Forma Descripción generada automáticamente
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Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias
Volumen 3, Número 1, 2026, enero-marzo
DOI: https://doi.org/10.71112/sygvmn35
CAMBIO CLIMÁTICO, MIGRACIÓN INDUCIDA POR EL CLIMA, DESIGUALDAD DE
GÉNERO Y EL IMPERATIVO DE LA REFORMA DE POLÍTICAS: PROTECCIÓN DE
MUJERES Y NIÑAS EN PAÍSES RECEPTORES
CLIMATE CHANGE, CLIMATE-INDUCED MIGRATION, GENDER INEQUALITY AND
THE IMPERATIVE FOR POLICY REFORM: PROTECTING WOMEN AND GIRLS IN
RECEIVING COUNTRIES
Jessica Alejandra Canto Maldonado
María de la Luz Trasfi Mosqueda
Juan Carlos Pernía
México
DOI: https://doi.org/10.71112/sygvmn35
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Cambio climático, migración inducida por el clima, desigualdad de género y el
imperativo de la reforma de políticas: protección de mujeres y niñas en países
receptores
Climate change, climate-induced migration, gender inequality and the imperative
for policy reform: protecting women and girls in receiving countries
Jessica Alejandra Canto Maldonado
jessica.canto@correo.uady.mx
https://orcid.org/0000-0003-4113-8391
Universidad Autónoma de Yucatán
México
María de la Luz Trasfi Mosqueda
luz.trasfi@correo.uady.mx
http://orcid.org/0000-0002-2844-6800
Universidad Autónoma de Yucatán
México
Juan Carlos Pernía
jpernia@ucla.edu.ve
http://orcid.org/0000-0003-2880-8098
Universidad Centroccidental
Venezuela
RESUMEN
En contextos de cambio climático (CC), es fundamental evidenciar, cómo cuestiones
relacionadas con el género, la etnia, aspectos socioeconómicos o de edad, afectan de manera
diferenciada a hombres y a mujeres, de allí que se han impulsado experiencias de investigación
acción participativa en ciudades intermedias de América Latina, que muestran las
particularidades de esta población frente a su situación de vulnerabilidad y resiliencia. Se
analizó la relación entre el CC, la migración forzada y la desigualdad de género, con especial
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atención a la vulnerabilidad de mujeres y niñas. Mediante una revisión sistemática de literatura
e informes de organismos internacionales, se examinan los efectos desproporcionados del CC
en este grupo, como la violencia de género, la trata y la explotación laboral. A pesar de su
papel clave en la adaptación y resiliencia, las mujeres enfrentan barreras estructurales en los
países receptores, como discriminación laboral y sobrecarga de responsabilidades. Se destaca
la urgencia de reformular las políticas migratorias para garantizar justicia climática y derechos
humanos, promoviendo vías seguras y legales para la movilidad femenina.
Palabras clave: derechos humanos; desigualdad de género; desempleo; movilidad climática
ABSTRACT
In the context of Climate Change (CC), it is essential to highlight how issues related to gender,
ethnicity, socioeconomic aspects, or age affect men and women differently. Hence, participatory
action research experiences have been promoted in intermediate cities in Latin America,
showing the particularities of this population in relation to their vulnerability and resilience
situation. The relationship between CC, forced migration, and gender inequality was analyzed,
with special attention to the vulnerability of women and girls. Through a systematic review of
literature and reports from international organizations, the disproportionate effects of CC on this
group are examined, such as gender-based violence, trafficking, and labor exploitation. Despite
their key role in adaptation and resilience, women face structural barriers in the receiving
countries, such as workplace discrimination and overload of responsibilities. It highlights the
urgency of reformulating migration policies to ensure climate justice and human rights,
promoting safe and legal pathways.
Keywords: Human rights; gender inequality; unemployment; climate mobility
Recibido: 29 enero 2026 | Aceptado: 18 febrero 2026 | Publicado: 19 febrero 2026
DOI: https://doi.org/10.71112/sygvmn35
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INTRODUCCIÓN
La movilidad climática humana está ganando terreno en los países en desarrollo, los que
hoy en día se le conocen como “sur global” (Mahler, 2017), este concepto surgió dentro de los
debates sociales de desarrollo y ha sido adaptado a un contexto climático. Es así como, el
Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en
inglés), los han identificado, como los más vulnerables a los efectos del calentamiento global
(CG), por su dependencia de la agricultura a pequeña escala, como principal sustento
económico y la tendencia a sufrir, en mayor intensidad, las consecuencias de fenómenos
climáticos, cada vez más extremos, como inundaciones repentinas y sequías prolongadas (DW,
2019).
Es así como Pande (2023), consideró que la inacción colectiva sobre el colapso climático
refleja en parte que la incapacidad para reconocer que la crisis climática, es de desigualdad y
que la solución está inextricablemente ligada a la política y la economía de esta. Es decir, la
redistribución de ricos a pobres, a nivel nacional o internacional, es una política climática,
siendo probable que, el aumento inadvertidamente de esta sea, menos efectivo, que las
políticas que la reducen intencionalmente.
El énfasis en el «migrante resiliente», ha negado los efectos del CC en las categorías de
la clasificación de personas, según las desigualdades sociales. De allí la importancia de
analizar la evolución de los conceptos en los debates relacionados con el nexo migración, CC y
algunos mecanismos sociales de (re) producción de las desigualdades (Faist, 2018).
Desde 1977, décadas de investigación sobre migración internacional, referidas por
Ahmed, han permitido conocer, que los estratos más pobres de las sociedades son los más
proclives a participar en la migración transfronteriza y que la relación entre la migración
inducida por el cambio CC y las desigualdades sociales asociadas, deben complementarse,
desde una perspectiva en correspondencia con factores socionaturales inherentes.
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Los impactos del CC, así como la exposición de las personas y comunidades a estos
efectos, han causado una alteración de los medios de vida locales, incrementando los niveles
de vulnerabilidad (IPCC, 2021). Las comunidades rurales más pobres, son más vulnerables a
los riesgos del CC, debido a sus bajos ingresos, exposición geográfica, mayor dependencia de
la agricultura familiar de subsistencia y escasez de alternativas para explorar otras formas de
subsistencia, lo que presenta un elevado índice de necesidades básicas insatisfechas,
migración poblacional y alteraciones en los patrones de vida y consumo (Nicholls y Altieri,
2013).
Las comunidades indígenas y étnicas, a pesar de contribuir muy poco al fenómeno del
CG, son las más afectadas y susceptibles de sufrir daños a los cambios, debido a su
dependencia directa de la naturaleza y a las circunstancias que ya enfrentan, tales como la
discriminación, la marginación, la violencia sociopolítica, la pérdida de tierras, los recursos y la
susceptibilidad a las enfermedades (Morales et al., 2025).
En categorías, como el género, la desigualdad no está ausente. La intersección entre
clase y género representa un nexo obvio; las mujeres son particularmente vulnerables, al igual
que los que no tienen tierra, pues la probabilidad de que ellas mueran, en el caso de un
desastre natural, es ocho veces mayor, que la de los hombres (Adeniji, 2011, IPCC, 2014).
En contextos de CC, es fundamental integrar una perspectiva teórica y metodológica,
que evidencie cómo cuestiones relacionadas con el género, la etnia, aspectos socioeconómicos
o de edad, afectan de manera diferenciada a hombres y a mujeres, una iniciativa que ha
impulsado experiencias de investigación acción participativa en ciudades intermedias de
América Latina, generándose evidencias sobre las particularidades de la población frente a su
situación de vulnerabilidad y resiliencia (Vásquez et al., 2018).
Es evidente, cómo las mujeres, y también las niñas, son las más afectadas frente a los
efectos del CC, viviendo experiencias de desigualdad e inequidad en el acceso a recursos, son
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las responsables casi exclusivas del cuidado reproductivo y realizan trabajos precarios, que
provocan precarización y acrecientan la feminización de la pobreza, además que sus entornos
comunitarios, las discriminan y excluyen de la participación y la toma de decisiones (Vásquez et
al., 2018).
Faist (2018), consideró que la migración transfronteriza, es una de las diversas maneras
en que las personas se han adaptado al lento y rápido advenimiento de los cambios
medioambientales del Antropoceno (humanos se han convertido en una fuerza geológica). Las
actividades del hombre han producido consecuencias globales relevantes hacia los
ecosistemas del mundo y con el fin de explorar las desigualdades, se requieren estudios
sistemáticos, acerca de cómo la migración surge a partir de complejas interacciones entre los
procesos sociales (políticos, económicos, culturales) y medioambientales.
