DOI: https://doi.org/10.71112/pkpw7r64
1193 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 1, 2026, enero-marzo
En esa línea, la educación comunitaria se concibe como un bien público y común, como
un derecho colectivo e individual, y como procesos de enseñanza y aprendizajes a lo largo de
la vida que están vinculados a: construcción colectiva de conocimientos y significados desde
los territorios, transmisión intergeneracional de saberes, uso de recursos locales y del entorno
(bibliotecas comunitarias, medios propios, medios digitales, etc.), participación social (toma de
decisiones e involucramiento) y otros componentes. En la educación comunitaria al integrar los
diversos saberes (locales, ancestrales, tradicionales, científico y de otras matrices culturales),
se rompe la suposición de que sólo el conocimiento académico “neutral” es válido; se hace
énfasis en el pluralismo cultural y la creatividad social. En definitiva, la educación comunitaria
propone aprender haciendo en comunidad, incorporando tradiciones, lenguas y prácticas
locales, en modelos educativos alternativos, inclusivos y sostenibles.
Por lo tanto, la educación comunitaria dialoga íntimamente con la interculturalidad
emancipadora o transformadora, propuesta reivindicada por los movimientos, principalmente
los indígenas u originarios y afrodescendientes, para contrarrestar la colonialidad del saber.
Esta interculturalidad, según Walsh (2007) y López (2011), no es sólo reconocimiento de
minorías dentro del sistema vigente (multiculturalismo superficial), sino un proyecto político-
epistémico que transforma las relaciones sociales y cognitivas. Implica construir órdenes
sociales horizontales nuevos y un “imaginario distinto de sociedad” que apunte a la
decolonialidad. En el ámbito educativo, significa promover un pluralismo epistémico real, no
solo lenguas o contenidos diversos de forma simbólica, sino una reforma profunda de
paradigmas. Por ejemplo, los saberes originarios no pueden seguir siendo considerados como
algo folclórico y marginal, deben asumirse como epistemologías legítimas (sistemas de
conocimiento propios) que cuestionan la hegemonía eurocéntrica.
En la práctica, la interculturalidad es la emancipación de los saberes y sujetos
subaltelizados mediante procesos de descolonización del saber y poder; es el reconocimiento y