DOI: https://doi.org/10.71112/fg537952
390 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 2, Núm. 3, 2025, julio-septiembre
En la categoría del respeto, los aimaras, reconocen la autonomía de cada persona,
protegen la naturaleza, aceptan la diversidad, respetan las diferencias ideológicas y biológicas;
no se apropian, ni atesoran de lo ajeno. A través del ‘apxata’ (regalo) muestran la capacidad de
cumplimiento y tener ‘palabra’. Los aimaras respetan la familia, al mundo viviente y la
naturaleza, a través de aynuqa y la ch’alla, el wilanchu. Respetan las decisiones colectivas.
Aplican el derecho consuetudinario, “La palabra del hombre”, "chacha arsuña", una categoría
que alcanza lo integro, la rectitud; lo que ellos llaman como chiqapa saranaqaña, es decir, ser
moral y socialmente correcto. Aruntasiña, el saludo, es referente del respeto, a munañani,
jilaqata, ipal mama, ipal tata, mallkunaka, p’iqt’iri, p’iqiña, yatiri y paqu. Las deidades como
Tutukipa. Wak’ani, Llakasapi-K’ilini, son consideradas ídolos en conexión directa con la tierra.
El Apu Pukara, Q’ara qullu, Sapa qullu. Qaluyu, q’ixu q’ixu purita. Estas deidades, generan una
convivencia armónica dentro de la comunidad.
Concordante con el respeto, Calsina (2003) y Medinacelli (2012) identificaron el rito de
la ch’alla como parte de la vida moderna del aimara. También, descrito en (Albó & Layme
1992). Se reafirma con la tesis de (Choque 2017). Y estos, coinciden con la idea de (Uranga
et al., 2016). La ‘ch’alla’, el wilanchu, aytu, luqt’a, son realizado por el yatiri, paqu, jilaqatas.
Esta afirmación, también, es afín con Calsina (2003) donde la ch’alla es una de los rituales más
importantes para solicitar y agradecer a la Pachamama. También, concuerda con Segura
(2006), Paz, (2006) y Morales (2006) donde el mundo andino aimara es una totalidad, hay
familiaridad y conexión hombre-Pachamama. Los sabios son quienes armonizan con la ch’alla,
laphiqaña; como expresión de respeto en la comunidad y la familia. Calsina (2003) señala que
los ritos y pronósticos en el proceso educativo armonizan la comunidad y con el mundo natural.
Por ello, Guevara (2016) exige la incorporación de los valores aimaras por su trascendencia.
Choque (2017) afirma que el valor del respeto en el mundo aimara radica en la convivencia
familiar y comunitaria.