Díaz-Cordero (2012), consideró el CC, como un tema obligado en las preocupaciones
de los seres responsables y en la agenda de cualquier gobierno, que es abordado por
estudiosos, como una de las megatendencias de la sociedad posmoderna.
La necesidad de abordar estudios relacionados con la vulnerabilidad desde la dimensión
social y la ambiental, es evidente, para comprender, las causas estructurales que pueden
acrecentar la susceptibilidad entre los diferentes grupos de la población, que enfrentan los
riesgos al CC de manera distinta y tal cual lo señalado por Morales et al. (2025), dependiendo
de varios factores, como el estatus económico, los orígenes étnicos y de raza, las relaciones de
género, la sexualidad, la edad o la situación social en función del contexto.
A pesar de la creciente literatura sobre el tema de la migración por CC y la
vulnerabilidad de mujeres y niñas, antes y durante el proceso de migración, así como las
situaciones por las que pasan, en los países de acogida, está pendiente abordar cómo estos
cambios, en los roles de género y en las maternidades transnacionales, se están llevando a
cabo. Con base al contexto planteado, se realizó esta investigación, la cual se llevó a cabo a
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través de una revisión y análisis de las investigaciones publicadas con el objetivo de lograr, una
mejor comprensión de cómo la problemática migratoria ocasionada por el CC afecta, de
manera desigual a mujeres y niñas, en lo relacionado a vulnerabilidad y resiliencia y a la vez
generar aprendizajes y recomendaciones, políticas y acciones colectivas, que permitan una
respuesta, ante esa situación en el contexto del CC.
METODOLOGÍA
La investigación es de tipo descriptivo, con enfoque cualitativo, a través de la aplicación
de los métodos: fundamental; explicativo, con uso de elementos documentales, archivísticos y
hemerográficos.
Se realizó una revisión sistemática de fuentes secundarias (1984-2025), incluyendo
artículos académicos en bases como JSTOR y SciELO; informes de ACNUR, PNUD e IPCC;
casos de estudio en América Latina, Europa y África. El análisis se centró en el impacto
diferenciado del CC en mujeres y niñas; la eficacia de políticas migratorias actuales y las
propuestas para integrar perspectiva de género. Se seleccionaron, revisaron y analizaron,
fuentes de información, la literatura relevante que abordan temas relacionados con el concepto
de CC, migración forzada y desigualdad de género por crisis climática y la necesidad de
protección de derechos humanos de mujeres y niñas migrantes. Aunado a esto, se consultaron
fuentes secundarias, como artículos académicos e informes de organismos internacionales
(CMCC, CIDH). El análisis de la literatura se enfocó en aspectos que plantean los efectos de la
migración forzada por CC, sobre las mujeres y niñas, evaluando las consecuencias y
planteando las correcciones necesarias en cuanto a respuestas políticas y legales, frente a las
diferencias y limitaciones, especialmente en el tratamiento de féminas, desplazadas por crisis
migratoria forzada, las diferencias y limitaciones, especialmente en el tratamiento de los
refugiados y desplazados.
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RESULTADOS
El concepto de CC ha sido objeto de distintas revisiones. Miller (2007) sostuvo que el
CC global se refiere a las modificaciones en cualquier aspecto del clima del planeta, incluyendo
temperatura, precipitación e intensidad y las rutas de las tormentas. Posteriormente, la
Convención Marco sobre el CC (CMCC), en su artículo, lo definió como un “cambio de clima
atribuido, directa o indirectamente, a la actividad humana, que alteran la composición de la
atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observado durante
períodos de tiempo comparables”.
El Grupo IPCC, consideró que el término CC, denota una modificación en el estado del
clima identificable (mediante análisis estadísticos), a raíz de un cambio en el valor medio y en
la variabilidad de sus propiedades y que persiste, durante un período prolongado,
generalmente cifrado en decenios o más largos.
El Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su informe de
Desarrollo Humano (2007-2008) estableció, que el CC es el problema que determina el
desarrollo humano en esta generación y que minará los esfuerzos que se emprenden en el
ámbito internacional, con el fin de combatir la pobreza. Los modelos climáticos actuales
predijeron un calentamiento mundial de cerca de 1.4-5.8ºC entre 1990 y 2100, proyecciones
que se basaron en un conjunto de hipótesis acerca de las principales fuerzas que dirigen las
emisiones futuras; tales como el crecimiento poblacional y el cambio tecnológico, pero no
parten de la base de que hay que aplicar políticas sobre CC, para reducir las emisiones (Díaz-
Cordero, 2012).
Tanako-Rojas et al. (2025), se refirieron a la teoría de las representaciones sociales,
como una aproximación teórica que permite entender, cómo se elabora el conocimiento sobre
el CC, al salir de la esfera científica e insertase en la cotidianidad de las personas, articulando
con los valores, las creencias y las ideas compartidas por un grupo social en un contexto
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particular. La revisión sobre el tema, que hicieron estos autores, ofreció un amplio panorama de
la riqueza de la teoría para entender el CC, desde una perspectiva socioeducativa.
Ramos-Torre y Callejo-Gallego (2025), consideraron que el CC es un hecho total, que
se genera y se comunica desde el sistema de la ciencia y la concepción de los expertos,
abordando cómo concebir sus incertidumbres características el público (los legos) y según
muestran los datos de la investigación realizada en España, se denominaron dóxicas, a esas
incertidumbres, diferenciándolas de las epistémicas de los expertos; analizando además
algunos de sus aspectos, la forma de enfrentarlas y reducirlas en el discurso lego hegemónico,
que confía en el saber experto y aunado a esto, exploraron las aproximaciones escépticas y
negacionistas, que se contrastan con las resueltamente afirmativas de grupos de jóvenes
activistas.
Que la ciencia disponga de un saber inobjetable sobre el CC, no significa que esa
información esté disponible o sea asimilable, suponiendo que la ciencia del CC existe, aunque
su información no siempre llegue de forma fácil o suficiente al público lego y los argumentos
para dar cuenta de ese déficit de información, son variados. El CC es, ciertamente, un hecho
total, pero, genéticamente, resulta de una elaboración del sistema de la ciencia, que constituye
siempre un punto obligatorio de paso, para alcanzar sus múltiples nodos. Habrá siempre que
atender a las traducciones o a las recreaciones que el CC de los expertos sufra en los otros
nodos de la red total (Ramos-Torre y Callejo- Gallego, 2025).
El primer razonamiento, presentado por Ramos-Torre y Callejo-Gallego (2025)
consideró que los sectores más movilizados, en las luchas medioambientales, sostuvieron que
todo el mundo, si quisiera y buscara, podría estar informado, aunque bien es cierto que, para
lograrlo cumplidamente, el esfuerzo tendría que ser intenso y continuado, siempre quedará
mucho por saber. El segundo, planteó que el saber del CC y la información correspondiente,
necesitan un receptor, con una competencia que no tiene la gente, por lo que ni las cosas, ni lo
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que está pasando, resulta claro; de ahí que, en la práctica, no se saben utilizar los conceptos
expertos o se duda acerca de su significado. El tercero, va más allá y aclara que no se puede
acceder a la información científica, porque los poderosos la ocultan a la gente o porque no
quieren generarla, ya que ni les afecta, ni les interesa, pues se creen a salvo de las catástrofes
que puedan venir.
Es importante, estudiar, los impactos del CC sobre la seguridad alimentaria y las
estrategias de adaptación al país receptor; un tema que debe abordarse, mediante el análisis
de las repercusiones del mismo, sobre los sistemas alimentarios a nivel mundial y proponiendo
tácticas para mitigar sus efectos perjudiciales.
