DOI: https://doi.org/10.71112/keck4g08
2126 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 1, 2026, enero-marzo
proporciones significativas, aunque con menor visibilidad estadística (UNICEF, 2014). En
América Latina y el Caribe, la violencia sexual contra menores se encuentra entre las formas de
violencia más extendidas, con tasas que superan ampliamente los promedios globales (Pan
American Health Organization, 2017). La región presenta factores estructurales que
incrementan la vulnerabilidad de la niñez, como desigualdad social, patrones culturales
patriarcales, debilidad institucional y limitada capacidad de respuesta estatal.
En Paraguay, los datos oficiales muestran una situación crítica. Entre 2019 y 2024, la
Oficina de Estadísticas Judiciales registró 6.279 casos de abuso sexual infantil, lo que equivale
a más de tres denuncias diarias. Informes del Ministerio Público indican que entre enero y
mayo de 2025 se atendieron 1.305 casos, lo que representa entre 8 y 9 víctimas por día. La
Coordinadora por los Derechos de la Infancia y la Adolescencia (CDIA) reportó que en 2024 se
registraron 3.521 víctimas, equivalente a una víctima cada dos horas y media. Estas cifras
evidencian que el abuso sexual infantil en Paraguay no es un fenómeno aislado, sino un
problema estructural y persistente.
Un aspecto crítico es la relación entre víctima y agresor. En Paraguay,
aproximadamente el 80% de los casos ocurre dentro del entorno familiar, lo que coincide con
tendencias globales, pero adquiere especial gravedad en un contexto donde las redes de
protección institucional son limitadas. La OMS señala que la violencia sexual intrafamiliar es
una de las formas más difíciles de detectar debido al silencio impuesto por dinámicas de poder,
dependencia económica y emocional, y miedo a represalias (World Health Organization, 2016).
En Paraguay, la CDIA destaca que miles de niñas, niños y adolescentes continúan enfrentando
situaciones de abuso sexual “muchas veces dentro de sus propios hogares”, lo que dificulta la
denuncia y prolonga la exposición al agresor.
La detección del abuso sexual infantil en Paraguay depende en gran medida de actores
comunitarios. Según datos del Ministerio de la Niñez y la Adolescencia, la vecina es la principal