universal de la experiencia
humana. Barthes (1957) permite interpretar esta situación como parte de un mito
contemporáneo donde el proceso de innovación es universalizado como valores
inherentemente positivos e incuestionables dentro de las organizaciones y la sociedad. De
manera complementaria, Blumenberg (1979) sostiene que las sociedades modernas
reemplazan antiguos sistemas míticos por nuevos relatos racionalizados capaces de otorgar
sentido colectivo. Bajo esta perspectiva, el Design Thinking podría entenderse como una
ontología contemporánea de la innovación, donde la realidad aparece permanentemente
susceptible de rediseño, optimización y transformación metodológica.
Desde el pensamiento complejo, Morin (1990) cuestiona precisamente las visiones
reduccionistas de la realidad y advierte que los fenómenos humanos no pueden comprenderse
únicamente desde racionalidades instrumentales o funcionales. Aplicado al Design Thinking,
esto implica reconocer que muchos problemas sociales y organizacionales no son
completamente resolubles mediante creatividad metodológica, debido a que involucran
contradicciones estructurales, relaciones de poder, dimensiones culturales y conflictos
históricos imposibles de simplificar dentro de procesos lineales de innovación. Por lo tanto, la
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complejidad ontológica de la realidad supera frecuentemente las promesas implícitas de
adaptabilidad y transformación universal presentes en algunos discursos del Design Thinking.
De igual forma, desde la epistemología crítica y la filosoa del mito, Cortazar Vega
(2023) y Kuhn (1962) permiten comprender que las formas contemporáneas de producción de
conocimiento no eliminan completamente componentes simbólicos y narrativos. Esto significa
que el Design Thinking no solo actúa como metodología, también lo hace bajo una estructura
ontológica que moldea la manera en que organizaciones y sujetos comprenden la realidad, la
innovación y el cambio institucional. En este sentido, el riesgo ontológico del Design Thinking
radica en asumir que toda realidad puede ser intervenida, optimizada o rediseñada mediante
metodologías creativas, invisibilizando límites históricos, éticos, políticos y humanos que no
siempre son susceptibles de solución metodológica.
En consecuencia, la problematización ontológica permite ampliar la crítica filosófica del
Design Thinking más allá de su eficacia instrumental. El debate entonces no consiste
únicamente en determinar si la metodología produce innovación, lo extiende a cuestionar q
concepción de realidad construye, qué tipo de sujeto promueve y bajo qué supuestos
ontológicos entiende la transformación social y organizacional contemporánea.
La síntesis dialéctica surge al reconocer que el Design Thinking puede ser
simultáneamente una metodoloa útil y un mito racional moderno. En este sentido, el mito no
debe entenderse necesariamente como falsedad, debe ser una narrativa legitimadora capaz de
movilizar actores, recursos y significados colectivos. Barthes (1957) sostiene que el mito
moderno naturaliza discursos e ideas dentro de la sociedad, mientras que Blumenberg (1979)
argumenta que la modernidad reemplaza antiguos mitos religiosos por nuevos mitos
estructurados. Bajo esta orilla, el Design Thinking adquiere legitimidad mediante universidades,
consultoras, revistas académicas, empresas tecnológicas y empresas públicas que lo
presentan como símbolo contemporáneo de innovación y transformación organizacional.
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Morin (1990) bajo la mirada compleja permite comprender que los problemas
organizacionales contemporáneos no pueden abordarse desde visiones lineales. El Design
Thinking resulta pertinente únicamente cuando reconoce la multidimensionalidad de los
fenómenos humanos, culturales, tecnológicos y económicos. Baldassarre et al. (2024)
coinciden en esta necesidad al proponer un Responsible Design Thinking orientado hacia
sostenibilidad, ética e innovación responsable. De manera similar, Rösch et al. (2023)
sostienen que los resultados del Design Thinking dependen de factores contextuales, culturales
y organizacionales, lo que impide asumirlo como una metodología universalmente efectiva.
