DOI: https://doi.org/10.71112/2gxn2g74
780 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
estudiantes donde valoran más los repertorios colonizantes más que sus propias
expresiones culturales, influyendo su identidad y la relación con el aprendizaje.
A toda esta posición planteada anteriormente, la autora Catherine Walsh plantea
prácticas “insurgentes de resistir, (re)existir y (re)vivir”, este enfoque busca rescatar los
saberes y expresiones culturales propias originarias. Todo aquello aplicada en la
educación musical, implica reconocer y rescatar músicas originarias, fomentando la
apropiación de la diversidad musical y cuestionando los criterios eurocéntricos. Así
dejaría de ser el aprendizaje una reproducción de categorías o jerarquías coloniales,
convirtiéndose en un espacio de análisis y construcción crítica, donde todos los
estudiantes reconozcan y valoren su identidad cultural.
Nuestra música contemporánea puede como un elemento de control social, en
cuanto la música organiza, conlleva e influye en las emociones comunitarias, afectando
así en las formas y relaciones sociales que tienen. Desde el punto de vista de los
autores Redondo y German (2009), la música no viene vacía, sino forma parte de la
articulación de las culturas que orientan a conllevar y sensibilizar y comportamientos.
En este entendido, sus elementos estructurales de la música juegan un papel
clave y fundamental, como: el ritmo, como señala Schmidi Neumann (1977), está
directamente relacionado con las reacciones motoras del cuerpo, por lo que los ritmos
simples tienden a provocar repetición y pasividad, mientras que los ritmos complejos
pueden estimular un mayor dinamismo y complejidad de la acción.
Asimismo, las notas mayores y menores afectan la construcción emocional.
Sandoval (2024) afirma que la música produce reacciones directas en el estado
emocional y fisiológico, mientras que Mosquera Cabrera (2013) muestra su influencia en
la configuración de las emociones.
Estas características pueden impulsar un estado de ánimo comunitario que,
cuando se repite, afecta la relación entre los estudiantes y refuerza ciertos patrones
sociales. Desde una perspectiva crítica, este análisis destaca la importancia de
descolonizar los aspectos emocionales en la educación musical.