Dentro de un escenario de incrementada susceptibilidad a eventos climáticos extremos,
Minchala-Hidalgo et al. (2025), examinaron cómo la modificación de patrones climáticos, el
incremento de temperaturas y la fluctuación en las precipitaciones, afectaron la producción
agrícola, el acceso a alimentos y la estabilidad de los sistemas alimentarios, adoptando un
enfoque multidimensional, examinando datos a nivel global y local acerca de la correlación
entre el CC y la seguridad alimentaria. Aunado a esto, aseguraron, que las comunidades
rurales, en naciones en vías de desarrollo, afrontan retos considerables para sostener su
acceso a alimentos, por el incremento en los precios y la reducción en los recursos hídricos
disponibles, enfatizando la relevancia de instaurar estrategias de adaptación, que incorporen
tecnologías agrícolas resilientes, como los cultivos resistentes al estrés hídrico y al calor, junto
con políticas orientadas a promover la diversificación de los sistemas productivos, resaltando
las iniciativas locales exitosas, como la rehabilitación de terrenos deteriorados y la
implementación de sistemas de riego eficaces, que han evidenciado su valor en la mitigación
de las repercusiones del CC.
No queda duda alguna, de la amenaza significativa que representan para el hombre, los
desastres naturales ocasionados por el CC, de allí la necesidad de comprender, la complejidad
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de estos eventos climáticos, las consecuencias sociales, económicas y políticas, evidenciadas
en los efectos negativos considerables, sobre la calidad de vida del individuo.
Es así como, el incremento de las temperaturas, la extrema variabilidad climática,
sequías y lluvias intensas, la afectación de los sistemas de producción agrícola, pérdida de los
cultivos, la disminución de la seguridad alimentaria y la movilidad climática humana, motivan a
las familias a migrar, en la búsqueda de oportunidades que mejoren las condiciones de vida,
con menos amenazas o consecuencias sociales, sin embargo, no siempre lo logran,
enfrentándose a nuevos retos y desafíos en las comunidades receptoras, ocasionados por la
sobrepoblación, dificultad para acceder a los servicios públicos o a programas de salud, el no
poder integrarse a la sociedad local, entre otros aspectos, que lo imposibilitan.
Entre las alternativas factibles, para atenuar la amenaza directa de los efectos del CC
para el ser humano y mantener la seguridad alimentaria a nivel mundial, es posible considerar
las estrategias de adaptación, de manera inteligente y sostenible; siendo necesario exhortar a
los responsables en la toma de decisiones, a que se emprendan, de forma inmediata, las
acciones necesarias que aseguren la resiliencia de los sistemas, que aseguren la alimentación,
ante los retos climáticos.
El impacto negativo de las actividades industriales, sociales, naturales y económicas,
sobre el ambiente, son motivo de gran preocupación para la humanidad ya que ocasionan
desastres ambientales o crisis, que afectan el planeta, contaminan los cuerpos de agua, el aire
y el suelo, agotando la capa de ozono, degradando los suelos, destruyendo los bosques,
disminuyendo la biodiversidad e influyendo sobre el CG de la atmosfera; lo que ha hecho que la
migración forzada, sea una práctica común, con lo cual, las familias abandonan la vivienda, sus
enceres, sus familiares, amigos y sus fuentes de ingresos y se marchan fuera de su país de
origen, en busca de nuevas y mejores condiciones de vida, con políticas más propicias, lo cual
muchas veces no resulta fácil, ni se logra, con rapidez, en el espacio que los recibe.
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Pernia et al. (2022), consideraron que las migraciones forzadas ocasionadas por
deterioro ambiental, es un problema global que amerita ser atendido urgentemente, de manera
regional y local, debido al volumen de personas que lo sufren, que no son documentadas y
socialmente diversificadas en cuanto a género y etaria; aunado a esto, es necesario colocar
este nuevo estatus, en la agenda internacional, por sus consecuencias y el número de
personas afectadas, superando la cantidad que escapan por otras razones.
Por su parte, ACNUR (2023), consideró que la migración forzada se ha convertido en un
desafío global, poniendo a prueba la capacidad de los sistemas internacionales de protección
de derechos humanos. Factores como los conflictos armados, la violencia y los desastres
ambientales, han aumentado significativamente el desplazamiento de personas a nivel mundial.
Es así como, los derechos de los migrantes se ven afectados por el incremento del
racismo, de la xenofobia y también el género, factores que representan impedimentos o
barreras que dificultan la implementación de esos derechos y según Betts (2018), en Europa, la
políticas restrictivas se han alimentado de discursos antinmigrantes y en América,
especialmente en los EE.UU, en el caso de América Central y el Caribe, enfrentan un racismo
estructural, que contribuye a la falta de protección efectiva.
El proceso de la migración humana, es complejo y con consecuencias, sociales,
económicas y políticas, así como también, la actitud de los habitantes de las comunidades
receptoras, representan desafíos, ante el temor por sobrepoblación, escases de los recursos y
servicios públicos (salud, educación, servicios, etc.); aunado a esto, dificultosa integración de
los migrantes a una sociedad, con costumbres diferentes y en las cuales, se debe enfrentar, en
algunos casos, una actitud o trato hostil, por parte de esa comunidad que lo recibe.
La incorporación progresiva de las mujeres a los movimientos migratorios
internacionales es evidente, de tal manera que en la actualidad constituyen, casi la mitad del
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total de migrantes (49,6 %) y predominando en los flujos que se dirigen hacia los países
desarrollados (UNFPA, 2006).
En el caso de mujeres y niñas, que han migrado de manera forzosa huyendo de
desastres climáticos ocurridos en sus países de origen, es importante tener una clara visión de
las condiciones en que ocurre esa migración y las complicaciones que ellas enfrentarán
durante el proceso migratorio, solo así se podrá comprender, la importancia de revisar cómo
impacta esta actividad en sus vidas, perdiendo sus viviendas, abandonando su entorno con
muchas deficiencias, así como también, como van a enfrentar la necesidad de adaptarse a
nuevas situaciones, adaptándose con base a los roles que se le asignan, en las comunidades
receptoras.
Por otra parte, el evidente impacto sobre la humanidad y las consecuencias de las
desigualdades de género, son mayores en el caso del grupo poblacional, donde se incluyen,
mujeres y niñas, a las cuales, los efectos negativos de los eventos ocasionados por CC, las
afectan de manera importante, especialmente si vivían en comunidades vulnerables, con una
subsistencia altamente dependiente de los recursos naturales, lo que las obligó, a salir de su
sitio de origen.
La afectación de los desastres por CC, en el caso el caso de mujeres y niñas, se podría
catalogar como desproporcionada a nivel mundial, aun cuando ellas son agentes clave, en la
lucha contra este fenómeno ambiental, sin embargo, habría que considerar que esta
susceptibilidad, a los efectos de la biodegradación ambiental, es consecuencia de las
responsabilidades y tareas, que ellas debe cumplir en el núcleo familiar, las cuales se hacen
cada vez más difíciles, ante la escasez de recursos y la exposición a sequías, inundaciones,
pérdidas de sus viviendas, de cultivos, de fuentes de trabajo, etc., obligándolas a vivir, en
condiciones precarias.
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En el caso de las niñas, como consecuencia de los desastres climáticos en sus países
de origen, abandonan la escuela, lo que limita, de manera radical, la posibilidad de su
formación e incrementando la posibilidad de que se dediquen a las labores del hogar, limitando
que puedan acceder a recursos económicos, superar la pobreza y como consecuencia, tanto
ellas como otras mujeres, sean poco consideradas para la toma de decisiones en el núcleo
familiar, lo que dificulta aún más la adaptación a el nuevo espacio, por la imposición de las
nuevas condiciones ocasionadas por CC.
Las dificultades para la educación, ante los desastres ocasionados por el CC, evita el
acceso a lo que fue considerado por González et al. (2022), como un instrumento fundamental
para formar una ciudadanía capaz de enfrentarse a los desafíos que plantea el CC y adaptarse
a la situación a través del aprendizaje de estrategias de resiliencia, para aprender a distinguir
dónde está la verdad y la mentira.
El enfoque educativo ecosocial, cuyo precedente es la educación ambiental, aborda la
crisis climática y social, integrando metodologías de aprendizaje del alumnado, para que sean
agentes de cambio, con conciencia crítica. El hecho de que las niñas, se vean imposibilitadas
de recibir educación, por no poder asistir a escuelas, impide que se cumpla un acto de “justicia
social”, un modelo que rompe con las desigualdades existentes en los casos de accesos las
instituciones escolares y los responsables de las políticas educativas, el profesorado y los
investigadores, deben contraer un compromiso moral de orientación de la educación, hacia la
equidad y la calidad. En suma, educar para el CC implica prepararse para el desastre, para
minimizarlo a escala local y global y para adaptarse a las consecuencias inevitables, mediante
decisiones informadas sobre la situación imperante con predicciones de un futuro complicado e
inminente. Para ello requeriremos enfoques, metodologías y herramientas que aún no están en
las aulas de forma generalizada. Los objetivos de este nuevo programa pedagógico-ambiental
deben ser, enseñar y aprender a transitar hacia la descarbonización y el decrecimiento;
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aprender a formular planes de contingencia, simulacros de evacuación, alertas tempranas,
ejercicios participativos, mapas de riesgo, investigación basada en evidencias; impulsar buenas
prácticas de responsabilidad socio-ambiental y sentido de autoeficacia y de eficacia colectiva;
manejar la incertidumbre y aprender a preguntar más que a responder, con formación docente,
desarrollo de currículos integrados, materiales didácticos persuasivos y tecnologías ad hoc,
entre otros (González et al., 2020).