Desde una perspectiva interpretativa, Kuhn (1962) aporta elementos fundacionales al
señalar que los paradigmas científicos funcionan como estructuras compartidas de
interpretación y universalidad del logos. En este sentido, el Design Thinking puede entenderse
como un paradigma emergente de innovación organizacional que estructuras prácticas,
discursos y formas de intervención actualizadas. No obstante, Kuhn advierte que los
paradigmas pueden mantenerse vigentes por legitimidad institucional y consenso social más
que por demostración absoluta de superioridad científica. Esta situación se articula con los
planteamientos de Elsbach y Stigliani (2018), quienes muestran cómo el Design Thinking
influye en culturas organizacionales, promoviendo identidades colaborativas y narrativas de
innovación que fortalecen su legitimación simbólica.
Cortazar Vega (2023) desde la hermenéutica facilita interpretar que el pensamiento
racional nunca elimina completamente el mito, sino que lo reorganiza bajo nuevas formas
discursivas eficaces. En consecuencia, el Design Thinking podría interpretarse como una
manifestación contemporánea del tránsito entre mythos y logos, donde la racionalidad
metodológica convive con estructuras simbólicas que prometen ingenio, transformación y
flexibilidad frente a escenarios de incertidumbre organizacional.
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En el ámbito educativo y social, Fitriyah et al. (2025), McLaughlin et al. (2019) y
Alvarado (2025) evidencian que el Design Thinking ha sido incorporado progresivamente como
metodología activa de enseñanza y aprendizaje. No obstante, estos estudios también señalan
la necesidad de fortalecer la evaluación empírica de sus impactos reales y evitar su adopción
acrítica como tendencia pedagógica global. Esto reafirma que la expansión del Design Thinking
no depende únicamente de resultados verificables, sino también de dinámicas culturales,
institucionales y discursivas que favorecen su aceptación contemporánea, en esencia de poder.
En consecuencia, la aplicación de marcos dialécticos, complejos y críticos permite
concluir que el Design Thinking no debe analizarse exclusivamente desde su eficacia
instrumental, sino también desde las dimicas de legitimación simbólica, construcción
discursiva y producción de conocimiento que acompañan su expansión global. Desde esta
perspectiva, el Design Thinking constituye simultáneamente una metodología práctica de
innovación, un paradigma organizacional emergente y un mito racionalizado contemporáneo
cuya fuerza proviene tanto de sus resultados empíricos como de su capacidad para movilizar
imaginarios colectivos de creatividad, cambio y transformación institucional.
Dimensn ética, social, política y transdisciplinaria del Design Thinking como discurso
racionalizado vigente
La discusión sobre el Design Thinking no puede limitarse únicamente a su dimensión
técnica o metodológica, debido a que su desarrollo global involucra implicaciones éticas,
sociales, políticas y culturales que atraviesan las relaciones entre conocimiento, poder,
innovación y adaptación organizacional. Desde este ángulo, el Design Thinking debe analizarse
también como un fenómeno transdisciplinario que articula simultáneamente ciencia, filosofía y
sociedad.
En la dimensión ética, Baldassarre et al. (2024) sostienen que el Design Thinking
requiere evolucionar hacia enfoques de innovación ética, responsable y sostenible, superando
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visiones exclusivamente orientadas hacia productividad, competitividad o rentabilidad
organizacional. Con lo cual, los autores plantean un Responsible Design Thinking que
incorpore criterios de sostenibilidad, responsabilidad social, participación humana y reflexión
ética dentro de los procesos de innovación. Esta perspectiva se relaciona directamente con
Morin (1990), quien afirma que el pensamiento complejo exige reconocer las consecuencias
transversales de toda acción humana, especialmente en contextos organizacionales y
tecnológicos donde las decisiones impactan simultáneamente dimensiones económicas,
sociales, culturales y ambientales. En este sentido, el Design Thinking solamente puede evitar
convertirse en una narrativa instrumental cuando reconoce la complejidad ética de los
problemas contemporáneos y asume responsabilidad sobre los efectos de sus intervenciones.
