DOI: https://doi.org/10.71112/mdjb4148
911 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 1, 2026, enero-marzo
En relación con la hipertensión arterial, aunque el 65,7 % de los participantes presentó
cifras normales, el 34,3 % mostró valores elevados, observándose una asociación significativa
con el SM (χ²=37,60; OR=4,38; IC95%: 2,74–6,99; p<0,001). Estudios previos, como los de
Andrade et al. (2022) y Pajuelo et al. (2022), respaldan esta asociación, señalando la presión
arterial elevada como un componente clave en la fisiopatología del SM.
De igual forma, la hiperglucemia o diabetes mellitus tipo 2, evidenció una asociación
robusta con el SM (χ²=35,80; OR=4,01; IC95%: 2,52–6,40; p<0,001), confirmando su papel
como marcador de resistencia a la insulina y disfunción metabólica acumulada. Pajuelo et al.
(2022) confirmaron esta relación, estableciendo una asociación altamente significativa entre
hiperglucemia y diagnóstico de SM.
El análisis permitió identificar una elevada frecuencia de casos compatibles con SM
según criterios IDF, destacándose la obesidad abdominal (162 casos), los triglicéridos elevados
(146 casos) y el colesterol HDL bajo (134 casos). En el perfil lipídico, el 56,1 % presentó
colesterol total elevado, el 66,7 % triglicéridos elevados y el 60,6 % HDL reducido, todos ellos
factores estrechamente vinculados al riesgo cardiovascular (Navia Bueno et al., 2015). Estos
resultados coinciden con lo reportado por León et al. (2024), quien identificó la obesidad
abdominal y las alteraciones lipídicas como los componentes más frecuentes del SM. Además,
se observó que el 43,9 % de los participantes presentó glicemia alterada en ayunas y el 47,8 %
resistencia a la insulina, indicadores claros de disfunción metabólica (Navia Bueno et al., 2015).
En cuanto al estrés percibido, evaluado mediante la Escala de Estrés Percibido (PSS-
14), no se evidenció una asociación estadísticamente significativa (χ²=0,7), resultado que
coincide con lo reportado por Navia Bueno et al. (2015) (p=0,338).
Finalmente, el sedentarismo mostró una asociación significativa con el SM (χ²=45,20;
OR=3,92; IC95%: 2,46–6,25; p<0,001). Este hallazgo concuerda con lo descrito por Navia
Bueno et al. (2015), quienes observaron que los individuos con alta actividad física presentaron