En los distintos modelos que explican los movimientos migratorios, las mujeres han sido
ignoradas o vistas únicamente como acompañantes pasivas de sus homólogos masculinos.
Aún en los casos en que se han trasladado por reunificación familiar, se evidencia que, una vez
que están en la sociedad de destino, ellas participan activamente en el mercado de trabajo
(Camacho, 2009). Su concepción ha incidido para que su desplazamiento no sea considerado
como migración económica o laboral, por tanto, para que no se hagan visibles sus aportes en
ese ámbito (Camacho, 2009).
Ellas, las mujeres y niñas asumen un rol activo y protagónico, una vez iniciado el
proceso migratorio, dejando de ser, la simple acompañante de su pareja, de su familia o como
parte de una comunidad. Durante el proceso y al llegar al lugar de destino, se enfrentan a
riesgos y tensiones ocasionadas por las estructuras de poder, las desigualdades de género, la
necesidad de adaptarse a una nueva realidad social, económica y cultural, sin dejar por fuera,
las percepciones que pudiesen tener los habitantes de las comunidades que las reciben y el
impacto que tienen estas, en esas comunidades.
Lo planteado en párrafos anteriores, evidenció la importancia de aportar conocimientos,
que contribuyan a comprender el impacto del fenómeno migratorio sobre las mujeres y niñas,
así como dar lineamientos que representen un aporte valioso a la hora de diseñar políticas
públicas, con el fin de favorecer su bienestar.
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El proceso migratorio, modifica la identidad del individuo, lo que es más evidente, en el
caso de las mujeres. La fusión de identidades culturales, es un aporte valioso, sin embargo,
conlleva al riesgo de una desocialización del individuo, con el alejamiento de su medio social y
en la sociedad de acogida; pierden su dimensión de hombre o mujer de familia y, aunque aún
forman parte de una transnacional, no se dan los procesos de socialización e integración
familiar que lo identifican como tal; trabajan para obtener recursos, destinados a la
manutención de una familia, a la que no ven y de la que no forman parte activamente y por otra
parte, la condición de extranjero, posibilita que pierdan su dimensión de ciudadano o caudatan,
así como el lugar que ocupaban, dentro de la sociedad de origen. El papel de los inmigrantes,
en la sociedad receptora, será cubrir los segmentos laborales, no deseados por los
trabajadores nacionales y si se trata de un individuo en situación irregular, cumplirá la misma
función, pero con mayores perjuicios salariales y en las peores condiciones laborales (Acosta,
2009).
Las mujeres, siempre han formado parte de las migraciones internas e internacionales,
un proceso que inician en apoyo del proyecto migratorio de los hombres de su familia o por
cuestiones económicas, sin embargo, también es posible que lo hagan de forma autónoma, en
busca de mejores condiciones laborales (mayor remuneración, jornadas laborales menos
agotadoras, etc.) y que les permitan garantizar la subsistencia personal y familiar. Es evidente
la necesidad de revisar las causas estructurales y de carácter socioeconómico, detrás de la
movilización de las mujeres, sin dejar de dar importancia a los condicionantes de género, hasta
el final del proceso migratorio.
Ya Benería (1984); Arriagada (1997); Abramo et al. (2001), habían considerado que el
desplazamiento de mujeres, desde países pobres hacia otros, más prósperos, por el motivo
que fuese, tiene una relación, con dos procesos ocurridos en el contexto del desarrollo
capitalista y de la globalización económica: la feminización de la fuerza de trabajo y de la
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pobreza. Es así como se han reportado, la intensificación del trabajo asalariado de las mujeres,
pues tanto en los países del centro como en los de la periferia, se constata su ascendente
incorporación al mercado laboral; a la vez que muestran las múltiples asimetrías y
discriminaciones, que caracterizan su inserción y su participación en el mercado de trabajo.
Una de las consecuencias del proceso migratorio, independientemente de las razones
por las cuales se haya iniciado, es el empobrecimiento de la población, particularmente de las
mujeres, lo que ha exigido su integración al mercado de trabajo y las ha convertido en pieza
clave para la supervivencia de sus hogares. Además, al reducir el gasto social y privatizar los
servicios, como la salud y la educación, se ha transferido esta obligación a las familias,
profundizando la pobreza; sobre todo de los hogares con jefatura femenina, cuyo número es
cada vez mayor en el mundo y en especial, en América Latina (Acosta, 2009).
La característica de la movilización señalada por el INEC (censo 2001) y por Acosta
(2009), demostraron la enorme incorporación de las mujeres a los procesos de migración y
que, su viaje, ya no es solamente siguiendo la ruta de sus maridos, sino que emigran solas o
encabezan el proyecto migratorio familiar, lo hacen como trabajadoras independientes, con
frecuencia, dejan a su familia, en el lugar de origen y pasan a convertirse en una pieza clave de
la subsistencia y del futuro familiar.
En cuanto a fuente de trabajo para las mujeres, Vásconez (2006) destacó que la
contratación en el servicio doméstico es uno de los empleos en los cuales la fuerza laboral
femenina siempre está presente, aunque marcada por la informalidad y los bajos salarios, con
las consecuentes desventajas de inestabilidad, bajas remuneraciones y escasa o ninguna
protección social. Aun bajo estas condiciones, esta situación les permite una cierta flexibilidad
en el uso del tiempo y el cuidado de sus hijos, facilitando el ingreso o permanencia de las
madres, en el mercado laboral, la razón principal que explica, porqué el sector informal, no
representa para las mujeres una transición hacia el formal, sino más bien un mecanismo de
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sobrevivencia, detrás del cual está una aceptación social de la informalidad por sobre el trabajo
en el mercado formal.
Las precarias condiciones a las cuales se enfrentan las mujeres migrantes,
acompañadas o no por su familia, durante y al final del proceso migratorio, se les suma, la
discriminación, la explotación, las políticas restrictivas en los países de acogida, la pérdida de
identidad cultural y el duelo migratorio, lo que afecta su salud mental, especialmente en lo
referente a la hostilidad en los países de acogida, la falta de reconocimiento formal de los
migrantes climáticos, etc. Esta situación, agrava las tensiones, creando barreras que
imposibilitan su integración, dificultando aún más la estabilidad laboral, una realidad con la que
se enfrentan con mucha frecuencia.
Todas las circunstancias descritas en párrafos anteriores y un empleo de bajo salario, le
impiden a la mujer, lograr los objetivos iníciales del proyecto migratorio; sin posibilidades de
ahorrar, de adquirir vivienda propia y tal vez lo más importante, no logra mejorar las
condiciones de vida propias y las de su familia, por lo que salió de su país de origen, lo que
tiene un alto costo emocional y personal (relaciones familiares deterioradas, desmejoras o
limitaciones para el crecimiento o bienestar personal, poco tiempo para compartir con sus hijos,
preocupaciones, deudas, etc.).
Según Acosta (2009), es posible entender las distintas facetas de las causas o
motivaciones de la migración femenina y que se trata de un fenómeno que, en su conjunto y en
la historia particular de cada mujer, tiene múltiples aristas cuya comprensión demanda miradas
integrales y en definitiva, las experiencias recogidas y analizadas, dan cuenta de los costos no
cuantificables o los efectos intangibles de la migración; aquellos que no se contabilizan a la
hora de evaluar los resultados de los desplazamientos humanos, desde una visión
exclusivamente económica o macro estructural.