Desde la dimensión social, Elsbach y Stigliani (2018) muestran que el Design Thinking
determina de manera relevante en las culturas organizacionales, promoviendo nuevas formas
de trabajo grupal, invención e identidad cognitiva colectiva. No obstante, esta legitimación
cultural también puede convertirse en mecanismo de homogeneización organizacional, donde
determinadas formas de pensar, innovar y trabajar son naturalizadas como universalmente
correctas. De nuevo, Barthes (1957) explica precisamente que el mito moderno opera
naturalizando discursos sociales hasta hacerlos parecer evidentes e incuestionables. Bajo esta
corriente, el Design Thinking puede funcionar como una narrativa social contemporánea que
presenta la innovación colaborativa y la creatividad empresarial como valores universales, aun
cuando dichas prácticas respondan a contextos históricos y económicos específicos.
En el ámbito político, Pettersen y Moldenæs (2022) argumentan que la expansión del
Design Thinking ha sido favorecida por redes de legitimación conformadas por organizaciones
del sector real. Esto implica que la metodología no se difunde únicamente por sus resultados
técnicos, sino también por relaciones de poder institucional y validación simbólica. Kuhn (1962)
aporta elementos centrales para esta interpretación al señalar que los paradigmas científicos
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permanecen vigentes gracias al consenso de comunidades académicas e institucionales que
determinan qconocimientos son considerados válidos y legítimos. Desde esta perspectiva, el
Design Thinking puede entenderse como un paradigma político-organizacional contemporáneo
que estructura formas de intervención, toma de decisiones y gestión institucional bajo discursos
de innovación aplicada, resiliencia y renovación.
De igual manera, Lee (2021) advierte que muchas organizaciones utilizan el Design
Thinking como discurso acreditado de modernización e innovación sin cuestionar las
estructuras de desigualdad, jerarquía o poder presentes dentro de las instituciones. Esto
permite comprender que el Design Thinking no es políticamente neutro, debido a que puede
funcionar tanto como herramienta emancipadora de creatividad colectiva como mecanismo de
reproducción de modelos gerenciales dominantes. Desde esta mirada disidente, el debate
epistemológico no se reduce a determinar si el Design Thinking funciona, se trata en ciernes de
identificar también quién legitima sus prácticas, qué intereses moviliza y cuáles actores sociales
se benefician de su expansión global.
La dimensión transdisciplinaria brota cuando el Design Thinking articula conocimientos
provenientes de la ingeniería, administración, psicología, sociología, filosofía, educación y
ciencias del diseño. Micheli et al. (2019) sostienen que el concepto ha evolucionado
precisamente gracias a esta convergencia interdisciplinaria, aunque también reconocen que
dicha expansión ha generado dispersión conceptual y ambigüedad epistemogica. De manera
complementaria, McLaughlin et al. (2019), Fitriyah et al. (2025) y Alvarado (2025) muestran
cómo el Design Thinking ha trascendido el ámbito empresarial para incorporarse en educación,
salud y formación profesional, consolidándose como metodología activa de aprendizaje y
resolución de problemas multifactoriales.
Desde la filosofía del conocimiento, Cortazar Vega (2023) aporta otra comprensión
hermenéutica relevante al afirmar que el pensamiento racional complementa el discurso
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socialmente aceptado, además lo construye y reconstruye mediante nuevas formas de
interpretación. Esto permite colegir al Design Thinking como otra manifestación actual de la
transición entre mythos y logos, donde la racionalidad metodológica convive con estructuras
simbólicas de innovación y transformación social. Bajo esta perspectiva, el Design Thinking
articula simultáneamente ciencia, filosofía y sociedad porque combina racionalidad técnica,
respaldo institucional, narrativas culturales y expectativas colectivas de progreso
organizacional.
De manera similar, Mendoza-Betin (2021) evidencia emricamente cómo metodologías
asociadas al Design Thinking pueden fortalecer resiliencia organizacional, creatividad colectiva
y adaptación institucional en contextos reales de crisis. No obstante, estos resultados también
reflejan que la efectividad de la metodología depende profundamente de factores humanos,
culturales y contextuales, lo que reafirma las posturas de Morin (1990), Rösch et al. (2023) y
Verganti et al. (2021) respecto a la imposibilidad de asumir el Design Thinking como solución
universal para todos los escenarios organizacionales y sociales.
