DOI: https://doi.org/10.71112/487f0s82
54 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 1, 2026, enero-marzo
Más allá de la técnica gastronómica, la propuesta de Guérard articula una filosofía de
creación basada en la ligereza, la salud, la armonía y la eficiencia, valores que anticipan lo que
en la teoría contemporánea se conoce como capacidades dinámicas organizacionales (Teece,
2007; Mendoza-Betín, 2018a). Estas capacidades —detectar oportunidades (sensing),
movilizar recursos (seizing) y transformar estructuras (transforming)— son pilares para explicar
cómo las organizaciones innovan y se regeneran frente a entornos complejos y cambiantes.
Con lo cual, la cocina de Guérard puede ser interpretada como una metáfora funcional del
aprendizaje estratégico y como una práctica organizacional anticipatoria del cambio.
En este sentido, la Grande Cuisine Minceur® no solo representó una ruptura culinaria,
sino una reconfiguración sistémica de procesos, estructuras y significados. Guérard se
comportó como un gestor transformacional —en el sentido de Bass (1985) y Burns (1978)—,
capaz de articular la sensibilidad estética con la eficiencia operativa. Su liderazgo, narrativo y
simbólico, movilizó equipos y redefinió estándares de excelencia, un fenómeno que Mendoza-
Betín (2025e) denomina liderazgo narrativo híbrido, característico de entornos emergentes
donde el relato y la cultura organizacional adquieren poder de transformación.
La pertinencia de esta lectura para América Latina y, en particular, para el Caribe
colombiano, reside en la necesidad de repensar los modelos de gestión desde una
epistemología contextual y creativa. Las organizaciones de la región enfrentan entornos
volátiles, institucionalmente frágiles y culturalmente diversos, que exigen nuevas formas de
adaptación. Desde esta perspectiva, la cocina de Guérard se convierte en un laboratorio de
innovación contextual (Bhaskar, 1998; Mendoza-Betín, 2025f), donde las ideas se prueban, se
ajustan y se transforman en conocimiento colectivo y en ventaja competitiva.
A partir de esa analogía, el presente ensayo plantea que la gestión puede entenderse
como una práctica culinaria del conocimiento: una “gestión-cocina” donde el diseño
organizacional combina método, intuición y sentido estético. Este enfoque sugiere que los