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El CC y las migraciones, son fenómenos interconectados y se transforman en dinámicas
sociales, económicas y culturales a nivel global, especialmente en las regiones más
vulnerables. Los migrantes y muy especialmente, las mujeres migrantes, ante las situaciones
adversas que se le presentan, pudiesen llegar a pensar en regresar a su país de origen, sin
embargo, se les hace casi que imposible, considerando que, lo que dejaron al salir de su país
de origen, más aún en los casos en que las razones se correspondieron con desastres
ambientales, probablemente esté en peores condiciones y no les garantiza la seguridad
alimentaria, fuentes de empleo, educación para sus hijos, mejores condiciones y que tal vez lo
que consigan sea un mayor deterioro económico, un ordenamiento social, poco conveniente,
una escases de recursos indispensables para el desarrollo, agudizando aún más la situación y
agravaría las tensiones por las que está pasando como migrante.
El análisis de la situación de la mujer migrante y la mejora del proceso de instalación de
estas, en la sociedad que las recibe es un eje importante del tema migratorio, que hay que
enriquecer con iniciativas y estrategias que garanticen los niveles adecuados de sobrevivencia,
de estabilización socioeconómica y/o el establecimiento de vínculos más estrecho, con el
entorno cultural y social de ellas, permitiéndoles mejorar las condiciones de inserción en la
sociedad.
Las dimensiones, trayectoria migratoria, educación, formación y situación laboral,
participación en redes, situación socioeconómica y expectativas de retorno, permiten identificar
la necesidad de un cambio profundo a nivel político, económico, social y de las condiciones
necesarias para mejorar la calidad de vida de niñas y mujeres migrantes, evitando así el grave
deterioro que las acompaña en el país que las acoge y que en muchos casos, la obliga a
buscar otros destinos, lo que representa un largo proceso que deteriora y alarga aún más,
alcanzar las condiciones de vida adecuadas.
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Las mujeres, tanto en las comunidades afrodescendientes como indígenas,
desempeñan papeles importantes en el ámbito reproductivo, productivo y comunitario,
considerándolas, como agentes fundamentales para la subsistencia local, por cuanto cumplen
roles, especialmente las indígenas, en la supervisión y la recolección de agua, en el cuidado de
los miembros de la familia y en la producción de especies menores. Las actividades agrícolas
son apoyadas por las féminas en ambas comunidades, generalmente declaradas como
lideradas por los hombres, tales como fertilización, mantenimiento, cosecha, se encargan de la
limpieza, preparación de alimentos para los hombres o trabajadores durante las jornadas de
trabajo en el campo, preparación de herramientas de caza y pesca, elaboración de artesanías y
transporte de cosecha (Morales et al., 2025).
Es posible señalar, que la combinación de vulnerabilidades estructurales, la
desigualdades de género y la exclusión histórica de la mujer, a pesar del importante rol que
desempeñan en las comunidades indígenas y afrodescendientes, hacen que las características
de la migración forzada por CC, sea más profunda, lo que se complica, aún más, por los
factores que la ocasionaron, como los eventos climáticos extremos, sequías, inundaciones,
huracanes y pérdida de tierras agrícolas, la degradación ambiental progresiva, afectando la
subsistencia, especialmente, en territorios rurales y ancestrales y la falta de políticas de
adaptación en los países de origen, que consideren las realidades culturales y sociales de
estas comunidades.
El impacto específico de los eventos por CC en mujeres indígenas y afrodescendientes,
intensifican sus responsabilidades, no solamente de cuidar el núcleo familiar, sino también el ya
señalado rol reproductivo, productivo y comunitario; la gestión de recursos tales como agua
alimentos, medicamentos, etc., lo que representa una sobrecarga de trabajo, no remunerado y
que además de ese impacto también, se ven afectadas por una mayor exposición a la
violencia de género, durante el desplazamiento, bien sea en estancias temporales o en el
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destino definitivo, con limitaciones en cuanto acceso a recursos y servicio básico, incluyendo a
la salud, educación, una vivienda en la cual se puedan sentir seguras o reconocidas mediante
políticas climáticas y migratorias, como refugiadas climáticas, lo que ocurre con frecuencia en
los países de acogida.
Es así como, las mujeres en el proceso migratorio se ven expuestas a pobreza extrema,
violencia, exclusión, desigualdad, lo que se pudiese incrementarse, adicionalmente por su
condición de refugiadas, por falta de políticas de protección internacional y aunado a esto, por
las barreras que representan el género y el origen étnico.
Es así como Castillo Baltodano et al. (2024), consideraron que, entre las principales
vulnerabilidades sistémicas de mujeres indígenas y afrodescendientes, migrantes, ante las
crisis que enfrentan en los países de destino, se encuentra, la carga desproporcionada de
tareas domésticas en las comunidades que realizan como actividades cotidianas (acarrear
agua, cuidar la higiene, realizar tareas domésticas), con una participación limitada o nula de los
hombres, en estas responsabilidades. Tras el paso de los huracanes o cualquier otro efecto
ocasionado por el CC, estas cargas se ven incrementadas, provocado una mayor
vulnerabilidad, que va desde el acceso de agua donde ellas, especialmente en áreas afectadas
por problemas con conseguirla potable, enfrentan la necesidad de viajar, largas distancias para
obtenerla, hasta la carga desproporcionada de tareas domésticas, como mantener la higiene,
realizar labores domésticas, cuidado, alimentación de los hijos, buscar recursos, etc.
En este sentido, en el caso de la costa del Caribe, norte de Nicaragua, Castillo-
Baltodano et al. (2024) afirmaron que se presenta una compleja realidad de las mujeres
indígenas y afrodescendientes, explorando las repercusiones socioeconómicas derivadas de la
crisis sanitaria, agravada por la incidencia de los huracanes, presentando el análisis
interseccional, profundizando la comprensión del impacto diferenciado de estos estragos en la
vida de estas, identificando las vulnerabilidades sistémicas que enfrentan en contextos de
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crisis, considerando las distintas dimensiones sociales y culturales presentes en la región,
incluyendo diferentes edades. El análisis más completo de cómo la crisis sanitaria y climática
afecta a mujeres indígenas y afrodescendientes en diferentes etapas de la vida y entender
como la variabilidad generacional, pudiese influir en las prioridades, desafíos y estrategias de
afrontamiento, lo que destacó la importancia de considerar la diversidad de experiencias en la
planificación de políticas y programas.
En el estudio precitado, se visualizó una estrecha relación entre el nivel educativo de
las mujeres y la vulnerabilidad socioeconómica, por cuanto, aquellas con niveles educativos
más bajos, enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos bien remunerados y a
servicios básicos como salud y vivienda, pudiéndose reconocer que las vulnerabilidades están
entrelazadas con otras dimensiones de marginalización y discriminación, como género, etnia,
ubicación geográfica y estatus socioeconómico (Castillo-Baltodano et al., 2024); visto de esta
manera, la educación se podría reconocer a la educación, como una ventaja, para la mujer
migrante, lo que podría ayudar a la erradicación de la pobreza y el alcance alcanzar de un
mayor nivel de desarrollo, en un escenario de contextos vulnerables.
Solo un pequeño porcentaje de mujeres encuestadas, en la investigación realizada por
Castillo-Baltodano et al.,2024), reportaron ocupaciones en sectores como educación,
profesionales, comercio formal y administración pública y muchas de estas, están involucradas
en sectores económicos vulnerables, como la pesca, el comercio informal y los servicios
domésticos no remunerados las cuales suelen estar mal remuneradas y carecen de
protecciones laborales, limitando, significativamente sus ingresos mensuales y aunado a esto,
sugieren una posible falta de representación en estos campos o limitaciones en el acceso a
estas oportunidades laborales.
Las discriminaciones de género, desde el punto de vista racial, en el lugar de trabajo,
así como en otros ámbitos sociales, limita las opciones laborales para las mujeres,
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especialmente para las que forman parte de comunidades indígenas y las afrodescendientes,
las cuales tienen que lidiar con los mayores obstáculos, para acceder a oportunidades
económicas equitativas y una distribución igual de los ingresos.
Las causas de la migración forzada pueden ser consideradas como múltiples, sin
embargo, cuando se trata de un desplazamiento por condiciones medioambientales, se
encuentra la compleja causalidad para el empobrecimiento y la migración, misma, incluyéndose
patrones de propiedad de la tierra, divisiones étnicas o proyectos de desarrollo económico.