En resumen, la incorporación de dimensiones éticas, sociales, políticas y
transdisciplinarias facilita comprender que el Design Thinking constituye mucho más que una
metodología de innovación. Se configura como un fenómeno complejo de producción de
conocimiento, validez institucional y construcción simbólica que conecta racionalidad científica,
filosofía contemporánea y dinámicas sociales de poder. Desde esta orilla entonces, su análisis
exige enfoques hermenéuticos, multidimensionales y analiticos capaces de interpretar
simultáneamente sus aportes prácticos, sus límites epistemológicos y su función como mito
racionalizado contemponeo dentro de la sociedad del conocimiento.
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CONCLUSIONES
El análisis desarrollado permite concluir que el Design Thinking trasciende ampliamente
la condición de simple metodología de innovación. Su consolidación global evidencia que opera
simultáneamente como herramienta organizacional, paradigma contemporáneo de gestión y
estructura simbólica valida dentro de la sociedad del conocimiento. Aunque múltiples
investigaciones reconocen su capacidad para estimular creatividad, resiliencia organizacional,
trabajo colaborativo, aprendizaje activo e innovación institucional (Brown, 2008; Liedtka, 2018;
Mendoza-Betin, 2021; Mayer & Schwemmle, 2024), dichas contribuciones no resultan
suficientes para otorgarle automáticamente el estatus de construcción epistemológica sólida,
universal o plenamente sustentada desde el logos científico.
Desde mi posición epistemológica como investigador, el Design Thinking debe
entenderse fundamentalmente como un mito sistematizado vigente. No se trata
necesariamente de una falsedad absoluta ni de una metodología inútil; por el contrario, posee
valor operativo, creativo y adaptativo dentro de determinados contextos organizacionales y
educativos. Sin embargo, su desarrollo global ha estado impulsado más por dinámicas de
aprobación institucional, discursos de innovación, tendencias gerenciales y redes de poder
académico-corporativas que por una demostración epistemológica robusta, universal y
consistente. En este sentido, coincido con Pettersen y Moldenæs (2022), Barthes (1957) y
Blumenberg (1979) al considerar que el Design Thinking funciona como una narrativa
contemporánea que naturaliza determinadas formas de innovación y gestión hasta convertirlas
en aparentes verdades universales.
El principal problema epistemológico del Design Thinking radica en que privilegia la
acción, la experimentación rápida, el prototipado y la solución inmediata de problemas, pero
frecuentemente descuida la profundidad ontológica, epistemológica y crítica necesaria para
comprender la complejidad estructural de los fenómenos sociales y organizacionales. En otras
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palabras, facilita creatividad e innovación, pero carece parcialmente de logos en el sentido
filosófico clásico: una racionalidad crítica, sistemática, demostrativa y reflexiva capaz de
fundamentar sólidamente sus principios, límites y alcances. Frecuentemente, el Design
Thinking se presenta como respuesta universal antes de preguntarse críticamente por la
naturaleza del problema, las relaciones de poder involucradas, los contextos históricos y las
consecuencias éticas de sus intervenciones.
Desde esta mirada, el Design Thinking corre el riesgo de convertirse en una forma
contemporánea de solucionismo organizacional, donde la creatividad es romantizada y la
innovación es asumida como valor absoluto sin suficiente problematización filosófica o política.
Tal como advierten Lee (2021), Micheli et al. (2019) y Verganti et al. (2021), existe una
tendencia a simplificar fenómenos complejos mediante herramientas metodológicas atractivas,
visuales y colaborativas que, aunque funcionales en ciertos escenarios, no necesariamente
producen conocimiento científico profundo ni explicaciones estructurales de la realidad.
No obstante, negar completamente el valor del Design Thinking también resultaría
reduccionista. Su verdadero potencial emerge cuando abandona pretensiones universalistas y
se integra críticamente con enfoques complejos, dialécticos, éticos y transdisciplinarios. Bajo
esta lógica, el Design Thinking podría transformarse de mito racionalizado a herramienta
complementaria dentro de procesos investigativos y organizacionaless amplios, siempre
que reconozca sus limitaciones epistemológicas y abandone la pretensión implícita de
constituirse como solución totalizante para la innovación contemporánea.
