DOI: https://doi.org/10.71112/ac999w59
840 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 1, 2026, enero-marzo
responde a intereses empresariales o ideológicos, sino invitar a una mirada crítica sobre
nuestras propias acciones en el ámbito de la educación.
Definir un problema de investigación por encima de otro, decidir qué contenidos
conformarán nuestro programa de clase, determinar qué institución recibirá mayor o menor
presupuesto educativo o, incluso, omitir ciertos temas en nuestra labor docente, no constituye
únicamente una decisión técnica o administrativa, sino una orientación que guía nuestra
práctica e incide directamente en los sujetos pedagógicos con los que nos relacionamos. Lejos
del carácter moral de “lo bueno” o “lo malo” de las orientaciones que decidimos, la intención es
mostrar que, a partir de nuestras decisiones, estamos tomando partido por una situación.
Muchas veces, debido a la formación recibida en las escuelas, no contemplamos las
diversas mediaciones que intervienen al tomar decisiones y al orientar nuestra práctica. Ya sea
por acción u omisión, toda nuestra labor posee intencionalidad y orientación. En algunas
ocasiones, esta puede estar destinada a erradicar las desigualdades educativas; en otras,
puede manifestarse únicamente en lo didáctico de la práctica; o, en contraposición, existen
orientaciones e intencionalidades que, aun reconociendo las múltiples mediaciones de nuestras
decisiones, promueven prácticas que profundizan las desigualdades sociales. En cualquiera de
estos escenarios, más allá de considerar lo “bueno” o lo “malo”, es necesario reconocer que,
como afirma Puiggrós (2023, p. 158), “las profundidades de la vida social, la diversidad y
pluralidad de las fuerzas sociales no pueden ser ajenas a las preocupaciones del educador”.
Esto pone de manifiesto el carácter político de la educación. Es decir, la orientación e
intencionalidad de nuestra práctica —aunque se realice casi instintivamente— no son neutras,
ya que implican tomar partido frente a determinadas situaciones. ¿Por qué sucede esto?
Porque el sujeto pedagógico se encuentra inmerso en un contexto histórico concreto que, entre
otras cosas, refleja que “las prácticas humanas dependen tanto de la subjetividad de los
actores sociales (su conciencia, sus valores, objetivos, etc.) como del peso de factores de