Tamayo-Vásquez et al. (2025), analizaron la eficacia y limitaciones de los sistemas
internacionales de protección de derechos humanos, ante la crisis de migración forzada,
comparando las respuestas de Europa y América, considerando el incremento de
desplazamientos por ese motivo, por conflictos, persecución y CC. Según estos autores, los
mecanismos internacionales de derechos humanos intentan protegerlos, tanto a migrantes
como a los refugiados; sin embargo, estos sistemas enfrentan desafíos significativos. Estos
autores identificaron logros, como en los casos en que las instituciones internacionales han
intervenido eficazmente, sin embargo, también evidenciaron limitaciones, como la falta de
coordinación y financiamiento adecuado, reduciéndose la capacidad de respuesta, cuando los
flujos migratorios son masivos, dando recomendaciones, para mejorar la cooperación regional
e internacional, fortalecer los marcos legales y operativos de protección; aunque los sistemas
actuales representan logros importantes, se requieren nuevos ajustes y mayores esfuerzos de
cooperación, para enfrentar de manera efectiva, los retos de la migración forzada.
En relación con la implementación de políticas de asilo y refugio, es evidente que
Europa, ha sido más eficaz, que América, aun cuando es posible detectar que enfrenta
limitaciones en la integración de migrantes (Tamayo-Vásquez et al.,2025). En el primer caso, a
pesar de una infraestructura más robusta para el manejo de solicitudes de asilo, la integración
efectiva de los refugiados sigue siendo un desafío, lo que se atribuyó, a la creciente xenofobia y
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a la presión de los sistemas de bienestar social, dificultando que la integración de los migrantes
sea plena. Por su parte, en América, aunque la Convención de Cartagena (1984), amplió el
concepto de refugiado, para incluir víctimas de violencia generalizada, la implementación de
políticas de protección es desigualmente aplicada, especialmente en países como México y en
los países centroamericanos (ACNUR, 1984, Betts, 2018).
La falta de un reconocimiento legal de mujeres y niñas migrantes, una situación que
debería ser obligada, en los casos de migraciones por los desastres consecuencia del CC,
ocasiona barreras y desigualdades cada vez más insuperables, el incremento de la violencia de
género, de la pobreza, un mayor rechazo y exclusión, de allí la necesidad de que los países a
nivel mundial, diseñen marcos legales inclusivos, mediante los cuales se reconozcan el
desplazamiento por causas climáticas y que las incluyan, cuando se formulen estas políticas,
considerando el rol que desempeñan en la comunidad a la cual pertenecen, con un enfoque de
género e interseccionalidad, dejando ver la necesidad del fortalecimiento de la resiliencia
comunitaria y originando una inversión en infraestructura, educación ambiental y soberanía
alimentaria.
El rol de la mujer, en las comunidades, es vital, gracias a su labor es posible
proporcionar y mantener recursos importantes, como el agua, la educación, la salud y la
transmisión de los conocimientos ancestrales a las generaciones futuras, un papel clave, por el
compromiso con las en las actividades productivas y reproductivas; lo que debe quedar
plasmado en los documentos legales, relacionados con las política pública e igualdad de
género.
Fernández-Arguedas et al. (2021), en una investigación relacionada con
“Implementación de los objetivos del pacto mundial para la migración ordenada, segura y
regular en materia de CC y desastres: una propuesta de línea base para Centroamérica”,
diseñaron un sistema de indicadores específicos de cumplimiento a nivel nacional, en materia
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de movilidad humana, en el contexto de desastres y CC, con base a los objetivos dos y cinco
de dicho pacto internacional, adoptado en el 2018, por todos los países del área
centroamericana. Dentro de sus metas contemplaron la necesidad de fortalecer la cooperación
internacional en materia de desplazamiento transfronterizo vinculado a desastres y CC,
identificar los principales avances institucionales a nivel nacional y regional, en materia de
movilidad en ese contexto, incluida la adopción de disposiciones normativas y otras acciones
relevantes, con la aspiración de informar el trabajo de las ‘Redes nacionales de migración de
Naciones Unidas’ y sus procesos de elaboración de informes nacionales de avance en la
implementación de este instrumento internacional.
De esta manera, Fernández-Arguedas et al. (2021), formularon además,
recomendaciones y oportunidades de mejora, para el seguimiento y monitoreo del Pacto
Mundial en Centroamérica, con base en los vacíos identificados como continuar con el diseño y
facilitación de espacios de colaboración y cooperación entre los países del área, para el
intercambio de buenas prácticas y experiencias en la materia y lecciones aprendidas en la
integración de consideraciones sobre migración en políticas y planes sobre CC o bien, los
alcances legales y administrativos, en la creación de categorías migratorias especiales, que
permitirían la admisión y estancia de personas, que han abandonado su país de origen, como
consecuencia de desastres de naturales.
Por su parte, Hierro-Herrero (2022), destacaron que, las personas desplazadas en
contextos de desastres y CC, enfrentan situaciones en las cuales la protección de sus derechos
es insuficiente, lo que explicó, por la inobservancia en la legislación de los motivos climáticos y
ambientales, que inducen al desplazamiento. Este autor, reconoció además los escollos que
contribuyen al lento desarrollo y estudio de la normativa sobre esta materia, por la falta de
evidencia científica que identifique la relación de causalidad entre efectos del CC y
desplazamientos, además del debate sobre la denominación común de este colectivo,
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planteando la necesidad de analizar los potenciales instrumentos que ampararían a las
personas desplazadas, en estos contextos, tanto en el ámbito internacional, como en el
Derecho de la Unión Europea y en el estado español.
El desplazamiento de la población fue identificado por el IPCC como una categoría y
ejemplo de adaptación a los efectos del CC. Considerando, que la primera meta del ODS13
supone, el fortalecimiento de la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos
relacionados con el clima y los desastres naturales en todos los países y si se relaciona con el
ODS10, que contempla entre sus fines, la reducción de las desigualdades en favor de las
poblaciones vulnerables en países que enfrentan crisis humanitarias, los refugiados, los
migrantes y los desplazados, se encuentran especialmente en riesgo de quedar excluidos
(incluyendo obviamente a las mujeres y niñas). Dada la falta de recursos, se enfrentan al CC de
manera más intensa, estas personas se ven forzadas a desplazarse o deciden hacerlo, si
tienen la posibilidad, para mejorar su situación; desde este punto de vista, entre las metas del
ODS10, se incluye facilitar la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y
responsables de las personas, incluso mediante la aplicación de políticas migratorias
planificadas y bien gestionadas (Hierro Herrero, 2022).
Entre las dificultades formales y técnicas del concepto de personas desplazadas, dentro
de los contextos de desastres naturales y CC, Hierro Herrero (2022) recomendó considerar, la
demostración del nexo entre el CC y desplazamientos, reconociendo un obstáculo principal que
es la multicausalidad de factores que lo inducen, más allá de los climáticos y ambientales, con
una consecuencia, en clave jurídica, sin evidencia científica sobre este hecho, de allí la
complejidad de encontrar amparo en las leyes, para estas personas. Por otra parte, los
debates e intentos por desarrollar una denominación común de estos colectivos, han generado
terminología para referirse a las personas desplazadas en este contexto, representando
diversas cuestiones, en cuanto al desarrollo y estudio legislativo sobre la protección de los
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desplazados; ambos escollos contribuyen a la existencia de lagunas jurídicas en la legislación;
un campo de estudio científico, complicado y con incertidumbres, en el que habría que
considerar, el desacuerdo político y académico, que obstaculiza el avance común en el ámbito
internacional, al tiempo que se desarrollan políticas inconsistentes, que abordan el problema de
manera difusa, resultando la inobservancia del fenómeno en la legislación, ocasionando que las
personas desplazadas en estos contextos, se enfrenten a situaciones en las que la protección
de sus derechos, sea limitada o insuficiente.
Las Naciones Unidas deben asegurar los derechos de los migrantes climáticos y
tratarlos como permanentes, así como también, el debate legal sobre ellos, debe tomar en
cuenta la dignidad de cada persona natural con derechos universales, porque estos han sido
compulsivamente empujados por los impactos del CC, fenómeno que no ha sido originado en
su país de origen por ellos (Altamirano, 2014).Por otra parte, según la Organización
Internacional para las Migraciones (OIM, 2014), estos migrantes, son personas o grupos de
personas que, predominantemente por razones de cambio repentino o progresivo en el medio
que afecta su vida o condiciones de vida, se ven obligadas a abandonar sus hogares
habituales, o deciden hacerlo, ya sea de manera temporal o permanente y que se desplazan
dentro o fuera de su país.
