DOI: https://doi.org/10.71112/b4ft5478
120 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 2, 2026, abril-junio
recursos de ingreso son de nivel medio o bajo, y en las cuales se ha presentado un aumento
porcentual en las tasas de matrícula en las últimas décadas, aún persiste de manera notoria, el
problema relacionado con calidad educativa deficiente (Villamil, 2024). Un eje prioritario en las
agendas globales, nacionales y regionales, ha sido la calidad de la educación en el marco de
los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Organismos como la UNESCO y la OCDE coinciden en
que garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad constituye un compromiso
ineludible de los Estados en pro del desarrollo y la formación integral de sus ciudadanos. (ODS
4). El Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (GEM) advierte que los resultados
educativos traen consigo un gran énfasis que se evidencia en desigualdades significativas,
estrechamente vinculadas a la distribución inequitativa de docentes calificados, que tiende a
favorecer a los contextos urbanos y socialmente más aventajados, sobre los entornos rurales y
de pobreza. (UNESCO, 2020).
La equidad educativa no puede entenderse como la obtención de resultados
homogéneos, sino como la garantía de que las historias personales de los estudiantes no estén
determinadas por el origen social, económico o geográfico de ellos, sino por el deseo constante
de ofrecer una educación de calidad, pero para ello se necesita de una formación continua de
sus docentes, (Meléndez, 2012). Evaluaciones internacionales como PISA han evidenciado que
las diferencias socioeconómicas explican brechas de hasta 88 puntos en el rendimiento
académico entre poblaciones de contextos urbanos con poblaciones en condiciones de
marginalidad, lo que equivale aproximadamente a tres años de escolarización y pone de relieve
la urgencia de implementar estrategias orientadas a la reducción del rezago y la gran brecha de
desigualdad e inequidad educativa (Shkoynig, 2023).
La brecha anteriormente mencionada, se profundiza de manera especial en contextos
de pobreza y ruralidad, donde la finalización de la educación secundaria resulta hasta 3,3
veces más difícil para estos jóvenes rurales que para sus pares de contextos urbanos. Si bien