En consecuencia, el desafío no consiste únicamente en determinar si el Design Thinking
funciona, sino en comprender críticamente qué tipo de conocimiento produce, quién legitima
sus prácticas, qué intereses moviliza y cuáles son sus límites filosóficos, sociales y políticos.
Desde esta postura, el Design Thinking no representa plenamente el triunfo del logos, sino más
bien la consolidación de un nuevo mythos organizacional contemporáneo: racionalizado,
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atractivo, legitimado institucionalmente y funcional para la sociedad de la innovación, pero
epistemológicamente insuficiente para explicar por sí solo la complejidad del conocimiento
humano y de las transformaciones sociales contemporáneas.
Implicaciones para investigaciones futuras
Las discusiones desarrolladas en este ensayo abren múltiples posibilidades para futuras
investigaciones filosóficas, epistemológicas, organizacionales y transdisciplinarias sobre el
Design Thinking. En primer lugar, resulta necesario profundizar en estudios empíricos que
evalúen hasta qué punto la legitimación global del Design Thinking responde realmente a
resultados verificables o, por el contrario, a dinámicas contemporáneas de validación
institucional, poder académico y construcción discursiva. Esto permitiría comprender con mayor
claridad la relación entre eficacia metodológica y validación simbólica dentro de los procesos
actuales de innovación organizacional.
De igual manera, futuras investigaciones podrían explorar comparativamente el Design
Thinking frente a otras corrientes gerenciales contemporáneas como Lean Startup,
metodologías ágiles o innovación abierta con el fin de determinar si dichas aproximaciones
también operan como mitos bajo construcciones sociales contemporáneas dentro de la
sociedad del conocimiento. Este tipo de estudios permitiría ampliar el análisis de las narrativas
organizacionales modernas y sus relaciones con estructuras de poder, discursos de innovación
y dinámicas de institucionalización global.
Desde el ámbito ontológico y epistemológico, se requiere profundizar en las
concepciones de ser humano, realidad y transformación social implícitas dentro del Design
Thinking. En particular, resulta pertinente investigar si estas metodologías favorecen
comprensiones reduccionistas de los fenómenos humanos al interpretarlos principalmente
como problemas susceptibles de solución metodológica. Asimismo, futuras investigaciones
podrían analizar críticamente las implicaciones éticas y políticas derivadas de la
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universalización del discurso de innovación, especialmente en contextos educativos, sociales y
gubernamentales.
En el plano transdisciplinario, otra nea relevante consiste en estudiar cómo el Design
Thinking interactúa con enfoques provenientes de la filosofía, sociología, psicología,
complejidad y ciencias políticas para construir nuevas formas de producción y legitimación del
conocimiento. Esto permitiría fortalecer marcos analíticos más integrales capaces de superar
las limitaciones instrumentalistas y pragmáticas identificadas en este ensayo.
Finalmente, futuras investigaciones podrían desarrollar modelos teóricos y
metodológicos que integren pensamiento complejo, epistemología crítica y filosoa del mito
para evaluar otras metodoloas contemporáneas de innovación y gestión. Bajo esta
perspectiva, el presente ensayo no pretende cerrar el debate sobre el Design Thinking, sino
abrir nuevas discusiones académicas sobre los límites epistemológicos, ontológicos y políticos
de las metodologías contemporáneas de innovación dentro de la sociedad global del
conocimiento.
Declaración de conflicto de interés
El autor declara no tener ninn conflicto de interés relacionado con esta investigación.
Declaración de contribución a la autoría
Javier Alfonso Mendoza Betin: conceptualización, análisis formal del estado del arte,
investigación, metodología, administración del proyecto, recursos, software, supervisión,
validación, visualización, redacción del borrador original, revisión y edición de la redacción.
Declaración de uso de inteligencia artificial
El autor declara que utilizo la inteligencia artificial como apoyo para este ensayo, y
también que esta herramienta no sustituye de ninguna manera la tarea o proceso intelectual.
Después de rigurosas revisiones con diferentes herramientas en la que se comprobó que no
existe plagio como constan en las evidencias, el autor manifiesta y reconoce que este trabajo
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fue producto de un trabajo intelectual propio, que no ha sido escrito ni publicado en ninguna
plataforma electrónica o de IA.
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