La falta de una base legal clara con conceptos, procedimientos y recursos para la
cautela de los derechos humanos de los migrantes climáticos, acentúa su situación de
vulnerabilidad y exclusión en muchos países receptores, lo que puede llevar a situaciones de
explotación laboral, marginación social y exclusión de los servicios básicos. Para evitarlo, se
debe promover la adopción de políticas públicas, que permitan afrontar este desafío de manera
efectiva y justa, reconociendo los derechos de las personas desplazadas (hombres y mujeres),
garantizando su protección y respeto, promoviendo una respuesta coordinada y solidaria de la
comunidad internacional, que permita abordar las causas profundas de los desplazamientos
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ambientales y que contribuya a cautela de los derechos humanos en las políticas, los procesos
y las acciones de mitigación y adaptación al cambio climático en todo el mundo (Martín Soria
Dall’Orso,2024).
Es importante destacar que, aunque todavía hay mucho por hacer en cuanto a políticas
y marcos legales internacionales para abordar el fenómeno de los migrantes climáticos y dar
una respuesta global y coordinada de los países y organismos internacionales, existen avances
y esfuerzos por parte de diferentes actores y aunque si bien no existen medidas políticas
globales para afrontar este desafío, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Refugiados (UNHCR, por sus siglas en inglés) y la OIM, dos organismos globales que estudian
y toman decisiones sobre los refugiados, consideraron que los migrantes climáticos, no tienen
una base legal porque no están reconocidos como tales por las Naciones Unidas, sin embargo,
hoy en día hay, una base fértil en el hecho de que 136 países reconocen, respetan y protegen,
en diferentes modos, el derecho a un ambiente sano. El CC afecta directamente a los derechos
humanos y la justicia climática se está convirtiendo en una fuerza impulsora de la sociedad civil
en todo el mundo; en este marco, una docena de naciones insulares del Pacífico, que enfrentan
el aumento del nivel del mar y tormentas más frecuentes que ponen en peligro sus economías
y su forma de vida, reciben una carga desproporcionada e injusta por esa causa (Martín Soria
Dall’Orso, 2024). En última instancia, se deben diseñar programas globales y regionales que
aborden la cautela de los derechos humanos de las poblaciones impactadas por el CC de
manera justa y equitativa, teniendo en cuenta las cargas desproporcionadas que pueden recaer
sobre los más vulnerables (Robinson, 2008).
Ante los escenarios de CC, la vulnerabilidad de las mujeres y también de las niñas, se
incrementa, al estar en situaciones de exclusión o desigualdad socioeconómica, limitando su
acceso a la propiedad de la tierra, vivienda, educación, salud y participación en la esfera
política, de toma de decisiones y se ven reducidas sus capacidades de adaptación. Es así
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como, el CC, tiene profundas implicaciones en la movilidad humana, haciendo que también, los
niños migrantes, sean especialmente vulnerables, cuando se desplazan en ese contexto, sin
embargo, sus necesidades y aspiraciones, siguen pasando por alto en los debates políticos.
En el 2020, se produjeron 9,8 millones de desplazamientos internos de niños,
relacionados con la degradación ambiental y desastres, por lo general, no siempre a este grupo
de migrantes se les reconoce como vulnerables (OIM, 2022). Estos escenarios de CC,
incrementan la vulnerabilidad de las mujeres, ya que, al estar en situaciones de exclusión o
desigualdad socioeconómica, ven limitado su acceso a la propiedad de la tierra, vivienda,
educación, salud y participación en la esfera política y de toma de decisiones y ven reducidas
sus capacidades de adaptación (Mora y Palacios, 2021).
Los impactos del CC y de los desastres relacionados con el clima pueden aumentar las
dinámicas de desigualdad de género en los hogares, contribuir al acaparamiento de recursos y
a la violencia, como medio para mantener el control. Bajo situaciones posdesastre, las familias
pueden recurrir a algunas prácticas perjudiciales, como el matrimonio infantil. Asimismo, el
estrés y la escasez de recursos, inducidos por el clima, son el detonante de migraciones o
desplazamientos u otros factores, altamente peligrosos, que suelen aumentar la exposición de
las mujeres, los niños, personas LGTBI y así como otras marginadas a la violencia de género,
incluida la trata de personas, además de alterar vidas y medios de subsistencia. Los conflictos
desencadenados o exacerbados por la escasez de recursos, incluidos aquellos debidos a los
efectos de los desastres y el CC, fortalecen las condiciones para que prospere la violencia de
género (Castañeda et al., 2020).
DISCUSIÓN
Los países que reciben migrantes deberían pensar en modificar sus políticas migratorias
y revisar las ganancias que estos representan, por las múltiples funciones que desempeñan y
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que pudiesen resultar como activos económicos y actores sociales. Una vez en el país que los
acoge, son consumidores de los recursos producidos en el mismo, contribuyendo a la
economía, pagan servicios sanitarios, se ven en la obligación de ser ahorrativos y con los
excedente de los sueldos, aun cuando sean bajos, pudiesen aperturar cuentas bancarias; entre
otros beneficios, a cambio de una educación y mejora de las condiciones de vida para sí mismo
y sus hijos, disfrutar de los servicios culturales y, ante la necesidad de percibir un sueldo,
cubren empleos en actividades que no quieren realizar los nacionales, a menudo en
condiciones precarias.
La revisión y modificación de las políticas migratorias de los países, se deben hacer
considerando las consecuencias negativas generadas por el proceso, corrigiendo aquellas que
ocasionan el empobrecimiento, el deterioro de las condiciones de vida de los hogares de los
migrantes, la discriminación de género en el mercado de trabajo, el alto desempleo femenino y
la sobrecarga de responsabilidades que viven las mujeres a raíz de la crisis migratorias, las
mimas razones que las obligaron a salir de sus países de origen en busca de nuevas
oportunidades de trabajo, en el país que las acoge.
En el caso de las mujeres y niñas, los desplazamientos como consecuencia del CC o
por cualquier otro motivo, son obligados y se hacen bajo condiciones de alto riesgo y a
destinos, muchas veces desconocidos, con barreras de costumbres o de idiomas, entre otros
factores y en los cuales, abandonan su rol de actores clave para la construcción de sociedades
resilientes, sufriendo las consecuencias de la discriminación de género, tanto si se trata de un
desplazamiento interno o transfronterizos, lo que no solamente reduce la seguridad alimentaria
y económica, sino que también las hace más vulnerables al estar expuestas a violencia de
género y a pobreza extrema.
El tema de migración inducida por CC y la desigualdad de género hoy en día, sigue
siendo de interés en investigación, es una situación que persiste y existe la necesidad de
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revisar las condiciones en las cuales ocurre, la evolución y el impacto que ocasionan, no
solamente en el país que abandonan (fuga de cerebros, pérdida de mano de obra calificada,
abandono de la familia, etc.), sino también, las consecuencias de llegar a un país desconocido,
con muchas limitaciones, en busca de un empleo, no siempre a disposición o con sueldos no
acordes con sus necesidades, sin acceso a programas de salud, educación, servicios públicos
y en las mayoría de los casos, en condiciones precarias, lo que incrementa la situación de
pobreza, de la cual vienen huyendo.
Ante la nueva situación un vez en el país que las recibe, las mujeres y también las niñas
migrantes, son vulnerables, pasando a ser fácilmente víctimas de abusos, de empleos con muy
bajas remuneraciones, horarios desproporcionados, malos tratos, etc., un tema que debe ser
abordado con empatía, equidad y compromiso, bajo un enfoque integral, considerando la
justicia climática, los derechos humanos y el desarrollo sostenible; aunado a esto, que se
replantee la necesidad de reconocerlas como migrantes climáticos y figuras clave, para la
construcción de un futuro más inclusivo y resiliente, lo que representa un desafío investigativo,
en el cual se incluya, examinar las condiciones de los procesos organizativos, la evolución e
impacto de las dimensiones del proceso migratorio.
