DOI: https://doi.org/10.71112/qfjfcj18
1986 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
menos, el primero está insatisfecho. Pero como en Freire, el cambio no vendrá del cielo, igual
que el oprimido, debe el esquizofrénico reconocer y salir de su condición en que se le mantiene
como tal. Dejar de ser una máquina productora, consumista o reproductora de conocimientos
transferidos directamente de la escuela.
El “Cuerpo sin órganos” es un concepto limítrofe clave que utilizan los pensadores
franceses para repensar la domesticación del sujeto-cuerpo en el seno del capitalismo
integrado: “El cuerpo sin órganos es lo improductivo (…) Es el cuerpo sin imágenes. El cuerpo
lleno sin órganos pertenece a la antiproducción” (Deleuze y Guattari, 1973, p. 17). Y si “el
capital es el cuerpo sin órganos del capitalista” (Deleuze y Guattari, 1973, p. 19; Santaya, 2020,
p. 99), es porque el capital no ha hecho otra cosa que capitalizar los cuerpos, adocenarlos y
adoctrinarlos, volverlos dóciles, productivos y reproductivos del orden imperante. Se
estandarizan los cuerpos para reproducir un orden deseante y deseable que masifica la
producción del deseo bajo la ideología dominante y las prácticas de la industria cultural.
La sociedad de control busca mantener el orden a raya, sin importar el precio, el fin
justifica los medios. Censurar, impedir hablar realmente, son algunas formas de acallar las
diferencias y disensos siempre latentes: “En un régimen de dominación de conciencias (…) los
dominadores mantienen el monopolio de la palabra, con que mistifican, masifican y dominan”
(Freire, 2005, p. 27). El esquizofrénico, la analfabeta, el inadaptado, el paria, el marginado,
todos los excluidos del orden de reproducción del capital, no tienen derecho a hablar, la
posibilidad de habla y enunciación pone entredicho el orden imperante, amenaza su legalidad
explícita e implícita. O como decía Foucault son destinados a cárceles o centros psiquiátricos.
Empero, siempre hay voces discordantes, murmullos que no cesan de conspirar contra el
orden. La esquizofrenia es la enfermedad del capitalismo, su iatrogenia más letal.
Sólo una educación transformadora, emancipatoria, liberadora, nos libera de la opresión de
vivir encadenados al trabajo, a la salud de pacotilla, al orden socio-técnico, y posibilita la