La relación entre CC y migraciones, debe revisarse y que los países receptores
adquieran compromisos globales, basados en justicia climática, derechos humanos, políticas
de reconocimiento de la migración climática forzada, como una causal de refugio, que fomenten
de la participación femenina en estrategias de adaptación, garantizando el acceso a educación
para las niñas y un empleo digno para las mujeres. Las profundas desigualdades de género
que estructuran el sistema global, deben ser abordadas con empatía, equidad y compromiso,
con un enfoque integral, en el cual se combine justicia climática, derechos humanos y
desarrollo sostenible, considerando a las mujeres y también a las niñas, como figuras clave
para la construcción de un futuro más inclusivo y resiliente, evitando el impacto significativo
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que las afecta, obligándolas a enfrentar desafíos , debidos a su género, lo que la expone a
violencia de género, a la explotación laboral y la trata de personas.
En países en los cuales se limita a las mujeres y niñas migrantes, a la atención médica,
educación y protección legal, se les expone a la vulnerabilidad, enfrentando discriminación,
exclusión social, barreras para la integración al mercado laboral, aun cuando se les reconoce
como actores de cambio y, en caso de que se tener las oportunidades necesarias, ellas podrían
superar las adversidades y participar, de forma significativa, en el desarrollo de los países de
acogida, evitándose de esa manera que pierdan su identidad cultural, el incremento el duelo
migratorio, la afectación de la salud mental, especialmente en contextos de hostilidad; si a esto
se le suma la falta de reconocimiento formal por ser los migrantes climático, se agravan estas
tensiones y se incrementan las barreras que limitan su integración.
Es esencial, que las naciones del mundo comprendan lo crucial de la implementación de
las políticas y estrategias, que permitan gestionar la movilidad climática de manera efectiva,
segura y justa, en las cuales se plantee la protección de los derechos de los migrantes, muy
especialmente en el caso de las niñas y las mujeres, y asegurando la adaptación en el caso de
desplazamientos de forma temporal o definitiva otras las naciones, con la intención de dejar
atrás las condiciones que ocasionaron la salida del país de origen, ocasionada por los
desastres ambientales asociados con el CC y como consecuencia, la pobreza extrema,
dificultades para acceder a la educación, bien sea la de ellos o la de sus hijos, entre otros
aspectos, es decir se les asegure que el abandonar sus hogares en busca de seguridad y
mejorar sus condiciones de vida, no fue inútil.
La complejidad del impacto del CC como consecuencia de la migración humana, debe
ser entendida por las naciones, por la gravedad de sus consecuencias sociales, económicas y
políticas, que son significativas por los desafíos que deben enfrentar, como la sobrepoblación,
la presión sobre los recursos y los servicios públicos, la integración de los migrantes en la
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sociedad local y que, en el caso de que las políticas de esos países de acogida, sean
restrictivas, inducen al incremento de los flujos migratorios, lo que hace la situación aún más
compleja.
Los países cercanos a aquellos en los cuales ocurren desastres ambientales, deben
pensar en la inminente llegada de desplazados climáticos e implementar políticas que permitan
recibirlos, fortaleciendo las comunidades mediante programas de capacitación de personas, la
mejora de albergues mediante la dotación de los servicio básicos (agua, electricidad,
calefacción), con instalaciones que permitan el acceso, sin inconvenientes, de personas con
discapacidades, en los cuales pudiesen alojarse de manera temporal, hasta que conseguir
otras condiciones. Por otra parte, también es importante, evitar los colapsos por
sobrepoblación, priorizando las poblaciones más vulnerables, trasladándolos a zonas menos
pobladas, involucrándolos a todos (tanto a hombres como mujeres, de forma equitativa), en el
proceso mediante proyectos, con base a sus capacidades, para la mejora de las condiciones.
Es necesario, no solamente la capacitación de las personas ubicadas en las
comunidades del país de acogida de los migrantes climáticos, sino también la sensibilización
de ellos, ante la llegada de estos, de tal manera que las estructuras comunitarias (gobiernos
territoriales y comunales), estén emocionalmente preparados, con un cambio de
comportamiento, sin la idea preconcebida de que los migrantes vienen a competir con los
nativos en materia de empleo, acceso a los servicios y protección social y que las ganancias
van a ser, para sólo para estas personas y para enviar dinero a su familia en dejadas en los
países de origen. Deben recibirlos, sin el temor. Sin pensar que vienen a disminuir las
posibilidades de esa comunidad en cuanto a las fuentes de empleo o que limiten los accesos a
educación, programas de salud, recursos alimenticios o de cualquier otra índole, más bien
acompañándolos en el proceso de adaptación.
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En el caso de las mujeres, especialmente si se tratan de indígenas y afrodescendientes,
las experiencias de vida de ellas ante situaciones de crisis son valiosas y deben ser
aprovechadas por el estado, en los países de acogida. Ellas desde temprana edad,
representan un potencial, como conocedoras de actividades económicas y de protección
ambiental, de allí que se les debe permitir la participación en las estrategias para reducir la
presión que se presenta en las comunidades receptoras, en relación a la clasificación de las
personas en los albergues, organizando actividades que permitan generar recursos
económicos, la gestión de alimentos, de medicinas y salud, la seguridad y el acondicionamiento
se los espacios para las necesidades, con énfasis hacia mujeres y niñas, todo esto con el fin de
fortalecer la resiliencia comunitaria y mejorar la capacidad de respuesta, aunado a esto, se van
a sentir útiles.
CONCLUSIONES
La revisión de literatura realizada permitió conocer, la evolución del concepto de CC y
las consecuencias de la migración forzada, por los desastres ambientales, sobre los migrantes,
con especial énfasis, en las mujeres y las niñas, las más vulnerables, por la discriminación de
género, las limitaciones para conseguir empleo, acceso a la educación, a la salud, a la
seguridad y a los recursos.
La situación de los migrantes por concepto de desastres ambientales amerita hacer un
llamado a los países del mundo, para hacerles entender la necesidad de incluir en las políticas
públicas, la situación de mujeres y niñas, como migrantes climáticas, por las condiciones
adversas en las que se encuentran en sus países de origen y las que se consiguen en el país
receptor una vez que terminan su proceso migratorio. Es una prioridad la promoción de
programas que les faciliten superar las barreras que les limitan el establecimiento en ese país
al cual llegan y aunado a esto, la concientización y la preparación emocional de las personas
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que viven en las comunidades de los países que las acogen, bien sea de manera temporal o
definitiva, para que no las vean como posibles enemigos o competencia en materia de empleo
o como las causales de la disminución de recursos o que van a ocupar sus espacios en
programas de salud, educación o alimentación, sino que, por el contrario, podrían servir de
base para nuevas actividades económicas y de protección ambiental, basándose en las
experiencias vividas por estas, siempre y cuando se les permita su integración laboral, con
equidad.
Es necesario la participación del estado, en los países de acogida y que se aborde el
fenómeno de la migración climática, con empatía, equidad y compromiso, considerándolos
como parte importante para la construcción de un futuro inclusivo, resiliente, mirándolo no
solamente como víctimas del proceso de desplazamiento, sino con un enfoque integral,
combinando justicia climática, derechos humanos y desarrollo sostenible. En los últimos
tiempos, en los crecientes flujos de migración laboral por distintos motivos, han participado
profesionales calificados, lo que representa una fuga o pérdida de personal para el país de
origen, sin embargo, son un beneficio para los países receptores.
Es así como habría que considerar, que la movilidad climática ocasionada por la
desertificación, las sequías, las inundaciones y el incremento del nivel del mar, las amenazas
sobre la desaparición de islas o espacios, han obligado a muchas personas, entre ellas mujeres
y niñas, a abandonar sus tierras agrícolas, empleos, casas, así como otros recursos,
realizando desplazamientos de comunidades enteras, obligándolos a buscar nuevos lugares
para vivir, lo que amerita que se implementen políticas y estrategias, para gestionar la
movilidad climática de manera efectiva y justa, protegiendo los derechos de los migrantes y
asegurando que las comunidades receptoras puedan adaptarse y prosperar, evitando las
situaciones de desamparo en el país de destino.
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Declaración de conflicto de interés
Los autores: Canto; Trasfi y Pernía declaran no tener ningún conflict de interés
relacionado con esta investigación.
Declaración de contribución a la autoría
Jéssica Alejandra Canto Maldonado: investigación, metodología, redacción, revision y
edición de la redacción.
María de la Luz Trasfi Mosqueda: investigación, metodología, redacción, revision y
edición de la redacción.
Juan Carlos Pernía: investigación, metodología, redacción, revision y edición de la
redacción.
Declaración de uso de inteligencia artificial
Los autores no utilizaron inteligencia artificial en ninguna parte del manuscrito.
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